|
Relato Elsa
sin esperarlo me llamó ¡Qué sorpresa más agradable! Hacía algo más
de tres años que no hablaba con ella, de hecho ni siquiera la recordaba.
Pasé muy buenos ratos en su compañía, pero eso ya era pasado. Levanto
el teléfono y escucho: -¿Quieres
follarme las tetas? Como
es natural ante esa pregunta, así de improviso la mayoría de gente se
queda un poco cortada ¡Sorprendida! Así quedé yo, sorprendido de que
una mujer conocida o desconocida llamara para decir semejante frase.
Reaccioné y contesté: -Sí, sería un gran placer ¿Dime quién eres? -No
lo puedo creer ¿No me has reconocido? ¡Soy Elsa! Estaba
claro, no podía ser otra que la cachonda Elsa. Elsa es una de esas
personas que a todas horas está de broma. Nunca sabes si va o si viene ¡Es
difícil! Difícil saber cuando está hablando en serio o de broma. La
verdad es que con ella hay que ir con pies de plomo, o bien ponerse a su
altura y seguirle la corriente ¡Pero aún así! Puedes meter la pata al
contestarle ¡Es genial! Aunque a veces cansa esa forma de actuar. Seguí
hablando: -¡Qué tonto que soy! No podías ser otra con esa forma de iniciar una conversación telefónica ¡Eres la repera! ¿Cómo estás cacho loca? -Para mojar pan, estoy muy excitada y necesito un semental como tú ¿Te hace un polvo? -¡Como para quitar el polvo estoy yo ahora! Si mi mujer me pilla quitando, poniendo o transportando el polvo de un lugar a otro ¡Soy hombre muerto! -¿Qué me dices, qué me estás diciendo, casado tú? ¡No me lo puedo creer, que desilusión! -Si hija sí, me casé el año pasado ¡Fíjate! Ya estoy buscando abogado. -¿Estás de coña, no? -¡Claro, como lo estás tú! ¿O es que no lo estás? -No
cariño, yo no estoy de broma. Es cierto que necesito un semental que me
haga sentir mujer ¿Quieres echarme un polvo o no? Ya
me había metido en un buen lío, si le digo que accedo a echarle un polvo
estoy seguro que se presenta ahora mismo ¡No, cielos no! Si viene a mi
casa y Lucrecia me encuentra con ella en la cama, será verdad que
necesitaré un abogado ¡Además de un forense! No era mentira estoy
realmente casado ¿Cómo salgo de este gran lío? -¿Dónde estás Elsa? -Llegando
al portal de tu casa ¡Ve desnudándote que voy! Me
lo temía. Elsa vive a dos manzanas de mi casa, casa que antes era un
picadero en el que nos reuníamos todo el grupo de amigos para hacer todo
lo que nos viniera en ganas. Pero ahora se ha convertido en la casa de
Lucrecia ¡Bueno y la mía! Mi cuerpo empieza a temblar con el simple
hecho de pensar en que Lucrecia llegue y me encuentre aquí con Elsa.
