|
Relato La
mujer del vecino del cuarto es un poco provocativa al vestir, cuando paso
a su lado se desabrocha un botón del escote que ya lleva bastante abierto
y por lo tanto deja al aire su sujetador que produce en mí una curiosidad
inusitada ¡Quiero vérselas! Sí, quiero verle las tetas ¡Me encantan
las tetas! Creo
que la mujer del vecino del cuarto es un poco zorra, pero a mí me gusta
que lo sea ¡Ya somos dos! Por las cosas que hace y por la forma en que me
mira, denota sin la menor duda de que le gustan las chicas ¡Y si son jóvenes,
aún mejor! Yo soy joven ¡Muy
joven! Si quiere guerra, se la daré sin contemplación alguna. Mañana
cuando al salir del colegio me la encuentre en el ascensor le acariciaré
el culo por debajo de la corta falda que casi siempre lleva ¡Veré su
reacción! Pensando en ella me dormí. El
día de colegio lo pasé pensando en el momento del encuentro con la
vecina del cuarto. El día se hizo largo, interminable, tenía tantas
ganas de encontrarme con Adelaida ¡Sí, se llama Adelaida! Que los
minutos parecían horas ¡Cielos, si mi madre se entera! Espero que no, me
dijo que la próxima trastada que hiciera me internaría en un colegio de
monjas ¡Eso sería mi perdición! Yo he nacido para ser prostituta y no
pararé hasta conseguirlo, a pesar de lo que digan mis padres. A ninguna
de las chicas que conozco le gustaría ser de mayor prostituta. Unas
quieren ser abogadas, otras médicos, ingenieras en telecomunicaciones las
menos ¡Pero putas, ninguna! Pues yo lo seré, y sacaré matrícula de
honor ¡Pese a quien pese! Y como todo me salga bien, Adelaida será mi
profesora ¡Con chicos ya he follado! Con mujeres aún no, espero que ella
sea la primera y que me enseñe todo lo que sepa ¡Estoy segura de que será
mucho! Ahí está, no me tengo que poner nerviosa, simplemente meterle
mano: -¡Hola Adelaida! ¿Qué guapa estás hoy? -Gracias, tú lo estás siempre niña. -Me llamo Anita ¡Ya no soy tan niña! ¿Quieres saber mi edad? -No
necesito saber tu edad, se que eres una niña muy joven, con eso me basta. La
conversación no me dio pie para meter mi temblorosa mano por debajo de su
corta falda, pero yo como siempre hago las cosas por impulsos, sin
pensarlo dos veces, lo hice ¡Valla si lo hice! Ella dijo: -¿Qué haces? No me toques el culo, tienes las manos muy frías. -Perdona, ha sido un impulso que no he podido reprimir ¡Tienes unas nalgas tan bonitas! -Niña,
me parece que eres un poco guarra. Con la edad que tienes debería de
estar dándote el lote con algún chico de tu edad en un banco de la plaza
¿No crees? La
respuesta de Adelaida mandó al traste todo mi proyecto de aprendizaje.
Sin duda alguna me equivoqué, ni le gustan las chicas y por lo comentado
menos las niñas. Mis piernas temblaban ¡Yo temblaba! ¿Qué pasaría
ahora? Si se enfada y le cuenta lo sucedido a mi madre ¡Tierra, trágame!
No reaccioné, pero cuando lo quise hacer, ya esteba en mí rellano, sin
decir nada salí del ascensor y ella dijo: -Esto no se queda así, luego pasaré por tu casa para hablar con tus padres ¡Mereces un castigo! Entré
en casa como alma que se lleva el diablo, fui directamente hasta mi
habitación y me dispuse para hacer los deberes que me habían mandado en
el colegio. Mientras los hacía me preguntaba ¿Por qué es tan difícil?
