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Relato ¿Qué
es el adulterio? ¿Es la consecuencia de los celos? ¿Son los celos los
causantes del adulterio? Estas y otras preguntas me hacía cuando llegamos
de vuelta de nuestro viaje de novios. Tengo
unos celos exacerbados hasta el punto de no poder soportar ver a mi marido
junto a otras mujeres, en mi cabeza empiezan a dar vueltas los pequeños
demonios de la infidelidad. Es una cosa que me corroe y creo que este
matrimonio no llegará a buen puerto. Yo comprendo y admito que si la cosa
no funciona seré la única culpable ya que Serafín me dice una y otra
vez que sólo yo existo para él. Los
días han pasado y pintan bastos, las discusiones son cosa de cada día,
es insoportable, imposible seguir así. Serafín no me quiere dejar pero
la realidad es que le hago la vida imposible, ¡malditos celos! Como
último intento hemos pedido hora para ir a un asesor matrimonial “Ángel
de los cielos” se llama, iba ilusionada para ver si aquel hombre nos podía,
aunque tendría que decir me podría sacar de mi patético problema. Me
quedé de piedra cuando entramos a la consulta y en lugar de ser un hombre
era una fantástica mujer morena de ojos verdes. No sé que es lo que me
ocurrió, pero en cuanto se sentó frente a nosotros y cruzó las piernas
dejando sus muslos al descubierto, ¡no lo pude soportar! Grité, mala
puta... ¿quieres ligarte a mi marido? Me abalancé sobre ella y la sujeté
por el cuello, suerte que allí estaba mi marido, de lo contrario supongo
que la abría estrangulado. Han
pasado los meses, ahora estoy tranquila, ahora estoy divorciada y
encerrada en un psiquiátrico debido a la denuncia de aquella preciosa
mujer que era y que supongo que seguirá siendo la asesora matrimonial. En
la vista el juez entendió que no era yo persona apta para andar libre por
la vida y que estaría mejor estando en un centro cuidada, -sedada- todo
el día. He de reconocer que me encuentro muy bien, pero es normal, si no
tengo pareja, no tengo de quien tener celos. Los
dos años que he pasado internada con tratamiento farmacológico, me han
dejado como una mujer nueva, pero una mujer que no se atreve a mirar a
nadie para no enamorarse. Constantemente pienso en Serafín, que a pesar
de quererme tanto, se enrolló con la hermosa asesora matrimonial, se han
casado y creo que ya tienen un precioso hijo. Las
noches, las paso pensando y he llegado a la conclusión de que Serafín no
llamó a aquella asesora por casualidad, la llamó porque ya estaba poniéndome
los cuernos con ella, estaba segura que me había sido infiel. Una
mañana fría de otoño decidí hacer algo de lo que ahora que ya es tarde
me arrepiento. Averigüé dónde vivían Serafín y la usurpadora de mi
matrimonio, les hice una visita. Aquella mañana aciaga intenté conversar
con ellos, pero se asustaron porque pensaban que les iba agredir, ¡no era
ese mi pensamiento! Pero Serafín tomó un atizador y me amenazó con
darme si no me marchaba de allí, la hermosa morena ni siquiera se acercó
al umbral de la puerta. Algo me pasó, monté en cólera y gritando como
una posesa derribé a Serafín y llegué hasta donde estaba la ladrona de
maridos con su bebé en los brazos, la mala fortuna quiso que con mi
inercia la empujara y tropezara con un escalón para caer de espalda, la
mala fortuna quiso que se dañara la columna, por suerte el inocente bebé
cayó sobre ella y no sufrió daño alguno. -¡Alto,
o disparo! –Escuché, era la policía. Nuevamente
la fortuna me sonrió, ya que tenía en la mano derecha una estatua pesada
de bronce con la que me disponía a darle en la cabeza, a la que desde ese
día por mis celos anda en silla de ruedas, ¡malditos celos! Detenida
y ajusticiada, nuevamente estoy encerrada en este maravilloso psiquiátrico
que durante 6 años será mi hogar, mi familia me ha repudiado, ¡es para
volverse loca! ¿Qué demonios estoy diciendo, loca...? ¡Pero si ya lo
estoy! Aquí
estoy abandonada por todos, tratada como una loca debido a mis celos,
reconozco, ¡ahora que estoy sedada! Que me comporté como una verdadera
idiota, porque si él me había engañando y había cometido adulterio,
-que no lo sé-, su infidelidad fue provocada por mi histeria. Estoy
arrepentida de lo que le he hecho a esa mujer, a la que ni siquiera conocía,
la he dejado lamentablemente desgraciada para toda su vida ¡no es justo!
