Celos 

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: Celos
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Marina
Actores: Marina, Clara, Serafin. Negro
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - ¿Obsesión?
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

¿Qué es el adulterio? ¿Es la consecuencia de los celos? ¿Son los celos los causantes del adulterio? Estas y otras preguntas me hacía cuando llegamos de vuelta de nuestro viaje de novios.  

Tengo unos celos exacerbados hasta el punto de no poder soportar ver a mi marido junto a otras mujeres, en mi cabeza empiezan a dar vueltas los pequeños demonios de la infidelidad. Es una cosa que me corroe y creo que este matrimonio no llegará a buen puerto. Yo comprendo y admito que si la cosa no funciona seré la única culpable ya que Serafín me dice una y otra vez que sólo yo existo para él.  

Los días han pasado y pintan bastos, las discusiones son cosa de cada día, es insoportable, imposible seguir así. Serafín no me quiere dejar pero la realidad es que le hago la vida imposible, ¡malditos celos!  

Como último intento hemos pedido hora para ir a un asesor matrimonial “Ángel de los cielos” se llama, iba ilusionada para ver si aquel hombre nos podía, aunque tendría que decir me podría sacar de mi patético problema. Me quedé de piedra cuando entramos a la consulta y en lugar de ser un hombre era una fantástica mujer morena de ojos verdes. No sé que es lo que me ocurrió, pero en cuanto se sentó frente a nosotros y cruzó las piernas dejando sus muslos al descubierto, ¡no lo pude soportar! Grité, mala puta... ¿quieres ligarte a mi marido? Me abalancé sobre ella y la sujeté por el cuello, suerte que allí estaba mi marido, de lo contrario supongo que la abría estrangulado.  

Han pasado los meses, ahora estoy tranquila, ahora estoy divorciada y encerrada en un psiquiátrico debido a la denuncia de aquella preciosa mujer que era y que supongo que seguirá siendo la asesora matrimonial. En la vista el juez entendió que no era yo persona apta para andar libre por la vida y que estaría mejor estando en un centro cuidada, -sedada- todo el día. He de reconocer que me encuentro muy bien, pero es normal, si no tengo pareja, no tengo de quien tener celos.  

Los dos años que he pasado internada con tratamiento farmacológico, me han dejado como una mujer nueva, pero una mujer que no se atreve a mirar a nadie para no enamorarse. Constantemente pienso en Serafín, que a pesar de quererme tanto, se enrolló con la hermosa asesora matrimonial, se han casado y creo que ya tienen un precioso hijo.  

Las noches, las paso pensando y he llegado a la conclusión de que Serafín no llamó a aquella asesora por casualidad, la llamó porque ya estaba poniéndome los cuernos con ella, estaba segura que me había sido infiel.  

Una mañana fría de otoño decidí hacer algo de lo que ahora que ya es tarde me arrepiento. Averigüé dónde vivían Serafín y la usurpadora de mi matrimonio, les hice una visita. Aquella mañana aciaga intenté conversar con ellos, pero se asustaron porque pensaban que les iba agredir, ¡no era ese mi pensamiento! Pero Serafín tomó un atizador y me amenazó con darme si no me marchaba de allí, la hermosa morena ni siquiera se acercó al umbral de la puerta. Algo me pasó, monté en cólera y gritando como una posesa derribé a Serafín y llegué hasta donde estaba la ladrona de maridos con su bebé en los brazos, la mala fortuna quiso que con mi inercia la empujara y tropezara con un escalón para caer de espalda, la mala fortuna quiso que se dañara la columna, por suerte el inocente bebé cayó sobre ella y no sufrió daño alguno.  

-¡Alto, o disparo! –Escuché, era la policía.  

Nuevamente la fortuna me sonrió, ya que tenía en la mano derecha una estatua pesada de bronce con la que me disponía a darle en la cabeza, a la que desde ese día por mis celos anda en silla de ruedas, ¡malditos celos!  