Suena el timbre: -Anita, abre la puerta que yo estoy ocupada ¡Antes mira por la mirilla! Si no es alguien conocido no abras. -Mamá, ya sabes que no alcanzo a la mirilla. -Súbete en una silla como has hecho otras muchas veces ¡Hazlo, estoy acabándome de duchar, ahora mismo salgo! -¡Vale
mamá! Estaba
segura que la que tocaba al timbre era Adelaida que venía para hablar con
mis padres. Subida en una silla eché una mirada por el alto visor de la
mirilla ¡Jolines! No me equivoqué era la vecina del cuarto en carne y
hueso. -Mi madre viene ahora, está acabándose de vestir. -Gracia,
esperaré aquí mismo. Mi
madre, como no podía ser de otra manera no tardó mas que un minuto en
hacer acto de presencia, hizo pasar a Adelaida a la sala de estar y allí
estuvieron hablando de mí. Sentí a mi madre como le decía: -No
sé que hacer con esta niña, se ha empeñado en decir que de mayor quiere
ser prostituta. Lo dice con tanta naturalidad que me da miedo. Por favor,
perdone lo que le ha hecho, le agradezco que me lo halla dicho. Adelaida
se marchó y mi madre tuvo unas palabras conmigo. Yo la escuchaba pero no
le ponía ninguna atención ¡Estaba decidida! Esa misma noche me escapé
de casa, preparé una mochila con un poco de ropa y todo el dinero de la
hucha. Ese fue el principio del fin de mi vida ¡Qué arrepentida estoy! Sólo
tenía 12 años, 12 años de fantasías e inexperiencia y la calle es una
selva ¡Una selva que te curte, una selva que te destroza! Mi
historia, ahora explicada a los 25 años es una historia como las de
muchas chicas que han tenido la mala suerte de criarse sola en las calles
de esta o aquella ciudad ¡No importa! Todas son iguales, lo puedo
asegurar con conocimiento de causa. Decidida
a realizar mi sueño, salí de casa con destino a la estación de trenes
de la ciudad donde vivía, a pesar de mi poca edad, sabía que hacer en
todo momento, por lo que decidí poner rumbo a la ciudad de Barcelona
(España). Recuerdo que era una noche gélida. Con mi mochila colgada a la
espalda esperé hasta escuchar: -El
tren con destino a Barcelona efectuará su salida a las... en el andén 3,
rogamos a los señores pasajeros que suban ya que en breve efectuará su
salida. Yo
sabía que si sacaba un billete, no me lo darían y avisarían a la policía
ya que era una niña. Como años antes había viajado con mi madre hasta Málaga,
sabía que pasaba un señor al que llamaban revisor, este hombre tenía la
misión de controlar que los pasajeros viajaran con billete. Por lo que se
me ocurrió sentarme en un asiento vacío, cuando el revisor llegaba yo me
iba al lavabo y cuando llegaba y tocaba le decía que estaba haciendo mis
necesidades y que mi madre ya le había dado el billete ¡Tuve suerte! El
hombre se lo creyó y me dejó que hiciera lo que tenía que hacer en el
retrete. Por la mañana temprano llegué a Barcelona, no había puesto un
pie en la estación cuando ya estaba arrepintiéndome de haber huido de
casa. Con lo fácil que hubiera sido acercarse a un policía y decirle que
me había escapado ¡Lo pensé! Estuve a punto de hacerlo pero en el último
momento me arrepentí. No hacerlo fue el segundo error de mi vida ¡Luego
vinieron muchos otros! De
la estación al barrio donde hay cantidad de burdeles no tardé más de 15
minutos en llegar. El día por suerte para mis huesos amaneció en
Barcelona soleado, empezaba a tener hambre y aunque llevaba 100 euros que
tenía ahorrados no me atreví a entrar en ningún bar o restaurante para
comer. Andando de aquí para allá me tropecé con un mercado. Allí empecé
a darle una dirección a mi vida que sería el tormento del resto de mis días. Cuando
encontré el mercado como estaba hambrienta empecé a robar para comer ¡No
había marcha atrás! Ese fue el primer eslabón de una larga cadena de
robos, uno llevó al otro y ese fue el rumbo de mi asquerosa vida. No
habían pasado dos semanas cuando ya estaba atrapada en las redes de
prostitución infantil de la ciudad ¡Qué pocos escrúpulos tenían! No
dudaron en convertirme en lo que yo tanto deseaba. Mis deseos se
convirtieron en realidad ¡Por fin me convertí en prostituta! Sí, a los
12 años y dos meses fui follada por el primer individuo ¡Un viejo! Que
debía tener más de 50 años, fue el primer hombre que introdujo su gordo
y asqueroso pene en mi pequeña vagina la cual desgarró. En ese momento
me di cuenta lo que era follar, les aseguro que mentí cuando dije que
follé con chicos ¡Nunca lo hice! Ese ser inmenso y calvo fue el primer
pedófilo que introdujo su pene en mi vagina, pero no se conformó con eso
¡No! Me obligó a que le chupara el pene después de haberme follado.
