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Relato El
silencio de la noche es algo que la llena de quietud, en ese momento del día
es cuando se relaja y trabaja con ganas y rindiendo al máximo. Marta es
una chica de ciudad presa en una mente de mujer de pueblo, adora la
tranquilidad y cada día que pasa odia más el lugar donde vive. Nada
la ataba en aquella ciudad llena de bullicio, pocas eran sus pertenencias,
todo le cabía en una mochila. Le costó pero un martes del mes de
noviembre quiso romper con su pasado. Marta
vivía asqueada de lo que le rodeaba, estaba harta de soportar la
competencia, la envidia de sus compañeros de trabajo. No lo pudo soportar
más, puso todas sus cosas en su mochila y se marchó a conocer mundo. Atrás
quedarían los días de agobio en la oficina, los días de soportar al cínico
de su jefe más inmediato, a las chismosas de sus compañeras y los estúpidos
e hipócritas de sus compañeros. Como
era natural, como les pasa a las personas que no tienen las ideas claras,
al salir, justo al cruzar el umbral de la puerta del edificio donde vivía.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, allí, plantada mirando al frente
no sabía que rumbo tomar... fueron unos instantes de dudas pero al fin
decidió qué hacer. La
mañana era fresca, no había tomado nada y mochila en mano se dirigió al
bar en donde todas las mañanas desayunaba, era una mañana como todas,
nada había de especial, excepto la chica de la barra, ¡no la conocía!
Sus ojos se clavaron en los de ella, su sonrisa le cautivo y acercándose
le dijo: -¡Buenos
días! Póngame un café con leche y una rosquilla de esas con chocolate,
¡tienen buena pinta! Mientras
le preparaba el café y le ponía en un plato el dulce que había pedido
la estuvo observando, le miraba las piernas, su hermoso culo y sus
voluminosos pechos. No era extraño el ver como la miraba, Marta era una
mujer que le gustaban las mujeres, nunca había mantenido relación con
ninguna pero lo deseaba, en su interior lo quería. La chica le puso el
café y la pasta sobre la barra del bar. -Aquí
tiene señorita, que le aproveche. –Dijo la joven mujer. -Gracias
muy amable. –Contestó mirándola casi embobada. Mientras
se tomaba el café, y se comía la pasta que había pedido, por su cabeza
pasaron infinidad de pensamientos, pensamientos que le hacían tener dudas
en si debería marcharse o quedarse para tratar de hacer amistad con esa
chica que tanto le había gustado. Marta
solamente tenía ojos para ella, para esa chica que la embelesaba y que
parecía haberla atrapado en sus redes. Se levantó del taburete en el que
estaba sentada y sin darse cuenta se dirigió a la salida sin haber
pagado. -¡Señorita,
son dos euros con veinte! –Le exclamó la chica desde la barra. -Perdone,
no sé en que estaría pensando para marcharme sin pagar. Tome cóbrese!
–Dijo Marta dándole un billete de 10 euros. Mientras
esperaba el cambio, una y otra vez se daba ánimos para decidirse a
invitarla a salir con ella. La chica le dio en cambio: -Tenga
Señorita su dinero. -¿Cuándo
termina el trabajo? –Se decidió a decirle. -¿Para
qué quiere saberlo Señorita? –Seria le contestó la chica de la barra. -Me
gustaría que aceptara mi invitación para tomar unas copas. -Lo
siento, pero no acostumbro a salir con personas a las que no conozco. -Lo
entiendo, me llamo Marta, y vivo justo dos pisos más arriba de este bar.
