Deseaba ser prostituta III

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Relatos de minifaldas - Minifalda.

Título: Deseaba ser pristituta (III) Se enamoró
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Anita
Actores: Anita, Petra
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Drama
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Aferrada a la mano de mi madre me maldecía una y otra vez, yo era la culpable de todo lo sucedido. Miré su rostro, en él observé paz y serenidad parecía haber muerto sonreído, saber que su hija no estaba muerta le hizo feliz ¡No se lo contaría a nadie, pero parecía feliz!  

Petra como dijo no tardó más de 5 minutos en llegar. No hacía ni 24 horas que la conocía y ya estaba amargándole la vida ¡Sin duda soy gafe, la infelicidad llega conmigo!  

-Hola Anita ¿Cómo te encuentras?

-Muy mal Petra, estoy abatida ¡Todo me sale mal! Soy la persona con la peor suerte de este mundo ¿Qué hago?

-Tenemos que llamar al médico de urgencias para que certifique la muerte y posteriormente contactar con la funeraria para que prepare el entierro. Ellos se encargan de todo el papeleo que conlleva una muerte. Yo me encargo de todo ¡Tú no te preocupes!

Petra es una chica decidida que sabe que es lo que hay que hacer en todo momento. De no haber sido por ella me hubiera vestido y nuevamente hubiera huido ¡Pero no! Gracias a ella hice frente al lamentable y duro acontecimiento de la inesperada muerte de mi madre ¡Fue duro! Es muy duro ver morir a tu madre con apenas 40 años de edad.  

Los días pasaron, mi madre fue enterrada junto con mi padre. Nada más terminar el trámite del enterramiento empezó para mí otra odisea ¡Otra aventura! Demostrar que yo era hija de mis padres ¡Nadie lo creía! Todos los organismos oficiales me daban por muerta ¡Y eso que nunca encontraron el cadáver! Más me hubiera valido, si hubiera muerto no hubiera tenido tanto sufrimiento ¡Además, mi madre estaría viva!  

Mis padres no tenían muchas pertenencias que pudiera heredar, pero como ellos fueron los que se esforzaron por tener un piso y algunos ahorros, no quise que nadie se quedara con lo que ellos habían con tanto esfuerzo ahorrado.  

¡Yo no existía! ¿Qué tenía que hacer para nacer oficialmente de nuevo? Ni siquiera tenía carné de identidad. Por suerte tenía a mi lado a Petra. Me convenció para que explicara todo lo que me había sucedido a la policía. Pero para que no me tomaran por loca, me recomendó que buscara un abogado especialista en casos similares ¡Él sabría que hacer! Así lo hice, yo con el paso de los días estaba cada vez más débil, cada vez más enferma. No quería engañar a Petra. No volvería a engañar a nadie ¡Si en mí estaba el evitarlo! Le conté toda mi historia y ella me ayudó. Ella buscó el abogado, ella pagó las minutas, ella lo tramitó todo. En cuatro meses logró que el registro civil me reconociera como Anita, hija de mi padre y de mi madre. Pude heredar el piso, las cuentas bancarias y el resto de pertenencias. No era mucho, pero si lo suficiente para vivir el poco tiempo que me quedaba. Pagué a Petra todo lo que ella había gastado y además le di 6000 euros como agradecimiento. No los quería de ninguna de las maneras, pero insistí ya que se los merecía.  

La amistad entre Petra y yo fue creciendo más y más, fuimos intimando hasta el punto de venirse a vivir a mi casa. Cada día que pasaba estaba más a gusto a su lado, era una persona que sabía querer y dejarse querer. Era una persona que no pedía nada ¡Lo daba todo! Era una de esas mujeres de las que ya quedan pocas en el mundo ¡Era buena! Estaba a mi lado sin darle importancia a mi enfermedad contagiosa. Decía que tomando unas mínimas precauciones nunca se infectaría ¡No le pasaría nada! Como digo era una persona que merecía la pena. Estaba tan enamorada de ella, que si me faltara ¡Moriría!  

Han pasado tres años, tres años de felicidad junto a Petra. Me ha dado tanto amor que apenas si me acuerdo de todo lo que he sufrido. Hoy he cumplido 24 años, aunque los médicos me dijeron que no llegaría a los 23 ¡Se han equivocado! Sigo aguantando, creo que sigo viviendo gracias al cariño y a los cuidados que recibo de Petra ¡Estoy convencida! Ella es la batería de mi vida. Durante estos años he recuperado todo lo que había perdido. Me quedaba una cosa por hacer ¡Ir a esquiar a la nieve! Aunque estaba débil, Petra se empeñó en llevarme. Como regalo de cumpleaños, además de su amor me regaló con un viaje al Valle de Benasque (Huesca – España), en las pistas de la estación de Cerler pasaríamos una semana de ensueño.  

Salimos un viernes a las 14 horas con dirección a Huesca. Aunque yo aprendí a conducir Petra insistió en llevar ella el coche. Decía que yo estaba muy débil y que no tenía que fatigarme:  

-No, conduciré yo, tú guarda tus fuerzas para esquiar ¡Verás que bien lo pasamos!  

Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, palabras expresadas desde el fondo de su corazón ¡Qué mala fortuna rige el rumbo de mi vida! Camino a Huesca un conductor suicida ¡Homicida digo yo! Conducía en sentido contrario, Petra para esquivarlo dio un volantazo a la izquierda y fue a dar con un árbol. Yo a pesar de ir en el asiento más peligroso de un coche, no sufrí ni un rasguño ¡Ella quedó en coma! ¿Por qué ella y no yo?  

