Muerto al hoyo y el vivo al bollo

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Datos ténicos

Enamorados hasta morir

Título: Muerto al hoyo y el vivo al bollo
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Beatriz
Actores: Beatriz, Madre, Abuela
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Drama - Moraleja
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Soy la nieta de mi abuela, y ésta, la madre de mi madre. Las tres formamos un trío muy peculiar, ninguna de las tres creíamos ser lesbianas, ¡de hecho no lo somos!, pero desde la trágica muerte de mi padre y de mi abuelo en un accidente laboral, vivimos juntas y hemos tenido alguna que otra experiencia lésbica. Mi abuela tiene 50 años, mi madre 34 y yo 18 recién cumplidos. Tanto mi abuela como mi madre no quieren saber nada de tener relaciones formales con hombres, y mucho menos volver a casarse, dicen que con la experiencia de un matrimonio ya han tenido más que suficiente, que ya saben qué es disfrutar de un pene entre sus piernas, ¡eso dicen! Ninguna de las tres somos mujeres de bandera, ¡estamos bien! Pero sin llegar nunca a tirar cohetes para la celebración de nuestra belleza. ¡Queda dicho! Somos mujeres del montón.  

Tras el entierro de nuestros seres queridos, después de atender a todos y cada uno de los asistentes al velatorio y posterior entierro, quedamos las tres solas en casa. La tristeza nos invadía, les echábamos a faltar. Mi abuela lloraba, mi madre abrazada a ella lo mismo hacía, y yo, a las dos pensativa miraba, ¡leches... eran dos tíos geniales! Cuando pierdes algún ser querido, ¡ahora lo sé! te quedas vacía, baldía de ideas y casi con nulas ganas de vivir, ¡es un momento muy duro! Se te hace un nudo en la garganta que es muy difícil de describir. Tienes una sensación de dejadez, no hasta el punto de dejar de comer, ¡no! Pero si que todo te da un poco igual, en ese preciso momento y no en otro, te das cuenta de que nos somos nada, y hasta diría que no valemos nada. En esa situación tan frágil de sentimientos, fui yo la que empezó con los mimos y caricias que terminaron en una verdadera sesión de sexo, ¡es triste decirlo! Pero gracias a eso salimos del bache en que nos encontrábamos.  

¿Saben aquello del muerto al hoyo y el vivo al bollo? ¡Eso hicimos! Nunca mejor dicho, nos comimos el bollo, ¡sí, el bollo como se denomina en Cuba a la vulva! Me acerqué hasta donde mi madre lloraba en el hombro de mi abuela, me abracé a ellas y debido a un impulso o a la pérdida de control por todo lo sucedido, ¡lo hice! Besé a mi abuela en los labios y con mi legua acaricié la suya al tiempo que introducía mi mano por su falda camino de su entrepierna.  

-¿Qué hace Beatriz? –Dijo perpleja mi abuela con lágrimas en los ojos-  

Mi abuela es una persona muy seria y chapada a la antigua, agarró mi mano y me la retiró de la entrepierna y no hizo nada por corresponder a mi beso. Yo estaba como en una nube, baja de defensas, ¡o de tensión, no sé! Me sentía débil por los días sin descanso pasados. No le contesté nada, me aparté de ella y le hice lo mismo a mi madre que estaba también sorprendida de lo que había hecho con su madre. Pero a diferencia de mi abuela, ella si correspondió al beso acariciando con su lengua la mía, y fue ella la que me introdujo su mano por debajo de la falda hasta hallar mis bragas, acarició toda mi vulva por en cima de ellas.  

-¿Qué es lo que está pasando, no respetáis la muerte de vuestros padres? –Volvió a decir con voz inequívocamente enojada-  

Mi madre se acercó a ella e intentó explicarle que yo estaba muy triste por la pérdida de mi padre y de mi abuelo, y que una manera de consolarse era la de hacernos caricias. Le intentó hacer entender que no había nada de desagravio en la memoria de ellos, al contrario, que eso estaba sucediendo por el amor que les procesaba, ¡estuvo bien! Pero a mi abuela no la convenció. Entonces mi madre y yo empezamos a besarnos desenfrenadamente dejando a mi abuela al margen, que con los ojos desencajados observaba lo que estaba sucediendo, ¡no decía nada, sólo miraba! Para ella aquel momento debió de ser horroroso, una mujer tan religiosa como ella viendo a su hija y a su nieta realizando el preludio de lo que sería un acto sexual.  

Mi madre me siguió el juego, ¡no lo dudó!, me besaba en la boca, la cara, el cuello las orejas... parecía que le fuera la vida en ello, Poco a poco nos fuimos desnudando hasta quedar con bragas y sujetador ella, yo simplemente con bragas ya que tengo unos pechos muy pequeños y no los utilizo. Mi abuela al vernos en esa situación extraña para ella, sollozaba, ¡pero no se marchaba! Parecía que la escena lésbica no le desagradaba del todo. Durante ese tiempo que estuvimos acariciando y besando nuestros cuerpos, ¡la angustia desapareció! La terapia estaba haciendo su efecto, ¡era lo que necesitábamos! En un momento del acto, no miramos fijamente a los ojos y sin decirnos nada entendimos que no podíamos dejar a mi abuela allí, apartada y sin participar en nuestra fiesta, ¡o llámenle de la manera que quieran! Nos acercamos y ella por un lado, y yo por otro, muy lentamente fuimos introduciéndola en nuestro rol, ¡no dijo nada! Se dejó llevar, nos trasladamos hasta el dormitorio, la desnudamos y le dimos un masaje en todo su cuerpo, conseguimos relajarla al tiempo que excitarla, ahora no sollozaba, ¡ahora gemía! Sin duda empezaba a disfrutar del momento y a empezar a olvidar el mal trago de los días pasados.  

Han pasado los meses, y con ellos un poco la pena, aunque no pasa día que hagamos referencia a esos dos formidables hombres que fueron nuestros padres, maridos y abuelo. No tenemos la menor de las dudas, si hay vida después de la vida, ¡ellos nos estarán viendo! No creo que desaprueben lo que hacemos. Estamos muy unidas y somos muy felices, ¡no comemos perdices! Les aseguro que a ninguna de la tres nos gustan. 

Denominación de la RAE de Género

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