Saltarán chispas, ellas no se podían soportar. Ring ¡La que faltaba! -¡Hola
Pepe! Estás igual que hace tres años ¡Qué bueno que estás! Se
echó literalmente encima de mí, y me empezó a morrear ¡Mis bolas! Como
normalmente se dice, mis huevos se me pusieron por corbata. Elsa una
hembra explosiva y más salida que el mástil de una bandera dispuesta a
follar ¡Y yo allí! Temiendo lo peor, Lucrecia, mi fiera mujer apunto de
llegar ¡Tierra trágame! Soy aún muy joven para morir ¡De esta alguien
sale por la ventana! Casi atragantado contesté: -¡Tú si que estás buena! ¿Qué te ocurre que estás tan excitada? -¿Ves este cuerpo serrano? Para que te enteres, lleva un año sin comerse una rosca ¿Qué te parece? -¡Anda
ya, siempre de broma! Una mujer como tú, es imposible que no folle cuando
lo desee. No
había terminado de decirle la frase cuando ya se había quedado en bragas
y sujetador ¡Qué fogosidad! No se lo creerán, pero estaba como un flan
¡No por la excitante Elsa! Para nada, estaba muerto de miedo por la
llegada de Lucrecia ¡Era su hora! La puerta se oye: -¿Qué
hace ésta aquí? Pegó
un grito tan fuerte que mi corazón palpitaba a 200 por hora ¡Estaba
acojonado! De hecho desde que me casé lo estoy. Elsa al ver a Lucrecia
enfundando una pistola automática no dijo ni una palabra, recogió sus
ropas del suelo lentamente y mientras Lucrecia me regalaba con algunas
frases de alabanza, se dirigió hacia la puerta de salida. Pero no pudo: -¿Dónde
vas cacho puta? No des un paso más o te descerrajo dos tiros. Elsa
no era capaz de articular palabra alguna ¡Sabía como se las gasta
Lucrecia! Le tiene más miedo que yo si cabe ¡No es para menos! Hace algo
más de 4 años le dio una paliza de las que hacen época ¡Es muy
agresiva! No entiendo como les dan un arma de fuego a personas como ella: -Calma
Lucrecia, no estábamos haciendo nada. Ya sabes como es Elsa, se había
desnudado para enseñarme la ropa interior ¡Es de diseño! Era
simplemente una broma que te quería gastar para cuando llegaras ¡Mujer,
quiere hacer las paces! La
mentira que acababa de ocurrírseme parecía que había dado resultado.
Lucrecia cambió su cara de ira por una sonrisa, bajó la pistola y la
enfundó en su cartuchera y calmada mente se dirige Elsa: -Tranquila, lo mío también ha sido una broma ¡Anda vístete! Que no me gusta que te exhibas así ante mi marido. -¿No
estás enfadada Lucrecia? Aunque
se había aparentemente calmado, ni Elsa ni yo estábamos tranquilos ¡La
conocíamos! Sabíamos que su trabajo como policía de la unidad de
antidrogas la tenía muy estresada ¡Siempre ha sido así! Pero se tenían
tanto odio entre ellas, que en cualquier momento podía ocurrir algo muy
grave. Lucrecia le dice: -No
estoy enfadada, estoy muy relajada ¡No temas! Ya se me ha pasado. Ya
sabes que tengo un pronto muy fuerte, pero que después soy como un
cachorrito. ¡Qué
cínica! Decir que es como un cachorrito ¡Sí, un cachorrito de diablo de
tasmania! Ni dormida es una persona. Les puedo asegurar que le tengo miedo
¡Qué hombre dirán! Yo les contestaría ¡Si la quieren, se las regalo!
Llevo un año de casado y estoy angustiado, desde que me levanto hasta que
me acuesto ¡En fin, para qué les cuento! Elsa estaba pálida y con voz
trémula le habla: -Me encanta que estéis bien. Ahora tengo mucha prisa, he quedado con el dentista. Tengo hora para las 6 ¡Otro día pasaré y tomaremos algo! -¡De
eso nada! Tú no te marchas de aquí hasta que yo no te lo diga. Siéntate
que me tenéis que aclarar muchas cosas ¡A mí me tachan de muchas cosas,
pero de tonta no! ¡Bueno,
bueno! Me temía lo peor, empezaba a creer que de esa no saldríamos bien
parados. Si enfadada me asustaba, cuando estaba así calmada y hablaba
como si nada sucediera. Le tenía ¡Terror! Antes de casarme, sabía que
era muy impulsiva y que los tenía bien puestos ¡Era una tía valiente!
