|
Relato En
el capítulo (I) dejamos a nuestro protagonista a punto de ser atado a una
silla por la desconcertante Alana. En el capítulo (II) La malvada y
trastocada mujer le rompe la mandíbula a Kirck y posteriormente le
practica una felación. En el capítulo (III) Nuestro protagonista es
obligado a realizar un cunnilingus, posteriormente fue sorprendido
intentando escapar, ¡Alana lo castiga! En el capítulo (IV) Quería ser
penetrada por Kirck, pero éste, la fastidió no excitándose, ¡qué tío! El
corazón me dio un vuelco, ¡estaba salvado! De quién podía ser la voz
que oía, de Alana, no era. Pronto salí de la duda, la chica que gritó
era la viva estampa de Alana pero con sobrepeso verdadero. Mi corazón
bombeaba acelerado y estaba a punto de estallar, tenía que ir al cuarto
de baño, o de lo contrario me haría mis necesidades encima. Hice un último
esfuerzo y le imploré: -Por favor señorita, necesito ir al cuarto de baño, ¡desáteme, no puedo aguantar más! -¿Qué es lo que hace usted aquí? -Alana
me invitó y me ha estado torturando, ¡por favor se lo ruego! La
chica hablaba con los que parecían ser sus padres, pero ellos no le
contestaban, yo ni siquiera los veía, ¡qué familia más extraña! Al
igual que Alana gustaba de las armas, en su mano derecha llevaba una
pistola que parecía ser automática, ¡maldita sea mi suerte! En esta
casa todo el mundo va armado, ¡qué obsesión! Se acercó a la silla y
empezó con la tarea de desatarme: -Le llevaré al cuarto de baño, no haga ningún movimiento extraño, ¡no dudaré en disparar! Papá, ahora vuelvo, voy a llevar a este hombre al cuarto de baño. ¿Vamos a qué espera? -No
puedo levantarme, me duele el pie, ¿puede usted ayudarme? La
chica dirigió su mirada al empeine de mi pie derecho y lo vio
ensangrentado. Y aunque con mucho recelo me ayudó hasta llegar al cuarto
de baño. Si hubiera tenido fuerzas, en la posición en la que me apuntaba
no me hubiera costado desarmarla, ¡pero no parecía ser mala chica! No lo
intenté. Me dejó sentado en el retrete y salió para no ser partícipe
de tan desagradable espectáculo. Una vez había terminado, ¡qué alivio!
Aunque débil estaba con ánimos: -Señorita, tiene usted botiquín, necesito curarme. Pero antes me gustaría darme una ducha, ¿Le parece bien? -Sí,
hágalo. Voy a buscarle ropa limpia. Cuando
terminé de la ducha, la chica entró en el amplio cuarto de baño y me
ayudó a curarme. Estaba dolorido y amoratado, Alana me había dejado para
el arrastre, ¡pero estaba contento, estaba vivo! -Tenga este pantalón y esta camisa, son de mujer, ¡pero es lo único que tengo! Como calzoncillo, si lo desea le puedo traer unas de mis bragas. -No tiene nada de su padre. -Le he mentido, mis padres murieron hace años en un accidente de tráfico. Y lo que es peor, Alana también murió en el mismo accidente. Aunque nunca encontraron su cadáver. -Le puedo dar fe de que su hermana está viva y totalmente desquiciada. -¿Yo tenía mis dudas, un día me pareció verla? ¡Por cierto, me llamo Lorena! ¿Cómo se llama usted? -Me llamo Kirck. ¿Qué día es hoy? -Es Marte y son las 9 de la noche. ¿Cuánto tiempo lleva aquí encerrado? -Desde
el viernes a las once de la noche. Me he debido desmayar, pensaba que habían
pasado dos días. ¿Tiene algo para comer? Estoy desfallecido. Mientras
comía para recobrar un poco las fuerzas. Le expliqué todo lo sucedido
con pelos y señales, Lorena se quedó sorprendida pero me creyó, el
resultado de lo que Alana había hecho lo tenía delante. Entre los dos
buscamos cualquier rastro de Alana, ¡No encontramos nada! Lorena
pregunta: -¿Vamos a la comisaría a poner una denuncia? -No
Lorena. No me veo capaz de contar esta historia para que se crean que
estoy loco y menos para que se rían de mí. Por mi parte olvidaré todo
lo sucedido. Esperaré a que mis heridas cicatricen. ¿Y tú, que harás?
Como has podido ver, no hay nada forzado, no te falta nada. ¿Cómo
explicarías lo sucedido? Lorena
muy amablemente me ofreció su casa y me dijo que me quedara allí
mientras mis heridas curaran. Acepté su oferta. Busqué mi teléfono móvil
y llamé a mi casa para decir que no volvería en semanas, ¡están
acostumbrados, suelo irme cuando menos lo esperan! Nada más terminar de
llamar a casa, caí en la cuenta de que ahora el teléfono si tenía
cobertura. ¡Qué extraño! -Lorena, ¿tiene un inhibidor de frecuencias? -No
tengo ni idea de qué es de lo que me está preguntando. Lorena
era una persona tan agradable, que vivir con ella era una delicia. Mis
heridas fueron cicatrizando, y poco a poco de nuestra amistad fue
surgiendo el cariño y del cariño el deseo. Han pasado 3 años, nunca
hemos sabido que es lo que ocurrió con Alana. ¿O quién la suplantó?
Gracias a ella vivimos una vida de plena felicidad. Como precaución hemos
hecho cambiar todas las cerraduras de la casa, no queremos volver un día
y encontrarnos con la supuesta Alana. ¡Le he cogido miedo, mucho miedo! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|