Perdonad si os ofende mi vocabulario ¡No tengo otro! Es el que he
aprendido durante los 13 años de malvivir ¡Es el único que sé! La
errónea fantasía de ser prostituta empezó a pasarme factura. Quise
escapar de las garras de la red de prostitución infantil en la que caí
¡Lo intenté, les aseguro que lo intenté! Pero ellos nunca permitieron
que me alejara, día y noche era vigilada por una mujer de gran maldad ¡Y
menos escrúpulos! Ella era la que se encargaba de recoger el dinero que
yo ganaba. Luego con el paso del tiempo supe que pagaban por disfrutar de
mi cuerpo ¡Eso era ser prostituta! Ganaba dinero y yo solamente recibía
como pago un poco de comida para que no muriera ¡No tenía caprichos! La
mala pécora me obligaba a robar a los clientes y darle el dinero a ella
¡Nunca tenía bastante! Con el dinero que le robaba a la mafia y con el
que yo robaba a los clientes ella se drogaba constantemente. Todos y cada
uno de los días que permaneció a mi lado como secuestradora estuvo
drogada. Mi
vida con semejante ser abominable fue un verdadero tormento, nunca tuvo un
gesto de cariño. Cuando no follaba con los infanticidas follaba con mi
carcelera. Si asco me daba follar con los repugnantes hombres, terror me
daba follar con una mujer que parecía muerta ¡No les cuento la falta de
higiene que tenía! Una noche mientras me introducía un enorme consolador
por mi culo murió. No por la excitación de hacerlo, supongo que fue por
la gran cantidad de heroína que introdujo en su cuerpo ¡Así reviente,
libre por fin! Eso es lo que pensé, escaparé y me presentaré al primer
policía que me encuentre. Otro infortunio ¡Qué mala suerte! La
deplorable mujer que me retenía parecía tener un dispositivo avisador
incrustado en su cuerpo para cuando su corazón dejara de latir. No habían
pasado ni dos minutos, cuando me disponía a dejar esa mugrienta habitación
escaleras abajo, se presentaron dos tíos enormes con caras de pocos
amigos. Me agarraron y me llevaron con una vieja mujer que sería mi nueva
carcelera. Mis
ojos soltaban lágrimas de pura rabia. Había aprendido a no llorar por
nada, pero las lágrimas brotaban de mis ojos como si fuera una niña ¡Aunque
no lo era! Bueno sí, si lo era, pero en aquellos momentos ya no sabía ¡No
sabía qué es lo que era! Mi infancia murió en la casa donde nací ¡Sí,
allí en Madrid! He
perdido la cuenta de los hombres y mujeres que han practicado el sexo
conmigo. Tres infecciones de vagina y un aborto fueron el resultado de las
violaciones repetitivas que sufrí ¡No importaban, me estaba haciendo
dura! Mis sentimientos quedaban al margen. Cada vez era más y más
impasible ¡Nada me importaba o eso creía yo! Mi
vida tomó un nuevo rumbo al cumplir los catorce años, durante una pequeña
fiesta que organizó en mi honor ¡Si eso se podía llamar fiesta! Mi
carcelera invitó a un cliente que se encaprichó de mí ¡Cómo no
hacerlo! Una niña de catorce años es un majar para estos repugnantes
seres ¡Mi vida cambió! Me vendieron como si de un coche se tratara,
desde ese momento aprendí a sufrir más ¡Sí aun más! Ese violador de
niñas, además de follarme un día sí, y otro también. Disfrutaba dándome
unas palizas de las que aún tengo grandes señales ¡Tenía derecho, era
mi dueño! Eso es lo que una y otra vez repetía ¡Él lo repetía, yo
cobraba! Durante el tiempo que este maravilloso hombre me tuvo en su
poder, me obligó a follar sin protección alguna ¡Cómo disfrutaba, él
claro está! Quedé 2 veces embarazada pero el muy cerdo tenía tantos
contactos que venían médicos ¡Sí médicos titulados! En casa me
provocaban el aborto. Así entre ostias y golpes en los riñones y siempre
con morados por todas las partes de mi cuerpo fue pasando el tiempo hasta
cumplir los 15 años. Qué maravilloso día de cumpleaños, la suerte
estuvo aliada en esa ocasión conmigo, como regalo ese energúmeno que me
maltrataba murió en un espantoso accidente de tráfico ¡Digo espantoso!
