Crucero (I) Pantys de seda

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Datos ténicos

Título: Crucero (I) Pantys de seda
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Alina
Actores: Alina, Jesús 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Drama erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Aquel año no fue unos de los mejores de su vida. Después de 20 años de vivir con el que era mi padre se divorciaron, ¡se les agotó el amor! Algo más de un año duró el papeleo correspondiente al divorcio. Cada uno se marchó por su lado, para rehacer nuevamente sus vidas, me dieron a elegir con quien me iría a vivir, por esas fechas me faltaban algunos meses para cumplir los 18 años. Durante los seis meses siguiente estuve viviendo alternativamente entre la casa de mi padre y la de mi madre, ¡me dejaban vivir mi vida! Vamos, por no decir que se desentendieron de mí por completo, cada uno iba a la suya y no tardaron en buscarse nuevas parejas para encuentros esporádicos. Yo lo entendía, eran dos personas jóvenes en la edad idónea. Ese año, ese fatídico año, mi padre tuvo una depresión y como consecuencia, debido a su derrumbamiento emocional decidió terminar con su vida, ¡pobre, a sus 40 años! Como era natural y lógico, esos días fueron de puro desconcierto, tanto para mi madre como para mí. Mi madre el día que enterrábamos al desdichado de mi progenitor me dijo:  

-Jesús como lo hemos pasado muy mal estos días he pensado que nos iremos de vacaciones. He comprado pasajes para hacer un crucero por el Mediterráneo, ¿qué te parece la idea?

-¿Importa algo? Veo que ya lo has decidido tú mamá.  

Mis relaciones con mi madre no eran del todo cordiales, pero dadas las circunstancias decidí irme de vacaciones con ella. Nos marchamos al día siguiente, ¡por cierto! Día en que yo cumplí los 18 años, ¡bien, ya era mayor de edad! En ese momento podía hacer legalmente lo que me apeteciera, incluso no ir de viaje y quedarme en la casa de mi difunto padre en Madrid. Pero para intentar limar las asperezas con mi madre decidí viajar en avión rumbo a Barcelona, para así embarcar ese mismo día ya que a las siete de la tarde salía el barco en el que haríamos el crucero.  

Mi madre con sus 38 años puedo decirles que es una mujer de las que cuando pasan por tu lado te giras para mirarlas, ¡vamos, es un bombón! Como madre no vale mucho que digamos, pero como mujer, es una mujer diez. Casi siempre viste con pantalones, tiene una figura tan perfecta que les quedan de alucine. Para variar para iniciar nuestro viaje rumbo a Barcelona se vistió como si fuera una ejecutiva, ¡sí, con chaqueta y falda!  

-¿Mamá, como te has vestido así? Pareces que vas a un congreso de medicina, en lugar de aun crucero de placer.

-¡Jesús pareces adivino! Efectivamente, cuando lleguemos a Barcelona tengo una reunión de trabajo, ¡sólo será una hora! Luego nos iremos al puerto y nos instalaremos cómodamente en nuestro camarote del barco, ¡verás, te gustará es precioso!  

Durante el tiempo que duró el viaje en avión no le quité ojos a sus hermosas piernas acariciadas por unos pantys de seda, ¿o eran medias de nylon? La verdad que no entendía mucho de esas prendas que suelen utilizar las mujeres. Lo único que sé es que les quedaban muy bien, ya fueran pantys o medias de nylon o de seda, ¡era lo mismo! Entonces ocurrió, mi madre me miró a los ojos y dijo:  

-¿Jesús, qué miras, te gustan mis piernas?

-La verdad es que sí, casi nunca te he visto vestida así, ¡estás preciosa!  

Yo le estaba diciendo esas palabras y estaba temblando, mi nerviosismo era más que evidente. Tengo poca experiencia en el trato con mujeres, ¡además, era mi madre! Pero si entonces estaba temblando y nervioso, a punto del infarto me puso lo que siguió.  

-Jesús, puedes tocarme el muslo si lo deseas.

-¿Qué dices mamá? ¡Eres mi madre!  

No dije nada más, aunque lo estaba deseando, aparté la mirada de sus piernas y me puse a leer la revista que tenía entre mis manos. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para apartar de mi mente la imagen de mis manos acariciando sus piernas. Todo y así, mi pene por un momento quiso hacer de las suyas, ¡no le dejé! La situación era muy complicada ya que estábamos a punto de salir del avión, ¡habíamos llegado! Recogimos nuestro equipaje y salimos para buscar un taxi que nos llevara hasta la reunión de trabajo. Por un momento quedó pensativa y luego dijo:  

-Jesús, no lo había pensado, pero es un engorro cargar y descargar maletas del taxi, ¿sabes qué? Espera tú aquí en el aeropuerto mientras que yo termino con la reunión, luego vuelvo y nos iremos al puerto, ¿estás de acuerdo?  

Apenas si me dio tiempo a contestar, me dejó allí solo en el aeropuerto durante más de cinco horas, mientras, ella hizo lo que tenía que hacer. Por un momento pensé que me había dejado plantado, no era la primera vez que lo haría. Ya les dije que como madre dejaba mucho que desear, ¡pero era mi madre! Estaba a punto de buscar un pasaje para volverme a Madrid, cuando a mis espaldas oigo:  

-¿Jesús, Jesús dónde vas?

-¡Ya está bien mamá! Pensaba que no venías, me disponía a sacar un pasaje para volverme a Madrid.  

Eran las seis de la tarde, si no nos marchábamos con urgencia para el puerto perderíamos el barco. Y como no podía ser de otra manera, como aquel ingeniero llamado Murphy decía: si algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal. Eso es lo que pasó, encontramos a esa hora gran cantidad de tráfico debido a un accidente, cuando llegamos al puerto el barco que nos tenía que llevar de crucero estaba saliendo del puerto. En el fondo de mi corazón estaba contento ya que la verdad es que no me apetecía encerrarme en una ciudad flotante durante siete días.  

-¡Lo hemos perdido mamá! ¿Ahora qué hacemos?

 

*-*-*

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