Vieja caliente

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Datos ténicos

Título: Vieja caliente
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Lola
Actores: Lola, Adela, Roberto 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Trama
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Lola la pescadera, es una mujer que vende pescado al por menor en el mercado de San No Sé Quién, en no importa que ciudad y da igual el país. Lola, de mote la “pescadera” es una mujer joven de esas que no se asustan ante nada o nadie. Ayer la vi como al igual que lo hice el jueves pasado en el puesto del mercado donde trabaja. Puesto en el que desde hace más de 20 años me gusta comprar el pescado, ¡aunque tengo servicio, me gusta hacerlo a mí! después de saludarla, comprar unos meros y una lubina, sin venir a cuento como su juventud me excitaba le dije:  

-¿Vienes este fin de semana a montar a caballo?

-¿Tienes caballos? –Dijo Lola guiñándome un ojo-

-Sí, tengo dos. Uno para ti y otro para mí, ¡lo pasaremos bien! ¿Te apuntas?

-¿Cuántos seremos? –Tú y yo, le contesté-

-¡Vale, aprenderé a montar a caballo!  

Todas las mujeres que en ese momento esperaban para ser despachadas nos miraron y se sonrieron, ¡no entendí el motivo! Hasta la dueña de la pescadería que sabía de mis preferencias le echó una mirada que hacía daño. Le di una tarjeta con mi dirección y teléfono, le dije que la esperaba hoy viernes a las siete de la tarde. Pagué el pescado y con aire fresco marché, ¡todas me desnudaron con la vista! Eso sí lo entendí, siempre voy vestida como si fuera a una fiesta, ¡doy un poco de envidia!  

Aun estoy sorprendida, Lola me conoce desde hace 1 semana que es el tiempo que lleva despachando pescado en el puesto del mercado, me he quedado casi atónita cuando ha aceptado mi oferta. He lanzado un farol, un farol de mujer vieja y me ha salido por la culata. Yo no tengo caballos, ¡pobre de mí! Si les tengo pánico, ¿qué haré ahora? No me preocuparé, de camino hacia el chalet que tengo en la montaña pensaré como salir del atolladero en el que me he metido. Ya es la hora, suena el timbre:  

-Señora, la Señorita Lola está en el recibidor, ¿la hago pasar?

-Sí Adela, ¡hágala pasar!  

Como es regla hoy en día en la juventud, iba vestida de una forma... que a mí no me gusta en ninguno de los sentidos, ¡pero qué se puede esperar de una chica de a penas 17 años!  

-Hola Lola, ¿Dispuesta a la aventura?

-Sí tía, ¡oyes tu casa mola mogollón!  

Oír como se expresaba me dio un poco de miedo, ¡no lo hacía igual que en la pescadería! Pensé que haber invitado a esta chica para pasar un fin de semana podría ser una mala idea, ¡pero era tarde! No podía dar marcha atrás, estaba allí y no podía hacerle el feo de cancelar la salida:  

-Me alegra que te guste. Esta casa es herencia de mis padres. Ya verás el chalet de la montaña, ¡seguro que te gustará! ¿Por cierto, has avisado a tus padres de que te marchas?

-¿Qué dices tía? Yo vivo sola desde los 16 años.

-¿Cuánto hace de eso Lola?

-Dos meses tronca.  

Yo estaba de vuelta de todo, pero con Lola me había equivocado por completo, daba por sentado que era mayor de edad. Siéndolo no tendría reparo alguno en llevármela a pasar el fin de semana al chalet y disfrutar de ella, pero su edad lo cambiaba todo. Cómo decirle que me era imposible llevarla, tenía que pensar, ¡y hacerlo rápido! La cosa no podía ir a más:  

-Lola, lo siento pero siendo menor de edad no te puedo llevar, mi chalet queda al otro lado de la frontera y necesitaría una autorización de tus padres para que puedas viajar conmigo, ¿te haces cargo?

-No te preocupes tía, nos podemos quedar en este garito y pasárnoslos bien, ¿te haces cargo tía?  

Tomó una actitud un poco chulesca, se tiró de mala manera al sofá, se descalzó las zapatillas de deportes que llevaba, ¡cielos, qué peste! El olor era casi insoportable. Al principio no me había fijado, pero enfundada entre el pantalón y la camiseta un revolver. En ese momento mis piernas empezaron a temblar como si de un flan se tratara, ¡mis ojos se clavaron en ella! Lola se dio cuenta y con movimiento tranquilo la desenfundó y la depositó encima de la mesa:  

-¿Te preocupa que lleve conmigo la pipa?

-Sí, me dan miedo las armas, ¡son peligrosas!

-No te preocupes, sé utilizarla, ¡y muy bien por cierto!  