Han pasado 6 meses desde que Petra entró en coma. Paso casi todo el día junto a su cama le hablo constantemente, creo que aún sigo viva por ella. Quiero ver como se recupera ¡Sé que me engaño! Los médicos no me han dado ninguna esperanza de que se recupere ¡Ellos lo dicen! Pero yo no pierdo la esperanza, siempre le hablaré:  

-Venga Petra, despierta que tenemos que ir a esquiar, venga amor mío ¡Hazlo por mí! Despierta, echo de menos tus caricias, echo de menos tus besos.  

Yo no creo ya en nada, no creo en nadie. Pero vendería mi alma al diablo si le devolviera la conciencia y el movimiento a mi amada Petra. Lo repetía en voz alta una y otra vez. Las enfermeras y los médicos que me escuchaban pensarían que me habría vuelto loca. Loca no ¡Enamorada y apenada! Enamorada de una buena persona que no se merecía lo que le había ocurrido. No se merecía estar en la situación en la que se encontraba ¡Nadie se merece tener un accidente! Pero ella menos ¿Por qué ella quedó en coma? ¿Por qué el conductor homicida está vivo? Y lo que es peor, además está libre ¡Qué injusta es la vida! Injusta es la justicia ¡Oh diablo! Señor de las tinieblas, yo te invoco. Haz que Petra recupere su movilidad y el habla ¡No lo dudes! Tú que puedes pasa la enfermedad de Petra al sujeto que la dejó así ¡Eso es lo justo! Tendrá mi alma, tendrás mi cuerpo ¡Todo lo que desees! No estoy para muchos trotes, pero dejaré que hagas conmigo lo que quieras.  

-Señorita baje la voz, está molestando a los enfermos. Si no lo hace la tendremos que echar a la calle.

-Perdonen ¡Ya me callo!  

Quedé callada y llorando desconsoladamente durante unos minutos. Me secaba las últimas lágrimas que brotaban de mis ojos, cuando por la puerta apareció la familia al completo de Petra. Sus visitas eran cada vez más distanciadas. De hecho en los 6 meses de hospitalización la visitaron 4 veces ¡Qué crueles! La han dejado sola ¡No! Sola no, yo estoy aquí casi las 24 horas del día. Creo que no vienen a visitarla porque me tienen miedo, miedo de que les contagie el SIDA ¡Serán idiotas! Petra ha vivido conmigo todos estos años y está sana. Su madre dice:  

-Hola Anita ¿Cómo está Petra?

-Está como siempre, pero tengo el presentimiento de que pronto se va a despertar del coma.  

Todos sonrieron, le dejaron un ramo de flores y sin más se marcharon. No se dignaron a decirle ni una palabra agradable de aliento ¡Petra no merecía eso! Nunca le perdonaron que hubiera ido a vivir conmigo ¡Aún no le han perdonado! La vida es así, tú puedes ser todo lo buena persona que seas. Siempre habrá alguien que te odie ¡La sociedad es así! Así de cruel es la vida:  

-¿Has visto Petra? Te han traído flores ¡Mira que bonitas, huelen de maravilla!  

Desde que su familia visitó a Petra por última vez han pasado ya 6 meses ¡Sí, medio año! Mañana se cumplirá el primer aniversario del accidente. Mañana será mi 25 cumpleaños. Me encuentro muy débil, apenas si puedo andar. Ya no tengo fuerza para mover a Petra para que no le salgan úlceras. En pocos día me tendrán que ingresar, estoy intentando que pongan una cama junto a la de Petra ¡Quiero morir junto a su lado! Me han dicho que eso no se puede hacer, pero que harán una excepción y me concederán ese último deseo ¡Qué menos, qué mal le hago a nadie! Estoy angustiada, veo cerca mi muerte ¡No tengo miedo de morir! Lo que si me preocupa es que Petra se quede aquí sola:  

-Petra me estoy muriendo ¡Por favor despierta!  

No me lo podía creer, Petra dio un leve apretón a mi mano ¡Por favor, que sea cierto! Dirigí mi mirada a sus ojos. Estaba sucediendo, Petra estaba despertando de su profundo coma. Sus ojos se movían, con la poca fuerza que me quedaba llamé a las enfermeras y éstas, urgentemente a los médicos:  

-Es un caso entre un millón, se está recuperando y en unas horas hablará ¿Cómo te encuentras tú Anita?

-Mal muy mal, apenas si tengo aliento para hablar ¿Llegaré a mañana doctor? Quisiera despedirme de Petra.

-No lo sé ¡Ya lo sabes! Los médicos somos personas, no podemos predecir exactamente el tiempo de vida que les quedan a los enfermos ¡Compréndelo! Ten esperanza y verás como puedes despedirte de ella.  

Mi amor por ella hizo que mi vida no se apagara. Cuando Petra estuvo consciente pude decirle todo lo que la amaba, le dije:  

-Petra ¡Qué feliz que soy! He aguantado viva para ver tu recuperación ¡Por favor! Recupérate totalmente y sé feliz. Los años que he pasado junto a ti han sido los años más bonitos de toda mi vida ¡Gracias cariño, gracias amor mío! ¿Me escuchas?  

Bajó sus ojos para confirmármelo. Escribí estas últimas palabras en el cuaderno, le dije que era mi historia y le pedí que la sacara a la luz. Agarré su mano...  

Anita agarró mi mano y allí, sentada junto a mi cama en el día de su 25 cumpleaños murió tranquilamente con lágrimas en sus ojos, fijamente clavados en los míos.

Fin 

*-*-*

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