El mando del televisor

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: El mando del televisor
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Zoraida
Actores: Zoraida, Ana, Andrea, Engracia
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - ¿Locura?
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Ana estaba sentada en el lado izquierdo del sofá y Andrea en el derecho mirándola de reojo... no hacía más de cinco minutos que habían tenido una discusión por el programa de televisión, una quería ver un programa y otro la otra, las dos con el mando a distancia sujeto por un lado... debido al forcejeo, y al tira y afloja, el mando salió disparado volando por los aires hasta ir a parar al brillante y duro suelo... la tapa del habitáculo de las pilas de alimentación saltó y fue a parar justo al lado de una rueda de la mesa del televisor, una pila finalizó su movimiento debajo de la mesa de la sala y la otra fue rodando como si tuviera vida propia hasta la puerta de la cocina. El mando maltrecho, quedó justo delante de donde estaba Ana.  

-¿Estarás contenta Andrea? –Dijo Ana-

-¿Serás tú la que estarás contenta, no? –Contestó Andrea furiosa-  

Se sintieron pasos de tacón que venían desde el fondo del largo pasillo de la casa, ¡era la madre! Ellas se percataron y las dos al unísono salieron despavoridas en dirección a sus habitaciones. Zoraida, que así se llamaba la madre, Irritada de volver a escucharlas discutir por enésima vez en ese día, llegó jadeante por la carrera que se había dado.  

-¡Vais acabar con mi salud! –Gritó- ¿Dónde estáis víboras?  

La madre de Ana y de Andrea estaba más que harta, -desesperada decía-, por la conducta de sus hijas, que con 19 y 20 años se comportaban como niñas peleando todo el día, haciendo caso omiso a su madre. Aquello no podía seguir así, Zoraida sabía, intuía que como siguieran por ese camino un día terciarían de muy mala manera.  

Una vez descansada de la carrera, cuando se hubo calmado, anduvo hasta la habitación de la hija de mayor edad. Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con el pestillo que Andrea instantes antes había echado:  

-Hija abre, ¡tenemos que hablar! –Se escuchó correr el cerrojo-

-Pasa, la puerta está ahora abierta mamá.  

Andrea estaba sentada en su cama cabizbaja con cara de arrepentimiento, cosa que siempre hacía cuando terminaba una disputa con su hermana, esa estratagema siempre le había funcionado. Su madre al verla así, sonreía, le regañaba pero nada más, ¡no habían castigo, y mucho menos palos! Pero esa vez fue diferente, Zoraida entró en la habitación, cerró la puerta, corrió el pestillo y a continuación la miró fijamente a los ojos con mirada desencajada y cara de enojo... Andrea se percató de que algo sería diferente a las veces anteriores. Sus sospechas fueron ciertas, vio como su madre se desabrochaba la hebilla del ancho cinturón que sujetaba su ajustado pantalón tejano, observó como se deslizada uno a uno por los ojales de sujeción hasta salir por completo.  

-¿Qué haces mamá? –Dijo casi sollozando-

-¿Qué hago? ¡Ahora lo verás! Os lo he dicho por activa y por pasiva, ¡te lo he dicho muchas veces! He tenido mucha paciencia, pero la paciencia hija mía como todo en esta vida también se acaba.  

Zoraida había tomado una decisión, a todas luces equivocada, pero era la que ella creía mejor en ese momento, entendía que dándole unos azotes comprendería que ya tenía edad de cambiar, y cómo no, de comportarse como una mujer.  Lo intentó, pero tuvo un dilema, ¿cómo darle unos azotes sin hacerle demasiado daño? Porque Andrea se había refugiado en un espacio entre el armario y el escritorio, allí acurrucada, puso sus manos cruzadas protegiéndose la cabeza. No lo pensó más, cegada, enajenada diría yo, alzó su mano con la correa sujeta por sus dos extremos, cuando la mano estaba en el punto más alto... alguien la sujetó por la muñeca, ella sabía que acababa de cerrar la puerta y que nadie podía haber entrado. Sin atreverse a mirar dijo:  

-¡Seas quién seas, suéltame!  

Se quedó callada, asustada... al sentirse liberada, se giró y vio que en la habitación estaban solas, ella y su hija. Zoraida comprendió que no podía hacer con sus hijas lo que sus padres hicieron con ella, supuso que eran sus recuerdos los que le sujetaron la mano. Entonces como hacía siempre, habló con su hija, y esta como siempre pasó de ella.  

Pasaron las semanas y algunos meses, pero todo seguía igual, Zoraida tomó la determinación de irse a Nigeria como voluntaria de una organización no gubernamental. Visto desde fuera, sin vivirlo, alguien pensaría que era una madre que no sabía educar a sus hijas, ¡nada más lejos de la realidad! Era una buena madre, lo había intentado todo, pero sus hijas debían tener un cromosoma algo averiado, y para ella no terminar desquiciada tomó esa determinación. Todas las semanas, sin dejar una sin hacerlo, Zoraida me llamaba para saber de sus hijas.  