Sin lugar al error, allí iba a pasar algo desagradable, ¡lo presentía! Fui a coger el teléfono para avisar al servicio pero:  

-¿Qué haces tía? Deja ese teléfono si no quieres que te descerraje dos tiros en esa preciosa cabeza de vieja rica que tienes.  

Me quedé muda y casi no me podía mover por el miedo que tenía, me estaba orinando pero no me atreví a decir una palabra. En ese momento llegó Adela, la ama de llaves que por cierto el único servicio que queda en la casa durante los fines de semana. Nos apuntó a las dos con el arma y nos arrinconó a un lado de la sala:  

-¿Dime, hay alguien más en la casa?

-No, sólo Adela y yo quedamos los fines de semana en casa.

-¡No te creo tía! ¿Es cierto Adela?

-Sí señorita, Todo el servicio se acaba de marchar hace una hora, justamente antes de entrar usted por la puerta.

-Te juro que como me engañes lo pasarás mal, ¡yo nunca miento!  

De la bolsa que llevaba sacó un rollo de cuerda e hizo que Adela me atara a una silla de pies y manos. Luego la ató a ella y revisó mis ataduras para ver si estaba bien sujeta. Todo lo hacía con tranquilidad y para nada se la veía nerviosa, ¡eso me daba aún más miedo! Cuando terminó dijo:  

-Ahora pedazos de putas, os quedaréis aquí sentaditas mientras yo doy una vuelta por esta bonita mansión. Os aseguro que no pienso hacer rehenes, alma que vea, alma que mato con este arma, ¿qué os parece?  

Adela aunque veinte años más joven que yo, estaba tan asustada como yo misma, los ojos los tenía acristalados y las manos le temblaban. Ni Adela ni yo le contestamos nada, era tanto el temor que no nos atrevíamos a abrir la boca. Cuando Lola se marchó le dije en voz baja:  

-¿Adela, te puedes desatar?

-No Señora, estoy muy bien amarrada, ¿Y usted?

-No me puedo ni mover, ¿Crees que Roberto vendrá pronto a buscarte?

-No Señora, Roberto no vendrá, hemos decidido no vernos más.  

Cuando crees que las cosas no pueden salir peor, ¡te equivocas! Roberto es un pretendiente de Adela que los viernes desde hace algunos meses viene a buscarla para ir al cine, y aunque sus días libres son el lunes y el martes, también le dejo libre el viernes por la noche para que puedan hacer lo que les apetezca, hasta les dejo que lo hagan en casa. Contaba con él, pero si han cortado no creo que vuelva, ¿qué será de nosotras?  

-¿Qué os ha pasado Adela?

-Roberto quería casarse y que nos marcháramos a su país, le he dicho que no, y que si no casábamos sería para quedarnos a vivir en esta ciudad. Este trabajo me gusta y estoy muy a gusto sirviéndole. Hemos decidido dejarlo durante algún tiempo, aunque pienso que será definitivo. ¡No estoy dispuesta a marcharme!  

Por los pelos Lola no nos pilló halando de Roberto. Entró portando una manzana en su mano izquierda y con el revolver en la derecha. Le dio un mordisco a la manzana y la saboreó como si de caviar se tratara, ¡por lo visto le encantan las manzanas!  

-¡Hola putas de mierda, ya estoy aquí!

-¿Hace falta que seas grosera? –Le dije con voz enérgica-  

Lentamente y sin inmutarse se acercó hasta donde estaba sentada, dejó nuevamente la pistola sobre la mesa de estar y del bolsillo trasero de su pantalón sacó una navaja, abrió la hoja y me dijo:  

-Cacho puta, la próxima vez que abras la boca te juro que te corto la lengua. ¡Advertida quedas! Lo mismo te digo a ti, puta lame culos. He sentido lo que decíais, espero que por el bien de Roberto no se le ocurra venir, no creáis que porque sea hombre me da algún miedo, ¡no sería el primero al que me cargara!  

Me estaba haciendo pis, pero con lo que había dicho no me atreví a decir nada, decidí aguantar todo lo que pudiera y luego hacérmelo encima. Pero lo pensé mejor, ¿por qué aguantar? Sufriré lo indecible y luego me lo haré sin más remedio encima, ¿para qué sufrir? Como estaba en mi casa, y tenía seguro de que esa animal de mujer acabaría con mi vida, ¡lo hice, valla si lo hice! Deje abierto el esfínter de mi uretra y por ella empezó a salir gran cantidad de orina que mis riñones a causa del nerviosismo habían depurado. El charco llegaba hasta la mitad de la sala, ¡nunca había orinado tanto!  

-¿Qué has hecho mala puta? ¿Ahora quién limpiará esto? ¡Ya lo sé, lo limpiarás tú!  