No porque semejante animal muriera, sino porque fue a chocar contra un
coche ocupado por una familia que murió en su totalidad ¡Hasta para eso
fue un hijo de la gran puta! Murió él, pero mató al padre, la madre y a
tres hijos de corta edad. Nuevamente
volví a creer que quedaría libre ¡Qué ingenua! Los mismos sujetos que
me dieron la noticia del accidente de mi dueño y señor me llevaron con
ellos. Me hicieron poner unas gafas oscuras y entre los dos me acompañaron
al coche, allí fui drogada y desperté en una casa de prostitución ¡Sí,
en un burdel! Con 15 años ya aparentaba 18, por ese motivo fui apartada
de la prostitución infantil ¡Pasé a se una mujer! La verdad es que de
sentimientos ya lo era ¡Había recibido muchos palos, para no serlo! Por
lo tanto pasé a engrosar la lista de las prostitutas de un burdel de
carretera. Por lo menos eso me pareció, ya que desde una pequeña ventana
podía ver gran cantidad de camiones. Allí pasé dos años más o menos
en calma ¡Presa! Pero tranquila, nunca volví a recibir un palo ¡Mi
cuerpo lo agradeció! Una
noche alguien olvidó cerrar la puerta de mi habitación y no dudé en
escapar, durante toda la noche anduve sin rumbo ¡No sabía dónde estaba!
A las seis de la mañana fui de nuevo capturada y posteriormente llevada
al burdel. Para escarmiento me obsequiaron con una agradable paliza que me
tuvo apartada del servicio durante dos semanas ¡Cuantas y cuantas noches
me he arrepentido de huir de casas! Nunca lo había hecho, pero esa paliza
hizo que pensara en mis padres. No los culpo, pero me pregunto una y otra
vez ¿Cómo permitieron que fuera tan rebelde? Si me hubieran pegado una
paliza a tiempo ¡No hubiera recibido tantas a destiempo! ¿Qué
me podía pasar que ya no lo hubiera hecho? Nada, Eso es lo que yo
pensaba. Pero me encerraron con una chica que era heroinómana, hasta ese
momento nunca había tomado drogas, pero estaba tan asqueada de mi vida ¡Me
dolía tanto la paliza recibida! Que quise acabar con mi vida. Recogí la
jeringuilla que esa chica acababa de inyectarse y sin dudarlo dos veces me
la inyecté con aire. No tardó en producirme una embolia en el brazo ¡Qué
dolor! Daba unos gritos que se debían sentir en todo el edificio. Los
vigilantes no tardaron en llegar, para callarme no dudaron en aplicarme
una dosis doble de heroína, su intención era matarme para que callara,
pero en lugar de conseguirlo al introducir la dosis de heroína la embolia
desapareció y con ella el dolor. Así me convertí en drogadicta ¡Heroinómana,
sólo me faltaba eso! Prostituta por obligación y drogadicta por
necesidad. Muriendo poco a poco, estaba alegre, así no me enteraba de si
los clientes vaciaban su semen, en mi culo, coño o boca ¡Me daba igual!
Pasó el tiempo sin sentir, cuando cumplí los 18 años ya era todo un cadáver
andante. Como
no podía suceder de otra manera enfermé ¡Ya no valía para ejercer como
prostituta! El médico me diagnosticó que tenía el SIDA, siendo
portadora de tan temida enfermedad intentaron quitarme del medio inyectándome
una gran cantidad de heroína pura y me tiraron el la cuneta de una
carretera para que allí muriera y me encontraran con la jeringuilla
clavada ¡Sería una muerte por sobredosis! Nadie sospecharía nada, nadie
investigaría nada, sería la muerte de una drogadicta más. Pensaron que
mi cuerpo no resistiría ¡Se equivocaron! Fui
encontrada por una patrulla de la policía municipal y con urgencia
llamaron a una ambulancia ya que aún respiraba. Sentía como hablaban,
les sentía pero no les veía, estaba apunto de dejar este maravilloso
mundo para ir a otro ¡No sé cual! Pero sin duda a otro mejor que en el
que me ha tocado vivir. Como siempre y por desgracia para mí, mi cuerpo
aguantó y en el hospital fui recuperada para la sociedad ¡Eso creía yo! Con
mi recuperación empezó un nuevo calvario ¡Qué desdichada! Mejor
hubiera sido encontrar el camino hacia otro mundo. ¿Qué hacía ya en éste?
