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Relato -Vale
Jesús, ¡no te enfades! La verdad que de anoche no me acuerdo de nada.
Tienes razón bebí en exceso, ¡prometo no volver hacerlo! ¿Estás
contento? -Ni
contento ni disgustado, estoy aquí por que tú lo has querido. ¡Por
cierto Alina! ¿Te has fijado que todo el mundo te está mirando? -Sí,
me he dado cuenta. Eso es por envidia, ¡no les hagas caso! Ni
siquiera se inmutó por mis comentarios, ¡al contrario! Se los tomó a
broma, para ella la corta falda y el top que llevaba eran de lo más
normal para una mujer de 38 años. Yo no pensaba lo mismo, resultaba
violento ir junto a ella, pero tuve que hacer de tripas corazón y hacerme
la idea que iba con una amiga que parecía un pendón, ¡de hecho empezaba
a pensar que lo era! -Bueno,
si tú dices que es envidia, y que no te están mirando los muslos y el
bajo vientre, ¡yo me lo creeré! -¡Mira
que eres pejigueras! Cada día te pareces más al pesado de tu padre. ¡Venga,
volvamos al camarote para cambiarme de ropas! Las
cosas no iban por buen camino. Mi madre se mudó de ropa, cambió la
minifalda por un pantalón negro pescador de licra ajustado que cubría
algo más el bajo vientre, pero se dejó el top. ¡Ahora tenía un pase!
Yo pasé a estar contento, ¡y cómo no! Ella enfadada por haberle
insinuado lo que parecía. Sin decir palabra ella andaba ligera delante de
mí. Yo como podía la seguía, es una mujer en forma y aunque soy joven,
me costaba seguirla. Bajamos
del barco con evidentes signos de enfado por parte de ella. Tomamos un
taxi y mi madre lo contrató para que nos enseñara la ciudad. Yo no me
enteraba de nada, pero ella por suerte el francés lo domina a la perfección,
¡no sea mal pensado! Me refiero al idioma que hablaba aquel buen señor.
El primer monumento que visitamos fue -Alina,
¿estás cansada? –No contestó- Era
evidente que seguía enfadada, durante el día me contaba lo que el amable
taxista decía, pero no me dirigió la palabra en ningún momento, ¡eso
no podía seguir así! Tenía que sacar aquella relación del punto muerto
en la que se encontraba, de lo contrario aquel viaje para olvidar, ¡sería
eso, de olvidar! Mi madre se encerró en el cuarto de baño para ducharse
y cambiarse de la ropa sudada de todo el día. Cuando terminó, sin
decirnos palabras entré y me duché rápidamente ya que quería salir a
la cubierta para poder ver el desatraque y la salida del puerto de
Marsella. -¿Alina
bienes a ver como sale el barco del puerto? -No
Jesús, ve tú que yo estoy muy cansada, ¡me echaré a dormir hasta la
hora de la cena! Eran
prácticamente las 8 de la tarde cuando fui nuevamente al camarote para
ver como estaba mi madre. Cuando llegué estaba en la cama tapada hasta el
cuello y completamente dormida, sin lugar a dudas la resaca del día
anterior y el duro día pasado en Marsella, provocaron que estuviera
agotada. Pero no la podía dejar dormir, no era para eso para lo que habíamos
ido de viaje, era para pasarlo lo mejor que pudiéramos. -¿Alina
estás dormida? -No,
ahora no. ¡Tú me has despertado! ¿Qué es lo que quieres? –Dijo
visiblemente cabreada- -Perdona
Alina, pero son las ocho de la tarde y tenemos que ir a cenar. -No
tengo ganas, ve tú solo. Yo me quedo aquí durmiendo. Sin
saber el motivo mi madre se hecho a llorar, ¡estaba confundido! No creo
que fuera por la muerte de mi padre, estaba claro que no había sido feliz
con él. Podía sentir algo de pena, pero de eso a llorar... -¿Qué
te pasa mamá, por qué lloras? -No
me quiere nadie, tu padre no me quería, mi amante se ha marchado y tú me
odias, ¡estoy hundida!
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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