Mil... un millón de veces, ¡Malditos celos, maldita yo! -Marina,
es la hora de tu medicina. –Escuché que decía una enfermera. Esa
medicina hace que pase la noche calmada y que duerma de un tirón sin
pensar en nadie, sin pensar en nada. No
tengo solución, me he hecho amiga de una interna, somos inseparables y he
vuelto a la andadas, no la puedo ver junto a nadie. Me peleo con las
internas y con las enfermeras y los médicos no me pueden ni ver. Me
lo he ganado a pulso, llevo seis meses aislada en una habitación de la
que solamente salgo para pasear por el patio durante un cuarto de hora,
tres veces al día, ¡esto no es un psiquiátrico, es una prisión! Estoy
lúcida y pienso con mucha claridad, estoy recuperada, acabo de escribir,
recojo mis pocas pertenencias y me dejan libre, han pasado los seis años
sin derecho a reducción alguna. Creo que en libertad estaré bien si sigo
tomando regularmente las medicinas que me han recetado. He
empezado a trabajar, y he conocido a una mujer que parece ser lesbiana,
eso deduje porque me mira mucho las piernas y los pechos. He decidido no
intimar con nadie para así no tener que hacer algo malo y pasarme toda la
vida encerrada, no, ¡basta ya! No quiero conocer a nadie, no quiero hacer
desgraciado a nadie. Estando sola viviré sin sobresaltos y sin malos
pensamientos. Mi
resistencia ha sido superada por su insistencia, Clara que así se llama,
me ha tirado los tejos y me he enamorado locamente de ella. Le he contado
mi gran problema y dice que no le importa, que ella sabrá como solucionar
los ataques de celos y que me convertirá en una mujer nueva. No
sé si mi estado durará mucho, no sé ni tan siquiera si soy lesbiana, lo
cierto es que Clara cuando estoy algo rara y está con una chica o un
chico hablando, me llama y delante de la persona o personas les dice que
soy su mujer, descaradamente les dice que si se atreven a seducirme se la
verán con ella, ¡es ella la que dice tener celos! –lo dice sonriendo-.
Ha dado con el remedio de mi ofuscación, antes de que yo sienta celos,
ella dice tenerlos. Sabe controlarme. ¡Qué puñetera! No
me lo puedo creer, mis celos son contrarestados con los celos de mi amada,
una cosa tan sencilla me ha llevado a estar 8 años privada de libertad y
atiborrada de fármacos, ¡no me lo puedo creer, celos curados con celos!
¡Malditos incontrolables celos! Clara
y yo hemos decidido solicitar una niña en adopción, pero debido a mis
antecedentes psiquiátricos, nos han rechazado la petición, Clara se ha
quedado muy triste y ha entrado en una profunda depresión. Trato de
mimarla todo lo que puedo para hacer que recupere su alegría. Sigo
haciendo, mis celos siguen haciendo infelices a las personas, a personas a
las que quiero. Parece
mentira, pero las cosas más insospechadas hacen que nosotros los
insignificantes humanos reaccionemos de maneras diferentes. El día del
cumpleaños de Clara le regalé un cachorro de perro pastor labrador de
color negro que le ha devuelto la alegría. Nunca más me ha vuelto a
decir nada del tema de la adopción. Clara
es una mujer fantástica que me quiere, nunca me ha dicho que por mi culpa
no ha podido tener el hijo que deseaba. Una noche cuando estábamos los
tres en la cama le dije: -Clara
he tenido una idea, como sé que deseas que tengamos un hijo, ¿por qué
no lo tenemos con inseminación artificial? -Espera
que dejo el cachorro en su cesta. –Me dijo quedando yo sorprendida. Pronto
me sacó de mi sorpresa, dejó el perro en la cesta para besarme y hacerme
el amor, me quería agradecer el regalo del perro y para decirme que
olvidara el tema del hijo, que eso había sido una idea de mujer vieja. Me
dejó bien claro de que conmigo tenía más que suficiente para ser
querida durante su vejez. -¡Tú
no eres vieja Clara! Te queda mucha vida por delante. -Marina,
marina... ¡qué amable eres! Si con sesenta años no soy vieja, ¿cuándo
crees que lo seré? –Dijo sonriendo. Estuvimos
hablando y me dijo que no creyera que no nos habían concedido la adopción
sólo por mis antecedentes, también había sido por su vejez.
