Vida después de la vida

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: Vida después de la vida
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Hombre
Actores: Hombre, Narrador
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - ¿Pensamiento?
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Hoy tengo lo que se llama un mal día, no me apetece hacer nada, tengo que escribir pero no sé que decir. Así y no de otra forma empieza esta pequeña historia de un hombre pequeño que la tenía pequeña y vivía en un pueblo pequeño. Desde que era niño, ese pequeño hombre vivió obsesionado por los tamaños, por su altura y por la longitud de su pene... cuando empezó a ser consciente de qué era un pene y para que leches servía, supo que a parte de para orinar, ¡servía para otras cosas! Desde entonces tuvo la necesidad de compararlo con los de sus compañeros de escuela... eso le provocó algunos problemas, porque los chicos cuando son pequeños son crueles y no tienen las cosas claras (de grandes tampoco, pero eso es otra historia), cuando trataba de vérselas para poderla comparar, le llamaban marica, ¡pequeño marica, gritaban! Ese fue el mote que le colgaron. Todos fueron creciendo, pero él no lo hacía al ritmo que los demás, el pequeño hombre con pene pequeño llegó a la edad de 20 años sin haber podido comparar el tamaño de su pene. Todos sus compañeros tenían amigas, novias y algunos hasta esposas, pero él se veía apartado, rechazado como aquel pato negro que era hijo de un cisne, ¡se veía diferente! Por eso durante toda su vida se dedicó a estudiar ya que la soledad le obligaba a ello... ellos, sus amigos, eran muy felices y no dejaban de divertirse, él, les envidiaba pero seguía y seguía estudiando, ¡cada vez sabía más y más! Ese pequeño hombre un día a tan madura edad, descubrió que su pene no era tan pequeño y se dio cuenta de que su estatura no importaba para desarrollar la profesión que le gustaba... de un día para otro, ese pequeño hombre de pene no tan pequeño se enamoró de una pequeña chica, tan alta e inteligente como él, se casaron y fueron felices durante unos años... luego, como eran inteligentes decidieron separarse por un tiempo porque que la llama del amor se había extinguido... el pequeño hombre se dio cuenta entonces de que era exactamente igual que todos los hombres de ese pequeño pueblo, ¡no importa la estatura! Pensó, pero se dio cuenta que eso no era así el día que tuvo que llamar desde un teléfono público, el pequeño hombre no pudo llamar, las gentes que pasaban y veían el esfuerzo que hacía por intentar alcanzar el teléfono se reían, ¡todos se reían! A nadie se le ocurrió ayudarle, cabizbajo salió de la cabina con lágrimas apunto de brotar de sus ojos, andando sin rumbo y sin saber donde iba, subido en su destartalado coche tomó el camino de la gran ciudad, a pesar de su gran cultura e inteligencia creyó, ¡pobre iluso! Que en las ciudades las personas eran diferentes... llegó y observó que allí todos eran pequeños, pequeños si los comparaba con los grandes edificios, pero él seguía siendo pequeño comparado con lo demás hombres... entró a solicitar trabajo en una importante empresa de electrónica, lo miraban de arriba abajo, dio su referencias y títulos y entonces  lo miraron con envidia... las tornas cambiaron, ahora él era el envidiado, envidiado por los compañeros que llevando más tiempo que él en la empresa iban quedando bajo su mando, iba escalando poco a poco peldaños hasta llegar a ser un pequeño hombre pero un gran ejecutivo... pasó a ser importante y tenía un alto poder adquisitivo, una mujer que e superaba en 70 centímetros se enamoró perdidamente de él... pero eso no le hacía feliz, cuando estaba allí, en lo más alto se encontraba solo y despreciado por todos... tuvo la mala suerte de ir a dar con una mujer que lo quería por su dinero, ¡no por su estatura!... dejó su trabajo, dejó todos su bienes y la dejó a ella... alicaído volvió a su pequeño pueblo, buscó con impaciencia a su antigua compañera pequeña, pero ésta había encontrado un nuevo amor, ¡otra vez, qué iluso! Pensaba que estaría esperándole... solo, triste, abatido, compungido nuevamente tomó rumbo a la gran ciudad... llegó al edificio en el que trabajaba y desde lo más alto quiso encontrarse con Juan Salvador Gaviota, ¿sabe quién era? Una gaviota... pero como era lógico, él no era gaviota, ni tampoco supermán. Se lanzó al vacío, en caída libre alcanzó los 200 kilómetros por hora... instantes antes de dar con su huesos en el suelo se percató de que sí era como el resto de los mortales, y que partir de ese momento de poco valía la estatura y el tamaño del pene... entonces se acordó de los consejos que le daba su abuela, siempre le decía que las cosas antes de hacerlas había que pensarlas, que una vez hechas, no había marcha atrás... el vuelo del pequeño hombre de pene no tan pequeño proseguía inexorable hasta su punto límite final... el ritmo de su corazón llegó a alcanzar 220 pulsaciones, ¡se veía morir! En ese momento, cuando ya no podía hacer nada por evitarlo, se arrepintió de intentar volar como Juan Salvador Gaviota, él no era gaviota, era un minúsculo hombre que se iba a estrellar sobre el asfalto... ¡choff! Fue lo único que su cuerpo experimentó, todo quedó quedo y sumido en la más absoluta oscuridad... pero nuestro pequeño hombre de no tan pequeño pene siguió experimentando algo, aquello no era la vida, pero era algo, ¡no veía, no escuchaba! Pero notaba que su cuerpo seguía cayendo atraído hacia el centro de algo, ¿pero de qué? Todos sus recuerdos los tenía intactos, el sentía que su cuerpo iba cayendo... no tenía noción del tiempo, pero fue poco a poco dándose cuenta que la muerte era aquello, era el no ver, el no sentir y seguir recordando, recordando lo que un día fue, lo que un día hizo... siguió cayendo atraído hacia el fondo de no sabía el qué... después de un espacio de tiempo indeterminado llegó, llegó a un lugar en el que sintió quietud, sosiego y estaba como nadando todo cubierto de agua, ¡pero no sentía ahogo!, su cuerpo se encontraba en paz consigo mismo, poco a poco fue perdiendo sus recuerdos, fue recobrando el oído y la vista... otra vez se hizo la luz, de nuevo veía y escuchaba a unos seres más grandes que él, ¡Nació otra vez! Cuchi... cuchi... cuchi, le decían unos, ¡qué guapo! Les decían otros, se parece a su madre, no, tiene la nariz y los ojos de su padre... el tiempo fue pasando y el pequeño niño creciendo y haciéndose cada vez más grande... por momentos vio que era más alto que el resto de los compañeros de su escuela, entonces se empezó a ver desplazado, rechazado, no entendía el motivo... sus padres le llevaron al especialista, después de pruebas y más pruebas, les dieron la mala noticia, le dijeron: este chico grande, no superará los catorce años, tiene una enfermedad degenerativa celular que le hace envejecer muy rápidamente... acertaron, para su desgracia acertaron, no había cumplido los 13 años cuando el chico grande quedó quedo y sumido en una oscuridad completa durante unos segundos... todo era silencio, todo era oscuridad hasta que poco a poco fue olvidando quien era, y hasta donde había estado... nuevamente quietud, tranquilidad, serenidad, paz, sosiego... humedad, luz, alboroto, algarabía, alegría... ¡es precioso! Se parece a su madre...

*-*-*

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