Amor imposible 

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: Amor imposible
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Rogelio
Actores: Rogelio, Aurelia, Gertrudis, Patricia, Noelia, Rodolfo
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - ¿Obsesión?
Duración: 010 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Desde que hace ya algo más de 6 meses, fechas en las que cumplí los 18 años de edad, mi vecina Gertrudis dejó de ser un amor platónico sin sexo y difícil o imposible de conseguir a ser un amor al alcance de mis manos. Mi edad en el país en el que vivía me lo permitía. Muchas veces me insinué a ella pero en ninguna de las ocasiones me hizo caso, un día me dijo que era menor de edad y que ella no estaba dispuesta a ir a la cárcel por el amor de un niño. El tiempo ha pasado, me he hecho mayor y mi vecina Gertrudis sigue estando tan buena como siembre lo había estado.  

Gertrudis cuando cumplí los 18 años que era mi mayoría de edad legal tenía algo más de 50 años, y estaba enamorado de ella como nunca lo he vuelto a estar de nadie jamás. Son incontables las veces que me he masturbado pensando en ella, ¡ahora no se librará de mí!  

De mis pensamientos pasé a la acción sin pensar en las consecuencias de lo que podía pasar. Escasas horas habían pasado desde del día de mi cumpleaños cuando me encontré a mi vecina en la panadería, fui a comprar el pan del domingo, al entrar allí estaba ella exponiendo su hermoso culo para quien pudiera verlo.  

-Buenos días. -Dije al entrar.  

Ella se volvió, me contestó y al tiempo me sonrió como siempre lo hacía. Me acerqué a su lado y decidido le dije en voz baja junto a su oído derecho para que la panadera no me sitiera:  

-Estoy enamorado de usted, ya tengo 18 años y me gustaría mucho ser su amante.  

Ella no se inmutó, se limitó a sonreírme y a seguir esperando mientras le tocaba la vez para comprar lo que necesitaba de la panadería. Yo mientras tanto seguía en pie a su lado, impasible pero desilusionado por su reacción.  

-Me gustas. Le dije nuevamente al oído.  

Volví la cara, de reojo vi que ella siguió esperando y mirando al frente como si nada hubiera sucedido, miraba a la panadera ignorándome como si nada le hubiera dicho.  

-¿A quién le toca ahora? –Dijo la señora Elisa la panadera.

-¡Me toca a mí! –Exclamó con voz relajada mi hermosa y madura mujer.  

El amor o quizás deseo que sentía por aquella mujer desde que cumplí los 12 años era algo inexplicable y aún más difícil de entender por nadie que no hubiera estado enamora do alguna vez. Gertrudis pidió, la panadera le sirvió, pagó y se marcho si ni siquiera mirarme.  

Llegué a casa serio, abatido, porque no había conseguido lo que más deseaba en este mundo, que era acariciar la piel de mi amada. Mi madre vio la tristeza de mi cara y mirándome fijamente a los ojos me preguntó:  

-¿Dime Rogelio, qué es lo que te pasa?

-No me pasa nada mamá, ¿por qué lo preguntas?  

Desayuné disimulando lo que pude mi tristeza y me retiré a mi habitación para meditar sobre lo acontecido en la panadería, no me quería crecer que lo que había sucedido es que Gertrudis me había rechazado. Seguía, quería seguir creyendo que aquella mujer de la que estaba enamorado en un momento u otro cedería y correspondería a mis deseos. Allí estaba tumbado en la cama boca arriba pensando en ella cuando hizo aparición mi hermana Patricia en sujetador y braguitas que a penas tapaban su vulva.  

-Rogelio, tengo que salir, ¿me prestas tu moto? Mi coche se ha averiado y lo tengo en el taller.

-Sí Patricia, yo no la necesito. Hoy no pienso salir. Toma 20 euros, llénale el depósito que apenas le queda medio litro en la reserva.  

Patricia se acercó hasta la cama donde estaba tumbado para coger los 20 euros, al verla tan cerca de mí, no pude evitar fijarme en sus braguitas que dejaban traslucir su monte de Venus y resto de la vulva totalmente depilados y con una fragancia excitante que despedía. Le dije:  

-Patricia, tendrías que ir pensando en no exhibirte delante de mí en ropa interior, me lo pones muy difícil, ten en cuenta que aunque seas mi hermana mayor sigues siendo una mujer, ¡muy hermosa por cierto!  

Me dejó más que helado la respuesta de mi hermana, se reclinó para tomar en sus manos el billete de 20 euros, aprovechando para acercar sus labios a los míos y darme un beso en la cara rozando mis labios.  

-Ahora tengo prisa, pero cuando vuelva, te voy a dar algo que creo que deseas y que sin duda necesitas. –Dijo sonriendo.  

En la cama, tumbado, turbado y pensativo una y otra vez me pregunté a que se referiría Patricia con lo que me dijo. En eso estaba cuando tocaron a la puerta del dormitorio, si tocaban esa no podía ser otra que mi madre, porque ni mis hermanas ni la asistenta tenían la delicadeza ni el respeto de llamar:  

-Mamá puedes pasar. Esto vestido y totalmente visible.

-¿Cómo has sabido que era yo hijo? –Dijo mi madre con seriedad.

-¿Por qué preguntas? Porque eres la única que me respetas. Como soy el menor, todos me toman por un niño al que todos pueden interrumpir en lo que está haciendo en su habitación.  