Las hijas siguen viviendo juntas en el piso que les dejara su madre. Siguen discutiendo por todo, en más de una ocasión les han tenido que detener por denuncias de escándalo público... son detenidas y cuando vuelven, vuelven a lo mismo, ¡no parecen tener remedio!  

Ayer, eran las 10 de la noche y las sentí gritar, estaban peleando como de costumbre, pero en un momento de la discusión oí la voz de Ana que decía:  

-¿Eres tú mamá? ¿Cuándo has llegado? ¿Te encuentras bien?  

Nombraban a Zoraida, pero no podía ser, acababa de hablar con ella y estaba en Nigeria, ellas preguntaban pero nadie respondía. Pero por lo que hablaban tanto Ana como Andrea parecían que estaban viendo un fantasma, ¿Quizás el de su madre? Lo cierto, lo único cierto es que desde ese día no se ha vuelto a sentir una sola discusión entre Ana y Andrea, se las ve juntas ir a todas partes como si fueran las mejores de las hermanas ¿Qué ha podido suceder?  

Pasaron tres semanas desde su última llamada, intrigada por el cambio de sus hijas llamé al número que quedaba grabado en el móvil para contarle el extraño y repentino cambio. Pregunté por Zoraida y me dieron la maldita noticia, Zoraida había fallecido, -¿Cómo pregunté?- me dijeron que dos semanas atrás salieron en dirección a unas aldeas para llevar medicamentos y que la mula en la que viajaba resbaló, se precipitó por un acantilado junto al río Níger, que a la mula la encontraron muerta, y en uno de los estribos de la montura una pierna seccionada de Zoraida, la daban por muerta tras buscarla una semana.  

Helada y compungida por la noticia de la muerte de Zoraida colgué el teléfono para ir a contarles a sus hijas la noticia. Mas helada me quedé al ver o creer haber visto a Zoraida que iba por el pasillo en dirección a su dormitorio... le aseguro que lo que vi era real, ¿cómo podía ser? La puerta la abrió Andrea, le dije sabedora de que no podía ser su madre:  

-¿Tenéis visita hija? –Es como las suelo llamar ya que las conozco desde que nacieron-

-No señora Engracia, estamos mi hermana y yo solas. Pase por favor y tómese un café con nosotras.  

Aquello era increíble, las piernas me temblaban, y no sabía por los extraño de lo que había visto o por el cambio de conducta de aquellas dos hermosas criaturas... No sabía como decirles que su madre había fallecido, mi voz temblaba y mi cara decía que lo que tenía que decirles no era noticia agradable, ni siquiera para dos personas que tan mal se habían comportado con su madre... me armé de valor, hice de tripas corazón y sin esperar más allí sentadas en el sofá les dije:  

-Hijas tengo que daros una noticia.

-¿Ha encontrado nuestro gato? –Dijo loca de contenta ana cortándome la palabra-  

No, no he encontrado vuestro gato, ni siquiera sabía hijas que tuvierais un gato -les dije -, me gustaría que la noticia fuese que vuestro gato ha aparecido, pero por desgracia la noticia que os tengo que dar es que vuestra madre ha fallecido, -terminé sin poder decir palabra alguna, con lágrimas en mis ojos-. Se quedaron extrañadas:  

-¡Eso no tiene gracia, señora Engracia! –Contestó con gesto de rabia Ana-  

Lo que me contaron a continuación me terminó de alterar, estaban convencidas de que su madre estaba viva, me dijeron que esa mañana como todas las mañanas desde que regresó hacía dos semanas, se había ido a trabajar y  que Zoraida estaba a punto de llegar. Al instante de hablar Ana, Andrea dijo:  

-¿Escucha la puerta ahí llega?  

No sabía que pensar, el hecho es que las dos se levantaron locas de contentas y salieron a recibirla, parecían besar a alguien, y hablaban como si lo hicieran con Zoraida aunque yo no escuchaba ni veía nada. Los vellos se me pusieron tiesos como espinas de erizo y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. No parecían estar locas, aunque estaban actuando como si lo fueran. Les seguí un poco el juego para salir de esa casa con urgencia, pero al pasar junto a ellas, en el mismo sitio donde supuestamente estaba Zoraida me quedé parada, sin saber el motivo no podía salir en dirección a la puerta, ¿quién me lo impedía? En ese preciso instante noté frío, aire frío, no era mi imaginación, hasta las cortinas se movían empujadas por él. Las pulsaciones de mi corazón fueron en aumento, entonces en el interior de mí cerebro sentí la voz de Zoraida que decía:  

-¡Engracia, no te preocupes, ahora estoy bien!  

Pude reaccionar y salí de aquella casa de la que extrañamente siguen viviendo 3 años después Ana y Andrea, que no dejan de hablar con su madre fallecida. O eso o es que se les ha ido la cabeza por completo, en pocas ocasiones las visito, pero en todas actúan como si su madre estuviera con ellas y yo sigo sintiendo el frió de alguna presencia. ¿Quizás su presencia?

*-*-*

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