Detenida y ajusticiada, nuevamente estoy encerrada en este maravilloso psiquiátrico que durante 6 años será mi hogar, mi familia me ha repudiado, ¡es para volverse loca! ¿Qué demonios estoy diciendo, loca...? ¡Pero si ya lo estoy!  

Aquí estoy abandonada por todos, tratada como una loca debido a mis celos, reconozco, ¡ahora que estoy sedada! Que me comporté como una verdadera idiota, porque si él me había engañando y había cometido adulterio, -que no lo sé-, su infidelidad fue provocada por mi histeria. Estoy arrepentida de lo que le he hecho a esa mujer, a la que ni siquiera conocía, la he dejado lamentablemente desgraciada para toda su vida ¡no es justo! Mil... un millón de veces, ¡Malditos celos, maldita yo!  

-Marina, es la hora de tu medicina. –Escuché que decía una enfermera.  

Esa medicina hace que pase la noche calmada y que duerma de un tirón sin pensar en nadie, sin pensar en nada.  

No tengo solución, me he hecho amiga de una interna, somos inseparables y he vuelto a la andadas, no la puedo ver junto a nadie. Me peleo con las internas y con las enfermeras y los médicos no me pueden ni ver.  

Me lo he ganado a pulso, llevo seis meses aislada en una habitación de la que solamente salgo para pasear por el patio durante un cuarto de hora, tres veces al día, ¡esto no es un psiquiátrico, es una prisión!  

Estoy lúcida y pienso con mucha claridad, estoy recuperada, acabo de escribir, recojo mis pocas pertenencias y me dejan libre, han pasado los seis años sin derecho a reducción alguna. Creo que en libertad estaré bien si sigo tomando regularmente las medicinas que me han recetado.  

He empezado a trabajar, y he conocido a una mujer que parece ser lesbiana, eso deduje porque me mira mucho las piernas y los pechos. He decidido no intimar con nadie para así no tener que hacer algo malo y pasarme toda la vida encerrada, no, ¡basta ya! No quiero conocer a nadie, no quiero hacer desgraciado a nadie. Estando sola viviré sin sobresaltos y sin malos pensamientos.  

Mi resistencia ha sido superada por su insistencia, Clara que así se llama, me ha tirado los tejos y me he enamorado locamente de ella. Le he contado mi gran problema y dice que no le importa, que ella sabrá como solucionar los ataques de celos y que me convertirá en una mujer nueva.  

No sé si mi estado durará mucho, no sé ni tan siquiera si soy lesbiana, lo cierto es que Clara cuando estoy algo rara y está con una chica o un chico hablando, me llama y delante de la persona o personas les dice que soy su mujer, descaradamente les dice que si se atreven a seducirme se la verán con ella, ¡es ella la que dice tener celos! –lo dice sonriendo-. Ha dado con el remedio de mi ofuscación, antes de que yo sienta celos, ella dice tenerlos. Sabe controlarme. ¡Qué puñetera!  

No me lo puedo creer, mis celos son contrarestados con los celos de mi amada, una cosa tan sencilla me ha llevado a estar 8 años privada de libertad y atiborrada de fármacos, ¡no me lo puedo creer, celos curados con celos! ¡Malditos incontrolables celos!

Clara y yo hemos decidido solicitar una niña en adopción, pero debido a mis antecedentes psiquiátricos, nos han rechazado la petición, Clara se ha quedado muy triste y ha entrado en una profunda depresión. Trato de mimarla todo lo que puedo para hacer que recupere su alegría. Sigo haciendo, mis celos siguen haciendo infelices a las personas, a personas a las que quiero.  

Parece mentira, pero las cosas más insospechadas hacen que nosotros los insignificantes humanos reaccionemos de maneras diferentes. El día del cumpleaños de Clara le regalé un cachorro de perro pastor labrador de color negro que le ha devuelto la alegría. Nunca más me ha vuelto a decir nada del tema de la adopción.  

Clara es una mujer fantástica que me quiere, nunca me ha dicho que por mi culpa no ha podido tener el hijo que deseaba. Una noche cuando estábamos los tres en la cama le dije:  

-Clara he tenido una idea, como sé que deseas que tengamos un hijo, ¿por qué no lo tenemos con inseminación artificial?