Enferma, prostituta y casi analfabeta ¿Qué podía esperar de la vida?
Totalmente curada respecto a las heridas y secuelas físicas ¡No las síquicas!
Me dieron el alta: -Señorita,
tiene que tomarse estas pastillas todos los días durante el resto de su
vida ¡No lo olvide! Lleve este informe a su médico de cabecera y el se
las recetará. Yo
no sabía nada, salí del hospital y me senté en un banco de un parque
que estaba justo frente a la puerta principal. Como catatónica estuve
sentada durante todo el día, las personas que pasaban miraban, murmuraban
pero ninguna me ayudaba ¡No sabía que hacer! -¿Señorita,
se encuentra bien? Un
niño ¡Un niño! Que paseaba por el parque en bicicleta fuel el que se
dignó a preguntar por mi estado, Si ese era el mundo que me había
perdido durante esos 6 penosos años ¡No había perdido nada! Todo lo
empezaba a ver de color oscuro. Empecé a odiar a todo y a todos ¡No
quiero vivir! -No,
no me pasa nada ¿Dónde está la estación de trenes? Estaba
tan sorprendida ¡Tan desorientada! Estaba en la ciudad de Valencia y ni
siquiera sabía como había llegado allí. Recordaba el acento de los
hombres que me follaban en el burdel y para nada se parecía al de las
personas de Valencia ¡Es más! No creo que ni siquiera fueran de España
¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé por qué me preocupaba. ¿Qué
más daba? Ser retenida en España o fuera de ella, sea como sea no me harán
caso alguno en ninguna comisaría ¡Pensarán que estoy loca! Decidí
volver a casa, lo haría en tren que es la manera más fácil de viajar
sin pagar. Caminando en dirección a la estación fui pensando en que es
lo que diría a mis padres cuando apareciera en la puerta de su casa ¿Me
recordarán? Un escalofrío recorrió la totalidad de mi cuerpo. Ya en la
estación busqué un asiento para pasar la noche ¡Vuelta a empezar! Sola
y sin dinero, sentada esperé la llegada del tren que me llevaría a la
casa que nunca debiera haber dejado. Tenía hambre, estaba mareada por no
probar alimento alguno desde que salí del hospital. Hambrienta como
estaba monté en el tren. -Señorita ¡Billete por favor! -No
tengo billete, no tengo dinero para comprarlo. No
sé si mi suerte empezaba a cambiar, pero el hombre encargado de vigilar
que nadie viaje sin pagar miró fijamente mis ojos, ojos llenos de
incertidumbres. No sé que es lo que vio en ellos que dice: -No
se preocupe, viaje hasta donde se dirija no le volveré a pedir el
billete. Empezaba
a ver que aún quedaban personas buenas ¡Que no todo era malo! A pesar de
mi dureza mis ojos empezaron a derramar lágrimas ¡Lágrimas de
impotencia! Lágrimas de agradecimiento. Ese hombre era la segunda persona
en el día que se había interesado por mí ¡Me había ayudado! Y sin
pedir nada a cambio. Por el fondo del pasillo le veo aparecer: -¡Hola chica! ¿Por cierto, cómo te llamas? -Me
llamaban Anita. El
hombre no solamente me dejó viajar sin billete, me trajo un bocadillo y
una botella de agua. Se preocupó por mí, le conté un poco de lo
sucedido y se le saltaron las lágrimas ¡Qué dulzura de hombre! Cuando
llegué a Madrid, me disponía a descender del tren, se acercó y me dijo: -Toma Anita, he hablado con los compañeros y entre todos hemos reunido 100 euros para que te defiendas unos días ¡Te deseamos suerte! Toma mi número de teléfono, si alguna vez te encuentras en apuros llámame. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|