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Relato Ayer
fui al cine, costumbre que tengo arraigada desde pequeño, mi madre me
llevaba todos los sábados, ¡no faltábamos uno! Yo he seguido con su
tradición. Casi siempre me suelo sentar en el mismo lugar, pero hoy ese
asiento estaba ocupado y no lo he podido hacer, ¡es natural, no es de mi
propiedad! El caso es que me he tenido que sentar en el primer asiento de
la fila 8 en la parte derecha de la sala. Todos los asientos de la derecha
vacíos, ¡menos el que yo ocupo, el que está al final! Allí, ocupando
mis dominios, una hermosa mujer algo entrada en carnes, y aunque sentada,
se le intuía una mujer de gran estatura. Supongo que sentada en ese lugar
pensando en no molestar a los usuarios de la fila anterior, ¡qué
considerada! Como a la película le faltaban 5 minutos para proyectarse,
esa gran mujer decidió salir, Nada más levantarse empezaron las burlas
de las personas sentadas detrás, ¡gorda siéntate, con tu enorme culo no
veo! La falta de consideración y la mala educación de esas personas eran
evidentes. Sentí vergüenza ajena y les llamé al orden: -Por favor, tengan un poco de respeto. -¿Y
a ti qué te pasa gilipollas? La
cosa quedó ahí, estaba claro que con personas de esa calaña es mejor no
dialogar. A veces por una tontería se pasa a mayores y la riña puede
acabar en muerte. La chica al llegar a mi altura dijo: -¡No se preocupe, déjelo! Me hace usted el favor de guardarme el sitio. Voy un momento al lavabo. -Sí, encantado de hacerlo, ¡Valla tranquila! -Gracias
señor, muy amable. Esas
palabras fueron el principio de una amistad. Mientras la chica se dirigía
al aseo, el murmullo y las risas seguían. Mi indignación crecía por
momentos, no entendía, ¡vamos, no entiendo! El motivo de la mofa, ¿es
que todo el mundo ha de ser de cuerpo atlético? ¿A caso esa chica les
provocó mediante palabra u obra? Les aseguro, hay veces que me encantaría
ser uno de esos pistoleros de las películas del lejano oeste
“western”, sacar el revolver y liarme a tiros, ¿qué se han creído?
¡Baja tío de la nube! Si haces lo que estás pensando luego iras a la cárcel
y de allí, no te rescatará nadie, ¡no estás en el oeste! Y además no
eres Clint Eastwood. Dejé de soñar la chica regresó: -Ya estoy aquí, gracias por guardarme el sitio. -Encantado
de haberlo hecho, ¡has sido un placer! De
nuevo el cachondeo, pero esta vez con algo menos de intensidad ya que la
sala se oscureció para dar comienzo a la proyección. Durante toda la película
estuve pensando en esa chica y estaba decidido, ¡la invitaré a tomar una
copa! Es una mujer que tiene aproximadamente mi edad, no le he observado
anillo de casada ni prometida, ¡espero que no me rechace! Cuando la película
terminó, casi todo el mundo empezó a salir, yo nunca lo hago hasta no
terminar totalmente la proyección incluidos los créditos, ¡me gusta
leerlos! Por lo visto a la chica también, ya que no se levantaba. Una vez
terminada la película me dirigí a ella: -¿Señorita, me aceptaría que la invitara a tomar una copa? -No
señor, no bebo. ¡Gracias! Pero aceptaría una tónica. Al
decirme no, pensé, otra mujer que me da calabazas, ¡claro! Yo tampoco
soy un hombre de cuerpo atlético, ¡también me sobran algunos kilos! No
demasiados pero me sobran. Pero no sucedió así, después de la negativa
aceptó, me sentí muy a gusto conmigo mismo: -Lo
que le apetezca señorita. Buscamos
un restaurante en el mismo complejo, elegimos una mesa y pedimos las
consumiciones. Distendidamente empezamos a conversar y se nos pasó el
tiempo casi sin sentir. Esa chica tenía, ¡tiene! Mi misma afición por
el cine, pero me hizo saber que no era muy partidaria de ir a las salas
debido a la burla que siempre hacen de ella. Por lo tanto es una gran
consumidora de películas de vídeo. Mira su reloj y dice: -Lo siento, se hace tarde, tengo que darme prisa o perderé el último autobús, ¡me tengo que marchar! -Yo la puedo llevar, tengo el coche en el aparcamiento. -Gracias pero no quiero molestarle, ¡déjelo! -No