-Espera que dejo el cachorro en su cesta. –Me dijo quedando yo sorprendida.  

Pronto me sacó de mi sorpresa, dejó el perro en la cesta para besarme y hacerme el amor, me quería agradecer el regalo del perro y para decirme que olvidara el tema del hijo, que eso había sido una idea de mujer vieja. Me dejó bien claro de que conmigo tenía más que suficiente para ser querida durante su vejez.  

-¡Tú no eres vieja Clara! Te queda mucha vida por delante.

-Marina, marina... ¡qué amable eres! Si con sesenta años no soy vieja, ¿cuándo crees que lo seré? –Dijo sonriendo.  

Estuvimos hablando y me dijo que no creyera que no nos habían concedido la adopción sólo por mis antecedentes, también había sido por su vejez.  Dijo y le creí que se puso triste, no por no tener un hijo, sino por no poder sacar a un niño de la desgracia de vivir en el orfanato. Y la verdad es que tenía toda la razón del mundo, ni siquiera estábamos o pretendíamos adoptar un bebé, estábamos dispuestas acoger una niña hasta de 14 años, ¡fue injusto!  

Han pasado 5 años desde que conocí a Clara, Hoy se jubila de la empresa en la que estamos trabajando y ahora dice que se dedicará en cuerpo y alma en cuidarme y agasajarme las 24 horas del día, ¡yo la creo! Porque es una mujer de tanta bondad que no puede hacer otra cosa que amar, ¡por eso yo la amo!  

No sé si lo que me sucede es como castigo por lo que le hice a la mujer de Serafín, lo cierto es que persona con la que tengo relación acaba mal, Clara ha tenido la desgracia de haberme conocido, se ha jubilado, y no han pasado 6 meses cuando un maldito cáncer de páncreas se la ha llevado, ¿por qué ella ha sido castigada? ¿Por qué una mujer buena como ella?  

-Negro, ¡no estés triste! Ahora descansa, ahora no sufre. –Le dije a su perro que aullaba echándola de menos.  

Mis pensamientos son oscuros, mi casa está triste, me faltas y no sé cómo seguir, ¡Clara te añoro! Sé que tú no lo has decidido, ¿Pero por qué te has marchado?  

En esos pensamientos estaba, hundida, decidida a acabar con todo... ¿Qué es eso? Un resplandor salía de la habitación, ¡quedé petrificada! Fue entonces cuando dijiste:  

-Clara, yo estaré siempre junto a ti, olvida lo que estás pensando, tienes que cuidar de Negro, yo estoy en él, él está en ti.  

Su voz impregnada de serenidad me devolvió las ganas de seguir viviendo, desde ese día Negro y yo vivimos solos, ¡pero pensando en ella!  

Tengo 37 años, tengo un perro que me hace compañía y al que quiero. Fernando, el contable de la empresa me está seduciendo... estoy confundida, no quiero volver a enamorarme, aún te recuerdo:  

-¿Qué hago Clara? Me ha pedido salir hoy y sin saber que decía, le he contestado sí. Viene a buscarme ahora a las 9.  

Sentí su voz en mi cabeza, su cuerpo en mi cuerpo. Haz lo que tu corazón te diga, déjale entrar en él, por los celos no tengas miedo, ¡estás curada de ellos! Fernando es un buen hombre y te hará muy feliz.  

-¿Negro la has visto? –Dio dos ladridos y me miró fijo a los ojos.  

No estaba loca, no era imaginaciones mías, Negro también la escuchaba y creo que hasta la veía. Hice lo que ella me dijo y no me arrepiento, han pasado diez años, tengo un marido que me ama y al que respeto.  

Me siento bien, me siento feliz, sé que siempre la tengo a mi lado y es la que me ha dado fuerzas para seguir todos estos años. Pero como dice el dicho, la felicidad nunca es completa, y aunque sé que es ley de vida,  y sabía que no duraría siempre, hoy me siento triste porque Negro llega a su fin... Fin.

*-*-*

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