Crucero (XII) Mamá se bebe el semen

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Datos ténicos

Título: Crucero (XII) Mamá Se bebe el semen
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Alina
Actores: Alina, Jesús 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Drama erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al camarote para descansar y así poder ir a pasear por la ciudad de Palermo. Pasamos por delante del casino y por pura casualidad nos cruzamos con los dos chicos que estuvieron con mi madre. Ni tan siquiera los miró, eso me confirmaba que no fingía con su amnesia. De repente se para y mirando al casino dice:  

-¿Jesús, te apetece echar unas partidas a la ruleta?

-No, no quiero terminar el día como lo hicimos esta madrugada.  

Fui tajante, no estaba dispuesto a caer en la misma trampa de la velada anterior. Llegamos al camarote, nos pusimos cómodos y nos dispusimos para ver la televisión y charlar hasta que el sueño nos venciera.  

-¿Jesús, te lo he hecho pasar mal estos días?

-No lo quieras saber mamá. ¡Te has portado mal, muy mal!  

En un momento de lucidez mental, estuvo haciendo preguntas para saber realmente lo que había sucedido. A cada una de mis respuestas hacía gestos de sorpresa. Después de haberle explicado casi en totalidad lo acaecido me sorprende diciendo:  

-¿Jesús, has estado alguna vez con una chica?

-¡Claro mamá! Todos los días en la escuela estoy con muchas chicas.

-No te hagas el tonto Jesús, me refiero a si has practicado el sexo con alguna de ellas.

-¿No crees que eso es una cosa muy íntima?

-¡Sí, lo es! Pero como estamos aquí durmiendo en la misma habitación, y has tenido la ocasión de verme desnuda, ¡quisiera saber algo de tu vida sexual!

-¡Mira por donde! De todo lo que te explicado, nada hacía referencia a la escena que provocaste en el hotel de Marsella.

-¿Fue allí? Ha sido un pensamiento que me ha venido de repente a la cabeza. De todas formas no te hagas el tonto, ¿dime, has estado con alguna chica?

-No mamá, no he estado nunca con ninguna chica, ¿estás contenta? Ahora déjame dormir que estoy muy cansado.  

Tapándome cerré los ojos para intentar dormirme y zafarme de las preguntas tan comprometidas de mi madre. Pero mis intentos por no hablar de sexo fueron en vano. Mi madre no podía dormir y se levantó para ir al cuarto de baño, por a la humedad del aire acondicionado debía tener calor porque se deshizo de la parte superior del pijama quedándose con los senos al aire. Para no variar no cerró la puerta, se colocó frente al espejo y empezó a acariciarse suavemente los pechos como si de una danza erótica se tratara. Aquella escena me provocó una erección que estuvo a punto de hacerme eyacular, ¡mantuve la respiración y pude aguantar! Desde el cuarto de baño y sin dejar de acariciarse dice:  

-¿Jesús, te gustan mis pechos? –Me hice el dormido, no le contesté-

-¡Venga, no seas niño! No disimules que he visto como me mirabas.

Comprobar que tu madre es una egoísta, ludópata, alcohólica, cocainómana, ninfómana y además dispuesta a inducir a su hijo a que practique con ella el incesto. Son muchas emociones para descubrir en unos días y aunque lo estaba deseando, ¡no le contesté!  

-¿Bueno, tú te lo pierdes?  

Con el rabillo del ojo seguí mirando para no perder detalle de lo que hacía. Dirigió sus manos al pantalón corto del pijama y se los deslizó hasta los pies para quitárselos. Se quedó como mi abuela materna la trajo al mundo, se estuvo acariciando durante un buen rato, se giró y apagando la luz de cuarto de baño se desplazó por la habitación en penumbra iluminada solamente por la luz de emergencia, ¡ala, sorpresa! Se acercó a mi cama y se introdujo en ella, dijo:  

-¿Te importa que duerma contigo? Me siento muy sola.  

Puede imaginarse la situación, yo un muchacho con 18 años recién cumplidos y con ninguna experiencia sexual, durmiendo con una mujer que era un monumento, ¡pero que era mi madre!  

Seguí sin contestarle, pero ella seguía insistiendo hasta el punto de decir sin pudor alguno:  

-Si te decides, ¡en el bolso llevo condones! No creas que lo haga por hacerte un favor. Lo hago porque necesito ser penetrada. Si lo haces ten por seguro que me ayudarás más de lo que te imaginas.  

A pesar de las muestras de su continuo egoísmo, sucumbí a sus deseos, mi debilidad y la excitación acumulada hicieron que me levantara y sin decir nada fuera en busca de los preservativos que tenía en el bolso. Ella misma me colocó uno y sin hacer nada de nada, al sentir el tacto de sus manos acariciando mi pene y su aliento sobre mi vientre, ¡tuve una eyaculación precoz! llené el condón de semen. Pensaba que nada más me podía sorprender de mi madre, ¡pero me equivoqué! Fue al minibar, tomo un baso y quitándome el preservativo vació su copioso contenido en él, ¿Qué trataba de hacer? Pronto lo averigüé, de un trago y con aparente placer se trago hasta la última gota de semen como si de un güisqui se tratara, ¡de verla casi vomito!  

-¡Qué cochina eres mamá! –Dije con evidentes signos de enfado-

-¿Cochina por qué? Pero si el semen está riquísimo, ¡mira mi vagina! Por el simple hecho de haberlo tragado ha provocado en mí un orgasmo, ¿quieres tú probar mis mucosas vaginales?  

No pude aguantar más, salí disparado en dirección al váter y allí deposité todo el contenido de mi estómago en varias arcadas, ¡aquello era superior a mí!  

-Jesús, ¡qué rarito eres! Te aseguro que a cualquier hombre, mi ofrecimiento le hubiera sabido a gloria, ¡tú sin embargo vomitas! Venga, date prisa que te pongo el preservativo que necesito ser penetrada.

 

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