Ya me conoce. ¿Acepta esa copa? –Dijo Marta sonriendo. -¡Qué
cachonda eres, me gusta! Como ya la conozco, aceptaré esa copa, pase a
buscarme a las siete de la tarde que termina mi turno. ¡Por cierto, me
llamo Clara! Marta
cambió de idea, fue a trabajar y pasó todo el día pensando en aquella
mujer que le había robado el corazón, deseando que llegara la hora para
verla. Llegó
la hora, presurosa se dirigió al bar donde se encontraría con su amada
para tomar unas copas y charlar. Iba alegre, y muy ilusionada porque parecía
que había encontrado a su deseada pareja. Entró en el bar, miró a un
lado, y al otro y no la vio, se acercó a la barra y preguntó por ella al
camarero de siempre: -¿Braulio,
sabes donde está Clara, la chica que servía en la barra esta mañana? -¿De
qué chica hablas Marta? Aquí el único camarero que trabaja soy yo, este
negocio no da para más de una persona. Marta
se quedó desorientada y extrañada por lo que Braulio el camarero de
tantos años le decía. Reflexiva salió del bar y subió a su solitario
piso, su piso desde hacía tantos años. Estirada en el sofá mirando a la
televisión daba vueltas en su cabeza a lo que había sucedido. Se quedó
paralizada al ver el rostro de esa chica en la televisión, de la que decía
la siguiente noticia: -Clara...
desapareció el lunes de su casa a las 20 horas. Se ruega a quien sepa
algo de ella llame al número... Esta chica tiene sus facultades mentales
algo mermadas. Por
un momento pensó en llamar al número que había visto en la televisión,
pero se percató de que si les decía que la había visto en el bar y le
preguntaban a Braulio por ella, la relacionaría y pensarían que estaba
loca. Por eso decidió no llamar y no dar pistas que podrían ser falsas. Marta
no sabía que lo que estaba a punto de sucederle cambiaría su vida, seguía
estirada en el sofá cuando sonó el timbre de la puertas de su casa. Se
levantó y se dirigió hasta la puerta para mirar por la mirilla para ver
quién era: -¡No
puede ser! –Dijo Marta al ver por la mirilla a Clara. No
tenía claro si abrir la puerta o si llamar a la policía o directamente
al número que habían dado por la televisión, abrió la puerta: -¡Por
favor Marta, déjame pasar y cierra la puerta, me siguen! –Dijo Clara
exaltada. Marta
estaba confundida, y se preguntaba por qué causa Braulio le había dicho
que esa mañana nadie había despachado en el bar más que él. Estaba
dispuesta a llegar al fondo de aquel misterio. Dejó pasar a Clara y le
preguntó: -¿Clara,
que es lo que te pasa? He visto una fotografía tuya en la televisión y
decían que habías desaparecidos y que no estás muy bien de la cabeza. -Sí,
es cierto, me he escapado. Pero no te creas que estoy chiflada. Eso lo han
dicho para que se chiven de mi paradero. -Clara
no entiendo nada, ¿cómo escapas de tu familia? -No
es mi familia, es una familia que me tenía como una esclava trabajando
para ellos. Marta
estaba tan falta de amistad, que a pesar de no ver nada clara la historia
de Clara la invitó a quedarse a pasar la noche allí con ella. No pensó
en qué le podía suceder, solamente pensó en la belleza de la hermosa
Clara. Que sentada junto a ella en el sofá dejaba sus muslos al aire
debido a lo corto de la falda que llevaba. -¡Cálmate
Clara! ¿Quieres tomar algo? –Le dijo mientras le acariciaba la pierna
izquierda con su mano derecha. -Sí
Marta, te agradecería que me dieras un vaso de agua. Estoy sedienta por
la angustia que he pasado. Se
levantó y fue a la cocina por una botella de agua mineral, ya que la del
grifo sabía mucho a sabor de cloro. Al regresar con la botella y dos
vasos se fijó en la entrepierna de Clara, que parecía tener la falda más
alzada que cuando se fue de su lado. -Toma
Clara, bebe toda la que quieras que tengo 5 botellas más de agua. –Le
dijo mirándola fijamente a los ojos. -Marta
eres una mujer muy amable y muy confiada, te fías de la primera persona
que llama para pedir socorro a tu puerta. -Clara,
tú y yo nos conocemos, nos presentamos esta mañana en el bar de abajo en
el que estabas trabajando. -No
sé de qué me estás hablando Marta, yo no te conozco de nada. Iba
corriendo calle abajo huyendo de mis perseguidores cuando he visto la
puerta del portal de este edificio que se cerraba, he entrado y he mirado