es ninguna molestia, lo prometo. ¡Qué olvido! Me llamo Kirck, ¿Y usted? Alana,
que es su nombre aceptó mi cortés invitación. Es una mujer muy confiada
se le ve una persona ingenua y sin maldad alguna, ¡una presa fácil para
degenerados! Salimos paseando y charlando en dirección al lugar donde tenía
aparcado el coche. Durante el paseo me fijé en ella y era una mujer
verdaderamente grande, yo mido -¿Qué mira, mi estatura? Mido un metro noventa, pero llevo tacones que me hacen más alta y peso 125 kilos. ¿Satisfecho? Tengo lo que se denomina una obesidad severa. -Sí Alana, eso miraba. Pero no se enfades es usted una mujer muy hermosa. -No
me enfado, al contrario, estoy alagada de que esté usted hablando
conmigo. Esa
contestación me confirmó lo que pensaba, Alana era una mujer solitaria
que deseaba mantener amistad con la primera persona que se lo solicitara,
y en mí estaba viendo una persona sincera. Ya hemos llegado: La
observé cuando entraba en el coche, sus movimientos eran muy ágiles, no
le costó esfuerzo alguno sentarse. Como si me leyera el pensamiento dice: -Sí,
soy muy ágil, estoy haciendo gimnasia me he propuesto llegar a los 110
kilos, es un gran sacrificio pero lo estoy consiguiendo, ¡empecé esta mañana! Los
dos nos echamos a reír, entre risas y comentarios llegamos hasta el lugar
donde vivía, una preciosa casa chalet en la periferia de la ciudad.
Cuando fui a despedirme Alana me sorprendió diciendo: -Kirck, ¿Quiere entrar a tomar algo? -Ya es muy tarde, su familia se molestará. –Le dije- -No, vivo sola desde que hace 3 años, mis padres murieron en un accidente de tráfico. -Valla...
¡lo siento! No era mi intención provocar recuerdos. ¡Gracias, entraré! Abrió
la puerta del garaje he introduje el coche en él. Desde allí entramos a
la casa de esa agradable y hermosa mujer. Mujer que cada momento que
pasaba la hacía más y más interesante. Era una casa muy bien cuidada,
nos dirigimos al salón o sala de cine como ella le llamó. Tenía una
pantalla de plasma panorámica de no sé cuantas pulgadas: -¿Qué le apetece beber? -Como
tengo que conducir, tomaré una naranjada si tiene. Cuando
regresó con las bebidas, se había cambiado de ropa. Se había despojado
del vestido de holgada falda larga hasta los pies y en su lugar se puso
una corta falda por encima de las rodillas y una camisa ajustada. La falda
dejaba a la vista sus piernas que eran gruesas pero muy bonitas a las que
daban estilos unos tacones de aguja. Estaba preciosa, sus ropas anteriores
no le hacían justicia. Yo como es habitual en mí, empezaba a excitarme
debido a la gran imaginación que tengo, ¡ya me veía gozando con ella en
la cama! -Ya estoy aquí, perdone mi tardanza, como ve me he cambiado de vestido, el otro me hacía muy gorda y vieja. -Está fantástica, y si me lo permite muy guapa. -Gracias es usted muy amable. ¿Qué le parece si nos tuteamos? -Estoy
de acuerdo. Ya nos conocemos, nos podemos tutear. ¿Dónde tienes el
lavabo? Me
dijo que las siguiera y me acompañó hasta el cuarto de baño, durante el
camino la observé y realmente ahora fijándome en ella me parecía mas
delgada de lo que parecía, es más, tenía un cuerpo de alucine. ¿Dónde
estaban los kilos que tenía? Es muy raro, cuando salí del cuarto de baño
y regresé al salón, sin esperar le dije: -Alana me tienes intrigado. ¿Cuánto me has dicho que pesas? -Te he mentido, no peso 125 kilos. Peso 100 kilos y mido 1,90 mts. Me pongo esa ropa con rellenos por que estoy harta de ir por ahí y que no me dejen en paz. Todo tío salido que me encuentro me propone ir a la cama. Siendo gorda, se burlan pero me dejan en tranquila. ¡Serán idiotas! Como si una mujer gorda no tuviera lo que todas las mujeres tienen. ¿No crees? -Ahora
estoy más tranquilo, me parecía estar volviéndome loco. Por supuesto,
estoy de acuerdo, una mujer gorda es tan bella y apetecible como cualquier
mujer, ¡por lo menos para mí! Y esté como esté, nunca me burlaría de
ninguna. La
cosa se puso muy interesante, ya no había los nervios del principio.
