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Relato Jueves,
dos y media de la madrugada, vagón de metro vacío. Con el temor que a
esas horas se viaja, me puse a pensar en innumerables leyendas urbanas...
el chirriar del freno me sobre coge. La puerta se abre, ¡nadie sube! A mi
espalda la voz de una mujer,
-miro- ¿De dónde ha salido? Esa señora
madura de aspecto imponente... No es lo mismo una chica pija, que una pija
chica, ¡no es lo mismo! Empezó diciendo la mujer dirigiéndose a mí,
cuando se sentaba justo a mi lado... extrañado la miré y con recelo me
levanté para cambiarme de sitio. -¿Por
qué te marchas? –Dijo agarrándome de la muñeca- La
miré fijamente a los ojos y vi en ellos... algo, ¡no sé el qué!, quizás
era soledad, o simplemente ganas de conversación. -Me
bajo en la próxima parada Señora. -Sé
que tengo edad como para ser tu abuela, pero por favor llámame Petra. Aparentemente
era cierto, aquella mujer tenía algo más de 60 años, pero era muy
atractiva, ¡estaba de muy buen ver! Aún sujeto fuertemente por la muñeca
y el corazón acelerado le dije: -¿Qué
hace usted a estas horas en el metro? -Trabajo
en el cine como taquillera y voy a casa para descansar, ¿y tú que haces? Entablamos
una distendida conversación durante el trayecto que faltaba hasta llegar
al punto límite, ¡mi parada! Que por extraño que me pareciera también
era la suya. -¿Está
es tu parada? -Sí,
es la mía Petra. Soltó
mi muñeca y con su mano derecha casi helada, entrelazó los dedos de mi
izquierda, ¡estaba asustado! Qué idea le estaba pasando por la cabeza a
aquella mujer, que sin conocer a una persona la sujetaba de la mano como
si de un enamorado se tratara. -¿Te
molesta que te dé así la mano? Es que a estas horas me invade el miedo y
no puedo ir sola, ¡así me siento segura! Aquella
explicación aunque rara, me dejó algo más tranquilo... de esa guisa
salimos por la boca de metro y por
suerte o por aquellas cosas que te acapara el destino aquella madura y
extraña mujer andaba en la dirección que yo lo hacía, vivía en mi
mismo edificio, pero era extraño por que jamás la había visto. -¿Vive
Usted aquí? -Sí,
desde toda la vida, en el quinto B. –Contestó casi aliviada- Era
casi increíble, durante veintidós años nunca me había tropezado con
esa vecina, sabía que ese piso estaba deshabitado y que era de alguna
persona de pueblo que venía de vez en cuando. ¡No le di más
importancia! Eran cosas que sucedían. -¿Quieres
pasar a tomar un café? -Sí,
es buena idea, así calentaremos el cuerpo que hace un frío que pela. Tenía
la casa impecable y amueblada con gusto antiguo pero exquisito, dejó el
bolso que llevaba sobre la mesa del recibidor y me hizo pasar a la sala de
estar, se marchó por el oscuro pasillo hacia la habitación del fondo...
durante más de diez minutos la estuve esperando, pensé que estaba
haciendo el café, intrigado fui a la cocina pero allí no estaba, de allí
fui al cuarto de baño, ¡estaba vacío! Miré en todas y cada una de la
habitaciones y en la casa no
había nadie. Aquello era como una película de misterio en la que de un
momento a otro te darían el susto, ¡pero no ocurrió nada! No hubo
sorpresa, extrañado me marché a casa para descansar. Pasaron
los días y sorprendido por lo sucedido les conté a mis padres lo que me
había pasado, les describí a la señora, se quedaron como helados, y no
se rieron de mí... mi madre sin decir una palabra se levantó y fue a
buscar a su dormitorio el álbum de fotos de su juventud. -¿Hijo,
es ésta la mujer que has visto? –Dijo con voz trémola- -¡Sí,
lo es mamá! Cuando
mis padres me contaron que aquella mujer llamada Petra había sido
asesinada en el metro a las dos y media de la madrugada de un jueves de
hacía veinte años cuando regresaba del trabajo de taquillera, las
piernas me jugaron una mala pasada y casi caigo redondo al suelo. Llevo tiempo tratando de convencerme a mí mismo de que aquello que me sucedió fue fruto de mi imaginación, pero sé, solamente yo sé que fue totalmente cierto... Han pasado algunos años, y nunca le he vuelto a ver, cosa de la que me alegro, ya que de hacerlo no sé muy bien como reaccionaría. ¿Cómo lo haría usted? *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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