Dijo y le creí que se puso triste, no por no tener un hijo, sino
por no poder sacar a un niño de la desgracia de vivir en el orfanato. Y
la verdad es que tenía toda la razón del mundo, ni siquiera estábamos o
pretendíamos adoptar un bebé, estábamos dispuestas acoger una niña
hasta de 14 años, ¡fue injusto! Han
pasado 5 años desde que conocí a Clara, Hoy se jubila de la empresa en
la que estamos trabajando y ahora dice que se dedicará en cuerpo y alma
en cuidarme y agasajarme las 24 horas del día, ¡yo la creo! Porque es
una mujer de tanta bondad que no puede hacer otra cosa que amar, ¡por eso
yo la amo! No
sé si lo que me sucede es como castigo por lo que le hice a la mujer de
Serafín, lo cierto es que persona con la que tengo relación acaba mal,
Clara ha tenido la desgracia de haberme conocido, se ha jubilado, y no han
pasado 6 meses cuando un maldito cáncer de páncreas se la ha llevado, ¿por
qué ella ha sido castigada? ¿Por qué una mujer buena como ella? -Negro,
¡no estés triste! Ahora descansa, ahora no sufre. –Le dije a su perro
que aullaba echándola de menos. Mis
pensamientos son oscuros, mi casa está triste, me faltas y no sé cómo
seguir, ¡Clara te añoro! Sé que tú no lo has decidido, ¿Pero por qué
te has marchado? En
esos pensamientos estaba, hundida, decidida a acabar con todo... ¿Qué es
eso? Un resplandor salía de la habitación, ¡quedé petrificada! Fue
entonces cuando dijiste: -Clara,
yo estaré siempre junto a ti, olvida lo que estás pensando, tienes que
cuidar de Negro, yo estoy en él, él está en ti. Su
voz impregnada de serenidad me devolvió las ganas de seguir viviendo,
desde ese día Negro y yo vivimos solos, ¡pero pensando en ella! Tengo
37 años, tengo un perro que me hace compañía y al que quiero. Fernando,
el contable de la empresa me está seduciendo... estoy confundida, no
quiero volver a enamorarme, aún te recuerdo: -¿Qué
hago Clara? Me ha pedido salir hoy y sin saber que decía, le he
contestado sí. Viene a buscarme ahora a las 9. Sentí
su voz en mi cabeza, su cuerpo en mi cuerpo. Haz lo que tu corazón te
diga, déjale entrar en él, por los celos no tengas miedo, ¡estás
curada de ellos! Fernando es un buen hombre y te hará muy feliz. -¿Negro
la has visto? –Dio dos ladridos y me miró fijo a los ojos. No
estaba loca, no era imaginaciones mías, Negro también la escuchaba y
creo que hasta la veía. Hice lo que ella me dijo y no me arrepiento, han
pasado diez años, tengo un marido que me ama y al que respeto. Me
siento bien, me siento feliz, sé que siempre la tengo a mi lado y es la
que me ha dado fuerzas para seguir todos estos años. Pero como dice el
dicho, la felicidad nunca es completa, y aunque sé que es ley de vida, y
sabía que no duraría siempre, hoy me siento triste porque Negro llega a
su fin... Fin. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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