Eso le contesté, a pesar de que en esa ocasión también mi madre pareció que no me respetaba ya que entró en mi habitación de la misma forma que lo había hecho Patricia. Solamente llevaba el sujetador y unas bragas de encaje que le cubrían hasta la cintura, medias y unos zapatos de tacón.  

-Hijo, tengo mucha prisa, perdona que venga a medio vestir, pero necesito que me abroches las hebillas de los tacones que me acabo de pintar las uñas y no me las quiero estropear.  

Me levanté de la cama y me arrodillé delante de ella para abrocharle los zapatos, en unos segundos lo hice:  

-Ya está mamá, los zapatos abrochados.

-Gracias hijo, ahora tengo mucha prisa, pero cuando vuelva a la noche te lo agradeceré como este favor lo merece.  

Aquello que me estaba pasando era una verdadera confabulación, porque nada más salir mi madre, cuando nuevamente estaba acostado pensando en todo lo sucedido entró mi hermana Noelia que me dejó sin habla, ella no venía en ropa interior, ella venía totalmente desnuda con una caja entre sus manos, va con toda tranquilidad y me dice:  

-Rogelio, he quedado para follar con mi novio, quiero ponerme este condón femenino pero no atino a colocármelo. ¿Serías tan amable de ponérmelo?

-Noelia, no sé si sabré colocártelo. Lo intentaré aunque pienso que se lo podías haber pedido a Mamá o a Patricia.

-Patricia se ha marchado hace unos segundos, y mamá tiene las uñas pintadas, solamente quedas tú en la casa. No te preocupes que yo te indicaré como me lo tienes que introducir.  

Estaba confirmado, que aquello que me estaba sucediendo era una confabulación, que nada era casual. Noelia me indicó como debía introducirle el preservativo en su vagina, lo hice y al tiempo de hacerlo no pude reprimir mi excitación, excitación que se dejaba ver por lo abultado de mi pantalón.  

-Noelia, ya lo tienes colocado. Espero que te lo pases bien con Rodolfo. –Le dije algo nervioso.

-Gracias Rogelio, has sido muy amable. Ahora tengo prisa, pero cuando vuelva esta noche te daré las gracias de una manera que no olvidarás jamás.  

Lo único que me faltaba es que por la puerta entrara mi padre que llevaba dos años desaparecido y que me dijera que le sujetara los huevos que se le caían al suelo y que por la noche me daría por el culo para agradecérmelo. ¡Pobre de mí, estaba hecho un verdadero lío!  

El resto del domingo lo pasé acostado en el sofá mirando la televisión y pensando en mi mala fortuna con Gertrudis, en lo enigmático de las palabras de mi madre y de mis hermanas. Mi corazón empezó a latir rápido, cada vez más rápido...  

La noche llegó, y con ella una a una fueron apareciendo por la casa. La primera que hizo aparición fue mi madre que para mi sorpresa llegó acompañada de la vecina Gertrudis a la que noté algo diferente. Como si no estuviera estirado en el sofá mi madre dijo:  

-¿Gertrudis, qué quieres tomar?

-Ponme un güisqui con hielo Aurelia. ¿Por cierto, te ha gustado como me he afeitado el coño? –Sí mucho le contestó.  

¿Qué broma era aquella? Parecía que eran amantes y que hablaban ignorando mi presencia, ¡aquello era de locos!  

Siguieron hablando de sexo, y de lo bien que lo habían pasado en la fiesta de no sé qué amigas, me estaba poniendo tan excitado de oírlas y sobre todo de verlas sentadas de manera despreocupada que ver sus piernas me estaban poniendo a cien. Indignado me levanté y con voz de verdadero cabreo dije:  

-¡Ya está bien! ¿No veis que estoy aquí?  

Ellas siguieron como si no hubiera dicho nada, sonó el timbre de la puerta de la entrada.  

-¡Hola mamá, hola Gertrudis! ¿Puedo pasar la noche aquí?

-Por supuesto hija, ¿qué es lo que te ha pasado?

-He discutido con Rodolfo y me he marchado de casa por no darle con una sartén en la cabeza, ¡es un desgraciado, no lo soporto! Mañana mismo iré a un abogado para que me arregle los papeles del divorcio.  

Me quedé paralizado, estaba frente a ella y no me veía. De su mano derecha llevaba un niño al que llamaba Rodolfo, y de la mano izquierda una niña a la que llamaba Aurelia.  

Lo que estaba viendo tenía que ser un mal sueño, sin dudas tenía que estar soñando. Mi hermana Noelia de la noche a la mañana tenía dos hijos de 7 y cinco años. Quise despertar pero no sabía cómo, el sueño, el espantoso sueño siguió su curso. Sentí como llegaba Patricia acelerando varias veces mi moto antes de pararla. Entró y dijo:  

-Joder, que bien va la moto de Rogelio, han pasado diez años y funciona como él me la dejó.  

Por más que intentaba despertar de aquella pesadilla no lo hacía, les gritaba pero no me veían o hacían como que no me veían, estaba desesperado y me acerqué hasta donde estaba mi hermana Patricia con la intención de sujetarla por la mano. ¡No... no puede ser! No la pude sujetar, quería despertar pero no pude. Los niños revoloteaban de un lugar a otro, Noelia hablaba con Gertrudis y mi madre y Patricia se fue al cuarto de baño. La seguí entró en él, cerró la puerta y se dispuso para darse un baño. Me fijé en su monte de Venus y lo tenía totalmente cubierto de vello. Aquello no era un sueño, no era una broma, era la dura realidad, ¡mi realidad, mi muerte!

*-*-*

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