Enamorados hasta morir

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Datos ténicos

Enamorados hasta morir

Título: Enamorados hasta morir
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Fausto
Actores: Serafina
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Drama
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Esta es la corta historia del último momento de un bombero, no crea que cuento su historia para contar la mía, ¡de eso nada! Cuento esta historia porque él no puede narrarla, ¿se pregunta por qué? Se lo explico ahora mismo:  

Un día lluvioso de hace ya algún tiempo, en una ciudad que no viene al caso, recibimos una llamada para ir a rescatar a una chica que estaba sentada en el alféizar de una ventana de un cuarto piso, estaba a punto de tirarse al vacío. La calle concurrida, la lluvia era lánguida pero de esas que calan, todos miraban hacia ella diciéndole:  

-¡No te tires, todo tiene solución!  

Llegamos con la urgencia que nos caracteriza al cuerpo de bomberos. Empezamos los preparativos para desplegar una gran lona a modo de cama elástica, por si a la pobre desdichada le daba por tirarse. Siempre es mejor coger a una persona fracturada por el impacto de una mala caída, que un cuerpo destrozado sobre el asfalto.  

-¡No lo hagas, no! –Seguían gritando-  

Nadie sabe muy bien qué es lo que piensa un suicida en el momento de tomar la terrible decisión de quitarse la vida. Pero Fausto, que así se llama el protagonista de esta historia está acostumbrado a tratar con personas que quieren, ¡y que han saltado al vacío! A muchas las ha convencido y no lo han hecho. Pero esta chica le hizo comprender por primera vez en su vida profesional, que no todos los casos son iguales, ¡es más! No le dio tiempo a pronunciar una sola palabra para convencerla. Cuando llegamos, me quedé detrás, él llegó casi a su altura y gritó:  

-¡No lo hagas Serafina! –Quedé helado, era su mujer, era su casa-  

Ella saltó al vacío. Una fría exclamación se escuchó. ¡No! No hubo tiempo de desplegar la lona. Fue un golpe seco sobre la acera. El cuerpo de Serafina quedó tenso y agonizante debido al brutal impacto recibido. Murió casi en el acto. Fausto tomó una nota que había encima de la mesita colocada justo al lado de la ventana. La leyó, y sin darme tiempo para hacer nada, también el se lanzó al vacío por el hueco de la ventana como si de una piscina se tratara. Segundos después de la caída de la chica, ¡sin esperarlo! Recibieron el cuerpo de Fausto, su cuerpo yacía justo al lado del de su mujer. Me acerqué a la ventana y recogí del suelo la nota que Fausto dejó caer, ¡quedé petrificado, dejé la nota en la mesa! Un compañero subió antes de que llegara la policía para ver que es lo que había ocurrido:  

-¿Qué ha pasado Pedro?  

-Lee la nota que hay en la mesita junto ala ventana. –La nota decía:-  

Fausto, ¡lo siento! Pero no he tenido más remedio que hacer lo que he hecho, ¡no te culpes! No tengo valor para soportar más pruebas. Tú siempre te has portado bien conmigo, y como no te quiero hacer sufrir durante los tres meses de vida que me quedan, cuando leas esta carta de despedida estaré muerta. Como suponíamos, ¡ha dado positivo! Adiós amor mío, te quiero mucho, ¡no sufras! Búscate una chica y hazla tan feliz como me has hecho a mí.  

Los dos perplejos y con el cuerpo helado por lo acontecido buscamos por toda la casa para ver si había alguien más, ¡pero no! Todo estaba ahora en silencio y solitario, hasta los curiosos guiados por el morbo habían bajado para ver los cuerpos tendidos en el suelo, cuerpos rodeados por un charco de sangre y agua, la imagen era triste e impactante. Bajamos para seguir haciendo nuestro trabajo, en esta profesión estamos acostumbrados a ver de todo, y aunque no éramos amigos, un frío sudor atravesó todo mi interior y me preguntaba una y otra vez, ¿qué es lo que había ocurrido? Mis compañeros trataron de reanimar los cuerpos pero los daños eran de tanta consideración, ¡no se pudo hacer nada!  

Ahora entiendo el porqué, Fausto al saber a la dirección a la que nos dirigíamos no dejaba de repetir una y otra vez, ¡es mi mujer, es mi mujer! Por ese motivo salió como una exhalación hacia el interior de la casa, ¡ya se lo imaginaba!  

Todos nos hemos enterado de que es lo que le ocurría a la esposa de Fausto. Nunca nos dijo nada, normal, esas cosas se llevan en secreto. A mí me ha tocado decir unas palabras de recuerdo en su entierro:  

¡Fausto! Te entiendo, y creo que el resto de compañeros también. Aunque has tomado la decisión más dura y algunos piensan que la más cobarde, pienso que tú no podía soportar vivir sin el amor de tu esposa, ¡respeto tu decisión! ¿Qué haremos ahora sin tu valentía, Sin tu valía? Espero que allí donde estéis, seáis felices. ¡Adiós pareja, adiós compañero!  

Los padres de Serafina, suegros de Fausto, durante el panegírico que les dedicaron explicaron la historia médica vivida por sus hijos. La enfermedad de ella, conjuntamente con la muerte reciente de sus dos únicos hijos en accidente de carretera, les llevaron a la trágica decisión. ¡Ahora lo comprendo! 

*-*-*

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