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Relato Nunca
lo pensé, me daba exactamente igual si era una mujer morena o rubia, pero
el destino hizo que fuera una mujer rubia natural de ojos azules claros
cielo, ¡cielos qué mujer! Es una de esas diosas de la hermosura que
parece ser una descendiente de afrodita la diosa del amor y la belleza, ¡pero
qué estoy diciendo! Eva es una mujer delicada pequeña que parece ser una
niña, una niña de 37 años que es una joya. ¿Cómo puede parecer Eva
tan joven? Una mujer de esa edad por muy bien que se conserve jamás se
puede parecer a una chica de 18 años, ¡jamás! Eso solamente pasa en los
cuentos de hadas, ¿ha, pero existen las hadas? Yo creía que las hadas
eran unos seres mitológicos de la historia antigua griega, creía que era
una invención de los niños. ¿Qué me dices de hadas, qué son? Son unos
seres
fantástico que se representaban bajo la forma de mujer, a quien se atribuía
poder mágico y el don de adivinar el futuro, Sí, el futuro es lo que yo
necesito que me adivinen, ¡tengo tan mala suerte! Su
tez pálida, su cara angelical era una invitación a poseerla, ella se
dejaba acariciar con la mirada sin importarle lo más mínimo quien la
observara, ya fuera hombre o mujer. Eva esa joven mujer pero madura a la
vez, ¿o tengo que decir, madura pero joven mujer? No lo sé, estoy
inmerso en un mar de dudas, ¿por qué me pasará a mí? No sería más fácil
que me enamorara de una mujer de mis mismas cualidades, ¿por qué me
tengo que enamorar siempre de mujeres inalcanzables, por qué? Ha pasado
por mi lado, no se ha dignado mirarme ¡claro, yo soy grueso, soy viejo!
Mis 40 años son despreciables para ella, ¡pobre de mí! Que imaginación
que tengo, con las de mujeres que he tenido a mi alcance y me tengo que
encaprichar de una diosa, ¡seré idiota! Carmen llega: -Hola
Evaristo, ¿cómo te ha ido el fin de semana? -Muy
bien Carmen, ¿y a ti? –Le contesté- Carmen,
esa mujer que siempre, que desde que éramos niños ha ido tras de mí,
esa mujer a la que nunca le he hecho el menor de los casos, esa mujer que
esta enamorada de mi desde que nos conocimos en la escuela. Soy muy
descortés con ella, más que descortés, he sido cruel, siempre la he
despreciado, y ahora sé como se siente al ver como Eva me desprecia.
Ahora estoy tomando del caldo de mi desprecio. -Muy
bien Evaristo, pensando en ti como siempre, ¿quieres que vallamos al
cine? Me
estaba dando cuenta de que me hacía viejo, que mi tiempo de conquistas se
estaban quedando atrás, ¿no sé que pasó por mi cabeza? Que sin
pensarlo contesté: -Sí
Carmen, me apetece ir a ver esa película que ahora está de estreno. Carmen
quedó atónita por mi respuesta, ¡no la esperaba! Su cara se llenó de
felicidad, ¡parecía otra! No sé que me había pasado, hasta ahora nunca
había mirado a Carmen como a una mujer, siempre la había mirado como a
una amiga que estaba allí, dispuesta a solucionarme una y otra vez la
papeleta, ¡qué ingrato! Con la de veces que me ha consolado y sacado de
verdaderos apuros. Yo
siempre la había respetado, nunca la vi como a una mujer hasta ese día
en la sala de cine, ella fue la que me agarró de la mano, yo contesté a
su caricia y la sujeté con fuerza, así acabamos la película y al salir
ella dijo: -Evaristo,
¿quieres follar conmigo? Su
pregunta no me extrañó, pero me dejó algo descolocado, sé que somos
personas adultas y que no debemos dar rodeos para hablar de sexo. Pero
aquella pregunta era demasiado directa para mi forma de ser. Contesté: -¿Tú
lo deseas, Carmen? -Sí,
con todo mi ser. –Contestó- Carmen
al igual que Eva es una mujer rubia, tiene mi edad. No se parece en nada a
Eva, es fea de cara y tiene un tipo de mujer rechoncha, le sobran algunos
kilos. No es una mujer guapa, pero eso lo suple con la simpatía y la
bondad que derrocha. No quería crearle falsas esperanzas y le dije: -Vale
acepto, echaremos un polvo, pero quiero que quede claro que será un polvo
sin compromiso a nada. Cuando terminemos, tú por tu lado y yo por el mío,
¿estás de acuerdo? -No
pretendo otra cosa que pasarlo bien, ¡nada más! No pretendo cazarte. Yo
seguía comportándome como un hombre duro, rozando lo despreciable, no
era forma de tratar a una mujer que es toda simpatía y bondad. Intenté
dar un cambio de mi tratamiento hacia ella: -¿En
tu casa o en la mía? –Le pregunté- Ella
insistió en que fuéramos a su casa, yo estuve encantado, mi casa parece
una leonera, el desorden reina por mayoría, en ocasiones me asusto de ver
tanto trasto por el medio. Su casa estaba seguro de que sería toda
limpieza y orden. La seguí con el coche, no sabía donde vivía, hacía
pocos meses que se había mudado del piso de sus padres a un chalet en las
afueras. No me equivoqué la casa era preciosa y cuidada hasta el mínimo
detalle: -Carmen,
¡que casa más bonita que tienes! -¿Te
gusta? -Me
encanta, de verdad es preciosa. -Cuando
quieras te puedes venir a vivir, sabes que me harías muy feliz. -¡Déjate
de bromas! Te he dicho que un polvo y me marcho a casa. ¿Dónde lo
hacemos? -Venga,
no seas antipático, ya que por primera vez has venido a casa deja que te
agasaje como es debido, toma este combinado y espera un momento que me
cambie de ropa. Sin
dejarme tiempo a decir nada dejó la bebida en la mesita, se levantó y se
marchó supuestamente a su dormitorio para cambiarse, ¿qué tendría en
mente? Tardó unos 15 minutos, hizo su entrada espectacular, me quedé atónito.