Me gustaba su manera de actuar, pero cuando me casé con ella su
personalidad dio un vuelco ¡A peor claro! Es celosa hasta el punto de que
no puedo acercarme a ninguna mujer. Llevo tres meses sin ir a trabajar ¡Me
lo ha prohibido! Mi vida es un infierno ¿No sé si sería mejor terminar
aquí? Saco un poco del valor que me queda y le digo: -¿Qué es lo que quieres que te aclare Lucrecia? Deja que Elsa se marche y yo te aclaro todo lo que desees. -¡Tú
calla, luego pasaremos cuentas! Es con ella con quien quiero aclarar las
cosas. Es ella la que me tiene que decir cuanto tiempo llevas engañándome. La
situación era patética, los celos la corroían. Ella se estaba montando
una historia de infidelidad inexistente. Aunque entiendo que llegar a casa
y encontrarte a una antigua amiga casi desnuda delante de tu marido no es
una cosa habitual. Y si además esa amiga fue la mayor competidora que
tuvo para conseguirme ¡La entiendo! Yo también estaría mosqueado, pero
hablaría y dejaría hablar. Pero ella no, ella tiene permanentemente su
mano en la culata de la pistola. El silencio se ha hecho, en el ambiente
hay una calma tensa, nadie dice nada. Hasta que: -¡Dime mosquita muerta! ¿Te gusta mi marido en la cama? -No
te voy a mentir, sí me encantaba cuando me acostaba con él. Pero de eso
hace más de tres años ¡Créetelo! Soy
un verdadero idiota. He dejado que Elsa se meta en un verdadero túnel sin
salida. Con lo fácil que hubiera sido no dejarle subir y contarle la
verdad. Yo soy el culpable de todo lo que está sucediendo. Ella está
sufriendo sin necesidad. Lucrecia dirigiéndose a ambos dice: -¡Tengo
una idea! Estaba
tan asustado y cansado de ser sometido por una persona que no estaba en
sus cabales que hacía unos días había adquirido un revolver en el
mercado negro. Lo tenía escondido tras el cojín del sillón en el que
estaba sentado. Lo empuñe y sin darle tiempo a reaccionar le apunté diciéndole: -Lucrecia, separa la mano de la culata de la pistola ¡No dudaré en dispararte! -Calma cariño, no te pongas nervioso ¡Que las armas las carga un tal diablo! -Elsa,
acércate por detrás y quítale la pistola, me la das y márchate. Elsa
apenas se aguantaba en pie, como le dije se acercó por detrás del sofá
que esta situado en medio de la gran sala. Con precaución de no acercarse
más de la cuenta desarmó a mi desalmada mujer. Elsa sabía de la gran
destreza que tiene ella en la lucha cuerpo a cuerpo, por eso no le dio la
posibilidad de que la pudiera atrapar. Se acercó hasta donde yo estaba
situado y sin perder de vista a Lucrecia me dio su herramienta de trabajo.
Apresurado le dije: -Márchate Elsa. Cuando salgas del edificio llama a la policía y diles que aquí hay dos cadáveres. -¿Qué dices Pepe? No digas tonterías, ahora mismo llamo a la policía y le contamos lo sucedido. La denuncias y te separas ¿De qué vale matarla y matarte tú? Las cosas se arreglan hablando ¡La justicia está para algo! -No
Elsa, no te das cuenta que es una inspectora de la policía y en la
comisaría todos la conocen ¡La creerán a ella! Elsa
siguió hablándome y tratando de convencerme. Yo estaba decidido a
terminar con todo aquel drama que ya duraba un año. No podía seguir con
aquella mujer que estaba trastornada. Estuve apunto de disparar, pero no
lo hice, ya que si lo hacía metería en un buen lío a Elsa. Siguió
hablando y desistí de la idea. No disparé: -Me
has convencido Elsa, llama a la policía. Allí estuvimos esperando la llegada de la patrulla. No le quitábamos la vista de encima, sabíamos que Lucrecia era capaz de desarmarme al menor descuido. El tiempo pasaba con lentitud. Yo estaba seguro de que en cuatro horas estaríamos fuera de la comisaría y de que Lucrecia volvería por sus fueros. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|