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Relato Aquel año no fue unos de los
mejores de su vida. Después de 20 años de vivir con el que era mi padre
se divorciaron, ¡se les agotó el amor! Algo más de un año duró el
papeleo correspondiente al divorcio. Cada uno se marchó por su lado, para
rehacer nuevamente sus vidas, me dieron a elegir con quien me iría a
vivir, por esas fechas me faltaban algunos meses para cumplir los 18 años.
Durante los seis meses siguiente estuve viviendo alternativamente entre la
casa de mi padre y la de mi madre, ¡me dejaban vivir mi vida! Vamos, por
no decir que se desentendieron de mí por completo, cada uno iba a la suya
y no tardaron en buscarse nuevas parejas para encuentros esporádicos. Yo
lo entendía, eran dos personas jóvenes en la edad idónea. Ese año, ese
fatídico año, mi padre tuvo una depresión y como consecuencia, debido a
su derrumbamiento emocional decidió terminar con su vida, ¡pobre, a sus
40 años! Como era natural y lógico, esos días fueron de puro
desconcierto, tanto para mi madre como para mí. Mi madre el día que
enterrábamos al desdichado de mi progenitor me dijo: -Jesús como lo hemos pasado
muy mal estos días he pensado que nos iremos de vacaciones. He comprado
pasajes para hacer un crucero por el Mediterráneo, ¿qué te parece la
idea? -¿Importa algo? Veo que ya lo
has decidido tú mamá. Mis relaciones con mi madre no
eran del todo cordiales, pero dadas las circunstancias decidí irme de
vacaciones con ella. Nos marchamos al día siguiente, ¡por cierto! Día
en que yo cumplí los 18 años, ¡bien, ya era mayor de edad! En ese
momento podía hacer legalmente lo que me apeteciera, incluso no ir de
viaje y quedarme en la casa de mi difunto padre en Madrid. Pero para
intentar limar las asperezas con mi madre decidí viajar en avión rumbo a
Barcelona, para así embarcar ese mismo día ya que a las siete de la tarde salía
el barco en el que haríamos el crucero. Mi madre con sus 38 años
puedo decirles que es una mujer de las que cuando pasan por tu lado te
giras para mirarlas, ¡vamos, es un bombón! Como madre no vale mucho que
digamos, pero como mujer, es una mujer diez. Casi siempre viste con
pantalones, tiene una figura tan perfecta que les quedan de alucine. Para
variar para iniciar nuestro viaje rumbo a Barcelona se vistió como si
fuera una ejecutiva, ¡sí, con chaqueta y falda! -¿Mamá, como te has vestido
así? Pareces que vas a un congreso de medicina, en lugar de aun crucero
de placer. -¡Jesús pareces adivino!
Efectivamente, cuando lleguemos a Barcelona tengo una reunión de trabajo,
¡sólo será una hora! Luego nos iremos al puerto y nos instalaremos cómodamente
en nuestro camarote del barco, ¡verás, te gustará es precioso! Durante el tiempo que duró el
viaje en avión no le quité ojos a sus hermosas piernas acariciadas por
unos pantys de seda, ¿o eran medias de nylon? La verdad que no entendía
mucho de esas prendas que suelen utilizar las mujeres. Lo único que sé
es que les quedaban muy bien, ya fueran pantys o medias de nylon o de
seda, ¡era lo mismo! Entonces ocurrió, mi madre me miró a los ojos y
dijo: -¿Jesús, qué miras, te
gustan mis piernas? -La verdad es que sí, casi
nunca te he visto vestida así, ¡estás preciosa! Yo le estaba diciendo esas
palabras y estaba temblando, mi nerviosismo era más que evidente. Tengo
poca experiencia en el trato con mujeres, ¡además, era mi madre! Pero si
entonces estaba temblando y nervioso, a punto del infarto me puso lo que
siguió. -Jesús, puedes tocarme el
muslo si lo deseas. -¿Qué dices mamá? ¡Eres mi
madre! No dije nada más, aunque lo
estaba deseando, aparté la mirada de sus piernas y me puse a leer la
revista que tenía entre mis manos. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos
para apartar de mi mente la imagen de mis manos acariciando sus piernas.
Todo y así, mi pene por un momento quiso hacer de las suyas, ¡no le dejé!
La situación era muy complicada ya que estábamos a punto de salir del
avión, ¡habíamos llegado! Recogimos nuestro equipaje y salimos para
buscar un taxi que nos llevara hasta la reunión de trabajo. Por un momento quedó
pensativa y luego dijo: -Jesús, no lo había pensado,
pero es un engorro cargar y descargar maletas del taxi, ¿sabes qué?
Espera tú aquí en el aeropuerto mientras que yo termino con la reunión, luego vuelvo y nos iremos al puerto, ¿estás de acuerdo? Apenas si me dio tiempo a
contestar, me dejó allí solo en el aeropuerto durante más de cinco
horas, mientras, ella hizo lo que tenía que hacer. Por un momento pensé
que me había dejado plantado, no era la primera vez que lo haría. Ya les
dije que como madre dejaba mucho que desear, ¡pero era mi madre! Estaba a
punto de buscar un pasaje para volverme a Madrid, cuando a mis espaldas
oigo: -¿Jesús, Jesús dónde vas? -¡Ya está bien mamá!
Pensaba que no venías, me disponía a sacar un pasaje para volverme a
Madrid. Eran las seis de la tarde, si
no nos marchábamos con urgencia para el puerto perderíamos el barco. Y
como no podía ser de otra manera, como aquel ingeniero llamado Murphy decía:
si algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal. Eso es lo que pasó,
encontramos a esa hora gran cantidad de tráfico debido a un accidente,
cuando llegamos al puerto el barco que nos tenía que llevar de crucero
estaba saliendo del puerto. En el fondo de mi corazón estaba contento ya
que la verdad es que no me apetecía encerrarme en una ciudad flotante
durante siete días. -¡Lo hemos perdido mamá! ¿Ahora qué hacemos?
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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