Me ató una cuerda al cuello y me desató para que fuera a buscar un cubo con agua y la fregona, pero antes me hizo que me remangara el vestido para quitarme las bragas mojadas. Al ver mi sexo dijo:  

-¡Qué coño más feo! ¿Lo tienes depilado o es de vieja que eres? Momia que eres una momia. Venga, busca el cubo y la fregona y limpia esta guarrería.  

Aunque me dio ganas de contestarle, decidí no hacerlo, ella era joven y me podía vapulear como quisiera, ¡además tenia una pistola! Adela dijo:  

-Señorita, desáteme que yo lo limpiaré.

-Tú cállate puta lame culos. Tu Señora, tu gran señora y dueña lo hará.  

Intenté salir corriendo, pero estiró de la cuerda demostrándome que el nudo que había hecho no era para hacer bromas, cuanto más estiraba más apretaba. Mi corazón empezó a palpitar con fuerza. Sollozando limpie como pude el suelo, me acompañó hasta mi habitación para que me aseara, me cambiara la falda y me pusiera unas bragas:  

-¡Qué ropero, no te privas de nada cacho puta!  

Lola pareció interesarse por mi ropero, por ahí vi la manera de convencerla de que nos dejara y se marchara. Traté de convencerla para que cogiera lo que le gustara:  

-Lola tienes mis mismas medidas, ¿quieres probarte algo?

-Tía, si quisiera algo lo cogería sin pedirte permiso, hija de la gran perra.

-¿Qué te pasa Lola, por qué me insultas? No te he hecho nada.

-Venga, basta de cháchara, vamos al salón con la lame culos.  

Regresamos al salón y nuevamente me sujetó a la silla que empezaba a oler a orina seca, el olor del salón empezaba a ser nauseabundo, mi orina junto con sus zapatos eran una mezcla casi explosiva, ¡qué desagradable! Se estiró en el sofá y estuvo viendo durante más de media hora un programa musical pop, ¡qué tedio! Ella parecía estar divirtiéndose ya que durante todo el programa nos dejó en paz. Aunque el timbre avisador de entrada está lejos oímos que sonaba:  

-¿Quién puede ser? –Gritó Lola-  

Por primera vez observé nerviosismo en su rostro, se levantó y fue a la puerta de entrada para ver quien era, ¡oh sorpresa! Era el mismísimo Roberto que había venido para hablar con Adela, ¡Espera! El lleva la pistola en la mano y apunta a Lola, ¡estamos salvadas!  

-¡Qué alegría me da verte Roberto! Desátanos.  

Mis 55 años no me hacían tener la experiencia que yo creía tener, Roberto estaba compinchado con Lola. Sin duda ese era un plan concebido con anterioridad, ¿estará Adela también metida en el plan?  

-¿Te da alegría vieja bruja? Ahora verás la alegría que te vamos a dar. Vas a pagar todo el mal que has hecho durante todos estos años de riqueza. ¿No te acuerdas verdad? No me has reconocido durante todo este tiempo que he estado con Adela.

-No, no me acuerdo, ¿quién eres?

-Es normal, encerrada en tu nube de vanidad, ¡que importa un jardinero! Es un mero trabajador al que hay que explotar al máximo. Yo a penas contaba con diez años, viví las consecuencias del despido de mi padre, ¡por ladrón dijiste! Y claro está, tu marido, aunque mejor persona que tú, te creyó y lo echó a la calle como si de basura se tratara. ¿Sigues sin recordarme?  

La verdad es que habían pasado tantos años que no recordaba de qué hablaba. Pero sin duda alguna Roberto estaba confundido, yo soy hija única, y  además nunca he estado casada, ¿cómo hacérselo entender?  

-Roberto, creo que estás equivocado. Nunca he estado casada. Vine a vivir aquí cuando tenía 21 años, yo no recuerdo haberte visto jamás. Supongo que me confundes con mis padres. ¡Por favor, desátanos! Y os podéis marchar, no llamaré a la policía.

-No entiendo como has perdido la memoria.

-Roberto, te vuelvo a decir que te equivocas. Pero como veo que no te puedo convencer, ¿dime que es lo que quieres?  

Roberto dijo que quería ciento veinte mil euros, no tenía ningún problema en dárselos pero como hasta el lunes no abrían los bancos, lo convencí para que aceptara sesenta mil euros que siempre tengo en casa. Por fortuna, Roberto y Lola aceptaron y se marcharon con el dinero dejándonos en libertad y sin hacernos daño .El susto nos no lo quitó nadie, pero al fin y la postre estamos vivas. Adela me prometió que no sabía nada de lo que tramaba Roberto, yo la creí, ¡Sigue trabajando para mí!  

Moraleja, si eres rica, y madura o vieja, y además te gustan las jovencitas, ¡ten cuidado! El gusto te puede salir muy caro. 

Denominación de la RAE de Género

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