Crucero (II) Se acaricia las bragas

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Datos ténicos

Título: Crucero (II) Se acaricia las bragas
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Alina
Actores: Alina, Jesús 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Drama erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Yo de buenas ganas me hubiera vuelto a Madrid, pero dejé que fuera ella la que decidiese qué hacer. Pensó unos segundos y optó que nos marcháramos a Marsella que era donde hacía el barco su primera escala. Llamó a información del aeropuerto para ver si había algún vuelo, ¡nada! Otra vez la ley de Murphy, pero mi joven y hermosa madre estaba decidida a tomar ese barco fuera como fuera, habló con el conductor del taxi y llegó a un acuerdo, él nos llevaría. Dicho y hecho, a la una de la madrugada estábamos en Marsella. Nos hospedamos en el hotel Tonic ubicado en el puerto viejo. Desde allí tomaríamos un taxi para subir al dichoso barco. ¡Ya no me importaba!  

Estábamos hambrientos, pero Francia, ¡no es España! A esas horas todo estaba cerrado, sólo nos quedaba como alternativa un bocadillo en el bar y a la cama, ¡Estaba agotado! Mas no fuimos a dormir, mi madre es una mujer de las que no hay dos.  

-¿Té apetece ir a bailar? –Dijo-

-¿Qué dices mamá, No te das cuenta que son las dos de la madrugada? Además, guarda un poco de respeto por papá, ¡lo enterramos ayer!

-Lo siento Jesús, pero tu padre, ¡me importa un bledo! Yo me marcho, si tú te quieres quedar, hazlo.  

Dio la media vuelta a su bonito cuerpo, tomó un taxi y se marchó... me quedé con tres palmos de narices. Allí, solo en una habitación de hotel, en un país que no era el mío abandonado a mi suerte por una madre que no sabía serlo. A las tres horas apareció completamente borracha, ni siquiera tuvo la delicadeza de no hacer ruido para no despertarme, ¡le daba igual! Empezaba a saber que mi madre era una persona egoísta que solamente pensaba en ella, me llamó:  

-¿Jesús, estás despierto?

-Sí, ¿Qué es lo que quieres mamá?

-Sobre todo, que no vuelvas a llamarme mamá, ¡llámame Alina! ¿Lo harás?

-Sí mamá, desde ahora te llamaré Alina.  

Se tiró en la cama que había justo al lado de la mía y se quedó profundamente dormida, sin duda alguna había consumido gran cantidad de alcohol. En la posición que estaba pude ver la totalidad de sus muslos y hasta un poco de sus bragas, ¡era excitante para mí! Pero era mi madre, la mujer que me trajo al mundo, tener deseos de ella no era lo adecuado. Le quité los tacones que calzaba, la introduje en la cama y la tapé. Pensando en sus muslos y sus bragas me dormí masturbándome en silencio para que ella no se diera cuenta. Estaba a punto de correrme cuando:  

-Jesús, tengo frío. Ven a mi cama y abrázame. –Pronunció en voz melosa-  

En la situación en la que estaba no podía salir, esperé unos minutos y le hice caso, me acosté junto a ella acurrucado y abrazándola como quería. Su culo hacía presión sobre mi pene otra vez erecto y mis manos cruzadas sobre sus pechos, ¡aquello no podía acabar bien!

Me levanté y fui al cuarto de baño para darme una ducha de agua fría, mi pene y mis testículos se quedaron arrugados y escondidos como si tuvieran miedo, ¡en realidad lo tenían!  

Cuando regresé para volverme a acostar, mi madre estaba completamente destapada y con las piernas abiertas y se estaba acariciando por encima de sus bragas. Mi madre, aunque no una buena madre, nunca se había comportado de una manera tan provocativa, de hecho jamás la había visto en ropa interior, ¿qué le había hecho cambiar? La volví a tapar y me acosté en mi cama, ¡eureka, pude dormir! Nos despertamos a las once de la mañana. No le dije nada, ella nada dijo...  

Desayunamos, pagamos la estancia y salimos para embarcar, no podíamos arriesgarnos a perder nuevamente el dichoso barco. Como era natural mi madre tuvo que hablar con este y con el otro para que nos dejaran subir al barco. Pero después de un cuarto de hora estábamos alojados en nuestro camarote, que por cierto era como si de una habitación de hotel se tratara. Sus ventanas daban al mar, ¡era fantástico! Empezó a gustarme el tan perseguido barco. Nos instalamos y como hasta las 19 horas no salíamos teníamos tiempo para ir de visita a algunos monumentos históricos de Marsella, ¡hicimos turismo!  

Mi madre parecía que tramaba algo, nunca jamás se había exhibido tan ligera de ropas ante mí, aquello me turbaba. Ni que decir tiene que mi corta edad, y los video juegos habían hecho de mí un sujeto falto de experiencia sexual. Se despojo del traje de ejecutiva que llevaba y se quedó en ropa interior, me quedé atónito mirándola.  

-Jesús, voy a ducharme que huelo a tigre. -Dijo dirigiéndome una sonrisa mientras se metía en cuarto de baño-

-Vale Alina, te espero en la sala de lectura.

-¡Qué gracia! ¿Ahora me llamas Alina? –Replicó cerrando la puerta-  

En ese momento no tenía ni la más remota idea de la ubicación de la sala de lectura. Salí del camarote como si me persiguieran, no quería estar allí cuando mi madre saliera de la ducha. Aquella era una situación insólita para mí, así que busque un mapa de distribución de cubiertas hasta encontrar la sala en cuestión. Allí leyendo una revista de informática la esperé. Eran las 12:15 cuando mi madre hizo presencia en la sala, ¡cielos! Iba vestida de una forma que se hacía mirar, todos los ocupantes de la sala se la quedaron mirando como si de una... ¡jolines, parecía una prostituta! Me puse abochornado y no sabía donde meterme, ¡otra sorpresa!  

-Hola Jesús, ¿nos marchamos para ver un poco de Marsella?

-Vale mamá.

-¡Aclárate! Me llamas mamá o me llamas Alina. ¿Tú que prefieres?

-A mí me da igual, te llamo Alina porque anoche me dijiste que te llamara así, ¿ya no te acuerdas? ¡Es normal, venías como una cuba! –le recriminé- Cuando quieras nos marchamos.

 

*-*-*

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