en los buzones y he elegido tu puerta para pedir auxilio. Por eso se que
te llamas Marta. -Estoy
confundida, te prometo que esta mañana nos hemos conocido en el bar de
Braulio en el que tú me has servido un café y una pasta. ¿No te
acuerdas? -Te
lo prometo Marta, no te conozco de nada, por eso te agradezco que me hayas
socorrido. Una
vez pasado el sofoco, Clara aceptó la oferta de comer algo con ella, era
poco lo que tenía pero el par de huevos fritos con lomo que le hizo, le
parecieron un verdadero manjar ya que llevaba desde el día anterior sin
probar bocado. -¡Gracias
Marta, estaba delicioso! –Exclamó Clara. -¿Quieres
ahora un café con lecha caliente? -Sí,
te lo agradezco. Marta eres un sol de mujer. ¿Vives aquí sola? Marta
agradeció el piropo de Clara y le informó de que vivía sola. Por un
momento estuvo por decirle a Clara que le gustaban las chicas, pero
sorprendentemente se adelantó ella diciéndole: -Marta,
no te enfades pero quisiera saber una cosa. ¿Eres lesbiana? -No
me enfado, no te preocupes. Sí, ¿en qué me lo has notado? –Contestó
preguntando Marta. -Veo
que me miras mucho las piernas y los pechos. ¿Te gustan verdad? -Mucho
Clara. –Le dijo Marta. -Tengo
una idea, se que tengo mucha cara, pero como desde ayer no me he lavado y
he estado corriendo de un lado para otro todo el día, me gustaría tomar
un baño y después me encantaría acostarme contigo para agradecerte tu
hospitalidad. -No
tienes porque hacerlo, dúchate y te daré ropa limpia para que te cambies
pero no te veas obligada a acostarte conmigo. –Le sonrió diciéndole a
Clara. Durante
el tiempo que Clara se estuvo duchando, Marta estuvo mirando la televisión
y nuevamente volvió a ver la foto de Clara en la televisión. Pero se
quedó helada al oír que ya había sido localizada, pero no podía dar crédito
a lo que escuchaba, decían que había sido encontrada muerta. Un helado
frío cubrió todo su cuerpo al sentir la noticia, ¿cómo podía estar
muerta? Estaba en su cuarto de baño dándose una ducha, ¿qué estaba
ocurriendo? Clara salió de la ducha y regresó a donde estaba Marta
estupefacta escuchando la televisión en cuanto la vio le dijo: -Clara
es muy raro lo que está pasando, acaban de dar tu foto en por la televisión
y han dicho que te han encontrado muerta. ¿Qué te parece? -Que
es una trama para que me confíe y aparezca para ser capturada. Olvídate
de la televisión y centrémonos en nuestro romance. –Le dijo Clara con
una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja. Marta
la llevó a su dormitorio y le dijo que se acostara para calentar la cama,
así mientras ella se bañaría y se perfumaría para estar limpia y
relajada. Así lo hizo. Cuando hubo terminado, se dirigió a la puerta de
entrada y echó los cerrojos y cerró con llave quitando ésta para que
nadie pudiera entra ni salir de la casa. La llave la guardó en una pequeña
caja que tenía escondida en un lugar casi imposible de encontrar. Regresó
al dormitorio donde le esperaba Clara risueña tapada hasta el cuello. -Ven
cariño, tengo la cama calentita como tú me has dicho. –Le dijo
sonriendo. Marta
se introdujo y se abrazó a Clara con ternura, la acariciaba como si de un
amor de toda la vida se tratara. Durante toda la noche estuvieron haciendo
el amor en todas las posturas imaginables, la hizo disfrutar de ella como
siempre había deseado disfrutar de una mujer. ¡Marta estaba feliz!
Exhausta se quedó dormida hasta que el despertador sonó... Abrió los
ojos y giró su cuerpo para encontrar a Clara, pero no estaba en la cama,
Pensó que se abría levantado, ella lo hizo y fue a buscarla por toda la
casa pero allí no estaba, fue a la puerta de entrada para ver si alguien
había abierto, todos los cerrojos estaban echados, la cerradura cerrada,
la llave en la caja donde la guardó. Pesó que se habría ido por alguna
de las ventanas pero todas estaban cerradas. Aquello
era muy extraño, en su interior sentía quietud, entró en el dormitorio
y vio en la mesita de noche una cadena de oro con un camafeo, lo abrió y
quedó petrificada, era ella, Clara la llevaba fotografiada en él. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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