Aquella no podía ser Carmen, aquella era una mujer con un cuerpo
espectacular a la que no le sobraban kilos, con una cara de ángel y de
cabello rubio, ¿qué me había puesto en la bebida? Parecía estar soñando
con Eva, echarle un polvo a aquella maravilla de mujer no era esfuerzo
alguno, ¡al contrario! Sería un verdadero placer. Empezó un baile
sensual ante mis narices y se quitaba prendas lentamente, Mi desagradecido
pene empezaba a tener interés por tan bella mujer. Cuando solamente le
quedaban las bragas yo estaba apunto de correrme, tuve que hacer
verdaderos esfuerzos para contenerme, ¿qué pensaría ella si lo hacía!
Aguanté, aguanté con todas mis fuerzas, por último se bajo lentamente
las bragas y al tiempo que lo hacía aparecía un bonito tatuaje en el
pubis que llegaba hasta su clítoris era un tatuaje muy excitante. No lo
pude soportar, me lance hacia ella y le clavé el pene en su vagina, lo
hice solamente para que mi semen no ensuciara aquella esplendida casa. Esa
hermosa mujer al ver lo sucedido reía, no dejaba de reír diciendo una y
otra vez... has caído en la trampa, he tardado tiempo pero al fin serás
mío. Sin saber que había pasado salí huyendo sin saber muy bien lo que
hacía. Todo quedó ahí. Pasaron
unos tres meses y Carmen me llamó para ver como me encontraba no nos habíamos
visto desde esa extraña noche, ¡yo la evitaba!
Estaba avergonzado por no ser tan macho como siempre había
presumido ante ella: -Evaristo,
tengo que decirte algo muy importante, ¿podemos vernos? -No
Carmen estoy muy ocupado. Lo que tengas que decirme hazlo por teléfono. Me
lo dijo, ¡valla si lo dijo! Sin rodeos, como se tienen que decir las
cosas, siempre a la cara aunque en este caso sin verla. -¡Vale,
tu tan esquivo como siempre! En unos nueve meses serás padre. En
ese momento no estaba ante un espejo, no me pude ver la cara de tonto que
se me había quedado, pero si pude imaginar la de ella toda llena de
satisfacción. ¿Qué
dices Carmen? Yo hace tres meses que no te veo, el padre de la supuesta
criatura debe se otro, ¡a mí que registren! -Quieras
o no quieras, tú eres el papá. Recuerdas aquel día que fuiste a casa y
le echaste un polvo a Eva. Sí, estás escuchando bien, era la mismísima
Eva, mi amiga íntima de toda la vida. Llevaba un dispositivo en la vagina
para recoger todo tu semen, La semana pasada tanto ella como yo nos
hicimos la inseminación artificial, las dos tendremos un hijo tuyo, ¿qué
te parece? Después de todo eres un gran semental, de eyaculación precoz,
¡pero semental! -¿Qué
es lo que pretendéis hacer? -Ya
lo verás, recibirás noticias nuestras, ¡bueno de nuestros abogados! Estas dos perversas mujeres resultaron ser lesbianas que deseaban ser madres, y tramaron ese plan para conseguir mi semen y de paso una buena tajada de mi dinero. Ahora soy padre de dos hijos a los que no veo por no verlas a ellas. Me siento mal, muy mal, pero lo tengo merecido porque el que mal anda mal acaba o es cojo. ¡Se han reído de mí! Denominación de la RAE de Género |
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