Alana estaba muy distendida, era una mujer verdaderamente preciosa, y que
poco a poco empezaba a ponerme realmente caliente, por lo que decía y hacía.
Sentada en un sillón frente al que yo ocupaba, con las piernas cruzadas
dejaba ver gran parte de sus hermosos muslos, ¡guau, era la mujer que
siempre había soñado! Una mujer de gran altura y de musculatura fuerte.
Me volvió a sorprender: -Kirck, no creas que soy una mujer fácil, pero me gustaría follar contigo. Suelo premiar al menos con un buen polvo a todo hombre que se comporta educadamente con una mujer gorda como yo. -¿Soy un conejillo de indas, Alana? Por lo que dices me da la sensación de que debes estar realizando algún estudio, ¡por ejemplo una tesis! ¿Voy por buen camino? -Has
acertado, pero no te sientas cohibido. El estudio ya ha finalizado. Ahora
llega el momento del placer. ¿Qué te gustaría hacer? Pídeme lo que tú
quieras. Con gusto te lo haré. Empezaba
a estar preocupado, esa gorda y aparente mujer indefensa se estaba
convirtiendo en una verdadera depredadora de hombres. Empecé a divisar
cuadros colgados en el cual estaba Alana practicando artes marciales. Ya
no era preocupación, empezaba a tener miedo. Mi coche en su garaje y yo
en su casa, nadie sabía dónde estaba, ¡la cosa no pintaba bien! Allí
había gato encerrado. Aun así contesté: -Alana, tengo una fantasía que nadie todavía ha hecho realidad para mí. Siempre he soñado hacer el amor con una mujer fuerte como tú, vestida con una media de cuerpo entero. Me refiero a un traje de nylon de esos que sólo dejan la vagina al aire. Pero no me gusta que se vea, me gusta verla cubierta por unas braguitas y calzada como vas ahora. ¿Sabes a qué me refiero? -Se
a qué te refieres, tengo gran variedad de ellos. Haré un pase antes de
follarte. ¡Espera, ahora mismo vuelvo! Nada
más que salir por la puerta en dirección a la habitación en la que
aparentemente se cambiaría. Decidí marcharme, fui hacia la puerta para
salir del salón, ¡sorpresa! Cerrada a cal y canto, intenté salir por la
puerta donde ella lo había hecho, ¡lo mismo! Ahora ya no era miedo lo
que tenía, ahora era terror, ¡qué le he hecho a esta mujer! Esto es muy
raro, nadie cierra las puertas dentro de casa, y menos teniendo un
invitado dentro. Cogí el móvil para llamar a la policía, no tenía
pruebas pero al menos me quedaría tranquilo. Mis sospechas eran ciertas,
no pude llamar, en esa casa había un aparato inhibidor de frecuencias, ¡no
había cobertura! Ella llegó: -¿Te
gusta, mírame que sexy me he puesto para ti? Sí,
realmente estaba muy sexy, pero yo estaba como normalmente se dice
acojonado y mi pene metido totalmente en su funda, mira que me lo decía
mi abuelita, Kirck no te vallas nunca con desconocidos a su casa, y menos
si es una mujer, ¡qué razón tenía! Se presentó vestida como yo le había
pedido, con la salvedad de que en su mano derecha llevaba un revolver que
inexorablemente apuntaba hacia mí y en su mano izquierda un rollo de
cuerda. Si yo fuera un actor como por ejemplo Bruce Lee, daría un salto y
en el acto la desarmaría, ¡pero no es el caso! Yo soy un pacífico
hombre al que la fatalidad ha puesto ante esta preciosa, joven y tarada
mujer. Sin dejar de apuntarme dice: -Siéntate en esa silla. No intentes hacer nada que me parezca sospechoso o dispararé. He matado a muchos, uno más no importará. -Por favor, ¿Dime que es lo que te he hecho? Te pediré disculpas. -Todos los hombres sois iguales, sois unos pervertidos que cuando veis a una mujer indefensa la queréis follar. ¡Te arrepentirás de haberme invitado a tomar una tónica!
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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