|
Relato Yo
de buenas ganas me hubiera vuelto a Madrid, pero dejé que fuera ella la
que decidiese qué hacer. Pensó unos segundos y optó que nos marcháramos
a Marsella que era donde hacía el barco su primera escala. Llamó a
información del aeropuerto para ver si había algún vuelo, ¡nada! Otra
vez la ley de Murphy, pero mi joven y hermosa madre estaba decidida a
tomar ese barco fuera como fuera, habló con el conductor del taxi y llegó
a un acuerdo, él nos llevaría. Dicho y hecho, a la una de la madrugada
estábamos en Marsella. Nos hospedamos en el hotel Tonic ubicado en el
puerto viejo. Desde allí tomaríamos un taxi para subir al dichoso barco.
¡Ya no me importaba! Estábamos
hambrientos, pero Francia, ¡no es España! A esas horas todo estaba
cerrado, sólo nos quedaba como alternativa un bocadillo en el bar y a la
cama, ¡Estaba agotado! Mas no fuimos a dormir, mi madre es una mujer de
las que no hay dos. -¿Té
apetece ir a bailar? –Dijo- -¿Qué
dices mamá, No te das cuenta que son las dos de la madrugada? Además,
guarda un poco de respeto por papá, ¡lo enterramos ayer! -Lo
siento Jesús, pero tu padre, ¡me importa un bledo! Yo me marcho, si tú
te quieres quedar, hazlo. Dio
la media vuelta a su bonito cuerpo, tomó un taxi y se marchó... me quedé
con tres palmos de narices. Allí, solo en una habitación de hotel, en un
país que no era el mío abandonado a mi suerte por una madre que no sabía
serlo. A las tres horas apareció completamente borracha, ni siquiera tuvo
la delicadeza de no hacer ruido para no despertarme, ¡le daba igual!
Empezaba a saber que mi madre era una persona egoísta que solamente
pensaba en ella, me llamó: -¿Jesús,
estás despierto? -Sí,
¿Qué es lo que quieres mamá? -Sobre
todo, que no vuelvas a llamarme mamá, ¡llámame Alina! ¿Lo harás? -Sí
mamá, desde ahora te llamaré Alina. Se
tiró en la cama que había justo al lado de la mía y se quedó
profundamente dormida, sin duda alguna había consumido gran cantidad de
alcohol. En la posición que estaba pude ver la totalidad de sus muslos y
hasta un poco de sus bragas, ¡era excitante para mí! Pero era mi madre,
la mujer que me trajo al mundo, tener deseos de ella no era lo adecuado.
Le quité los tacones que calzaba, la introduje en la cama y la tapé.
Pensando en sus muslos y sus bragas me dormí masturbándome en silencio
para que ella no se diera cuenta. Estaba a punto de correrme cuando: -Jesús,
tengo frío. Ven a mi cama y abrázame. –Pronunció en voz melosa- En
la situación en la que estaba no podía salir, esperé unos minutos y le
hice caso, me acosté junto a ella acurrucado y abrazándola como quería.
Su culo hacía presión sobre mi pene otra vez erecto y mis manos cruzadas
sobre sus pechos, ¡aquello no podía acabar bien! Me
levanté y fui al cuarto de baño para darme una ducha de agua fría, mi
pene y mis testículos se quedaron arrugados y escondidos como si tuvieran
miedo, ¡en realidad lo tenían! Cuando
regresé para volverme a acostar, mi madre estaba completamente destapada
y con las piernas abiertas y se estaba acariciando por encima de sus
bragas. Mi madre, aunque no una buena madre, nunca se había comportado de
una manera tan provocativa, de hecho jamás la había visto en ropa
interior, ¿qué le había hecho cambiar? La volví a tapar y me acosté
en mi cama, ¡eureka, pude dormir! Nos despertamos a las once de la mañana.
No le dije nada, ella nada dijo... Desayunamos,
pagamos la estancia y salimos para embarcar, no podíamos arriesgarnos a
perder nuevamente el dichoso barco. Como era natural mi madre tuvo que
hablar con este y con el otro para que nos dejaran subir al barco. Pero
después de un cuarto de hora estábamos alojados en nuestro camarote, que
por cierto era como si de una habitación de hotel se tratara. Sus
ventanas daban al mar, ¡era fantástico! Empezó a gustarme el tan
perseguido barco. Nos instalamos y como hasta las 19 horas no salíamos
teníamos tiempo para ir de visita a algunos monumentos históricos de
Marsella, ¡hicimos turismo! Mi
madre parecía que tramaba algo, nunca jamás se había exhibido tan
ligera de ropas ante mí, aquello me turbaba. Ni que decir tiene que mi
corta edad, y los video juegos habían hecho de mí un sujeto falto de
experiencia sexual. Se despojo del traje de ejecutiva que llevaba y se
quedó en ropa interior, me quedé atónito mirándola. -Jesús,
voy a ducharme que huelo a tigre. -Dijo dirigiéndome una sonrisa mientras
se metía en cuarto de baño- -Vale
Alina, te espero en la sala de lectura. -¡Qué
gracia! ¿Ahora me llamas Alina? –Replicó cerrando la puerta- En
ese momento no tenía ni la más remota idea de la ubicación de la sala
de lectura. Salí del camarote como si me persiguieran, no quería estar
allí cuando mi madre saliera de la ducha. Aquella era una situación insólita
para mí, así que busque un mapa de distribución de cubiertas hasta
encontrar la sala en cuestión. Allí leyendo una revista de informática
la esperé. Eran las -Hola
Jesús, ¿nos marchamos para ver un poco de Marsella? -Vale
mamá. -¡Aclárate!
Me llamas mamá o me llamas Alina. ¿Tú que prefieres?
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|