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Relato Estaba
hundida, tenía toda la tarde por delante y no sabía qué hacer. Miré
hacia el teléfono y no sé el motivo, pero tuve unas ganas irrefrenables
de llamar a un teléfono erótico. Busqué en internet y llamé al de una
chica que se llamaba Alison. Pensé, con ese nombre lo mismo ni siquiera
es española, llamé al número en cuestión: -Hola
cariño, ¿qué puedo hacer por ti? Alison
al contrario de lo que pensaba era española, tenía una voz hermosa y
sensual. Como estaba predispuesta a pasarlo bien, mi piel se puso como la
carne de gallina, le contesté: -Hola Alison, me llamo Noelia, ¡me en canta tu voz! -Gracias
Noelia, ¡eres muy amable! Pero he de aclararte que no soy Alison. Soy
Patricia, su sustituta, ella está muy enferma postrada en la cama de un
hospital. Yo
no estaba en situación de sentir penas, quería oír alegrías. En ese
momento pensé que no era a un teléfono erótico a donde debiera haber
llamado. Mi caso en ese momento se acercaba más a la necesidad de llamar
al teléfono de la esperanza. Pero no lo hice. Estaba apunto de colgar,
pero la voz de Patricia me cautivó, ¡me enamoró! Era tan bonita su voz,
que hasta las malas noticias parecían agradables. -Lo siento por Alison, espero que se cure pronto. -No
mi amor, eso no será posible, tiene un cáncer de páncreas en fase
terminal, ¡qué triste, con tan sólo 22 años! No
me pude contener y me puse a llorar como una desesperada, estaba baja de
moral y eso es lo único que no me esperaba sentir, ¡yo, como Alison!
También padecía de un cáncer de páncreas, me lo habían diagnosticado
ese mismo día. Por eso estaba baja de moral ¡que digo baja! Tenía la
moral tirada por los suelos, ¡no era para menos, la muerte me acechaba!
Me quedé muda, no me salían las palabras. Oía a Patricia decir: -¿Qué
te pasa cariño, por qué lloras? Pude
recuperarme tras haber respirado profundamente varias veces, y aunque con
un nudo en la garganta y a punto del infarto, le contesté: -Ya me he recuperado, ¡perdona, soy una tonta sentimental! Me ha dado mucha pena lo que me has dicho de Alison. -¿Qué edad tienes mi amor? -Los mismos años que Alison. -Por favor, dejemos el tema de Alison, que es muy triste. Hablemos de sexo, que eso te hará feliz. -¿Tú
crees Patricia? Piensa que el caso de Alison, es exactamente mi caso. Ahora
la que enmudeció fue la sensual voz de Patricia, ¡pobre chica! He
llamado a su número y aunque se gana la vida con ello. A duras penas ha
podido decirme: -Perdona
cariño, no puedo seguir hablando contigo, ¡me has partido el corazón!
¿Dime, dónde vives? -Vivo en Barcelona. -¿En Barcelona capital? -Sí,
en la calle Aragón. Estaba
tan desesperada, ¡tan alicaída! que le di la dirección por un teléfono
erótico a una persona desconocida. Fue casualidad, fue el destino.
Patricia vivía a pocas manzanas de mi casa y yo allí, hablando con ella: -Lo siento mi amor, no puedo seguir hablando contigo, ¿lo entiendes verdad? -Sí. Colgó
el teléfono visiblemente apenada, su voz sensual ya no lo era tanto. Sin
lugar a dudas le apené el día a una persona que solamente quería
ganarse la vida con una línea de teléfono erótico. No habían pasado 10
minutos, sonó el timbre de la portería: -Hola, vive ahí Noelia. -Sí, soy yo. ¿Qué es lo que desea? -Soy
Patricia, ¿me abres por favor? Me
quedé poco menos que petrificada, una persona que no me conocía de nada
al explicarle lo que me sucedía por un teléfono erótico, dejó su
trabajo y se desplazó hasta mi domicilio para tratar de subirme la moral,
¡qué raro! ¿De donde ha salido esta buena mujer? Mientras le esperaba
que subiera hasta la planta en la que vivo con urgencia me limpié las lágrimas.
El timbre de la puerta sonó: -Hola, ¿eres Noelia? -Sí,
soy yo. Pasa Patricia. No
me dejó decir nada, se abalanzó hacia mí y llorando me abrazó como si
me conociera de toda la vida. Ella lloraba, y yo de verla, ¡aún lloraba
más! Pasado un tiempo, ya algo recuperada le dije: -Patricia, ¿quieres un café? -Gracias
Noelia, te puedo asegurar que lo necesito. A
pesar de la juventud de Patricia, en ese momento era como la madre que
siempre había deseado tener. Por desgracia yo nunca conocí a mi madre,
murió al traerme al mundo, y mi padre murió cuando yo tenía 12 años,
desde entonces y hasta que cumplí los 18 viví en una casa de acogida.
Por eso cuando la vi, Patricia reencarnó la figura de mi madre: -Toma, el café, ¡ten cuidado que está caliente! -Gracias
Noelia. La
observé mientras se bebía el café, tenía los ojos acristalados, sus
reflejos denotaban el inicio de las lágrimas, ¡que mujer más sensible!
Sensible y con una voz tan sensual... debe ser una de esas mujeres que
tienen amantes por donde quiera que pise. A pesar de mi desgracia, la
visita de Patricia hizo que por un momento me olvidara de que me faltaban
pocas semanas de vida, la observé detenidamente y no sólo era una mujer
sensible y con voz sensual, era hermosa, ¡parecía un ángel! La miré a
los ojos y le dije: -Eres preciosa Patricia, ¿cuántos años tienes? -Gracias
Noelia, tengo algunos años más que tú. Nuevamente
se derrumbó y las lágrimas no pudieron aguantar más, ¡lloraba! Una
mujer que no me conocía de nada lloraba por mi desgracia. Como supe la
consolé, hasta ese momento, y aunque siempre lo había deseado no había
tenido contacto físico con ninguna mujer, pero aquella tenía algo, ¡no
sé el qué! Me atraía sexualmente hablando. La abracé, y sin mediar
palabra la besé. Cuando sus labios rozaron los míos todo mi cuerpo
recibió como una descarga eléctrica, ¡qué sensación más agradable!
Supongo que debido a la excitación del momento, el dolor que sentía en
mi cuerpo desapareció. No le di más importancia. Allí estaba, abrazada
a una mujer de casi mi misma edad, besándola y experimentando una sensación
difícil de explicar. No sé decir el tiempo que pasamos besándonos, a mi
me parecieron segundos. Pero cuando se marchó me di cuenta de que habían
pasado horas, ¿qué es lo que ocurrió? Patricia se marchó, salió de mi
vida dejando una paz en mi interior que aún me dura. Tras
el encuentro con Patricia como decía me encontraba feliz, cosa muy extraña,
ya que por la mañana cuando me notificaron los resultados de las pruebas
médicas estaba hundida, ¡no era para menos! Al día siguiente, después
de una noche de sueño placentero, temprano llamaron al teléfono: -¡Dígame! -Buenos
días, le llamo del hospital, le paso con el doctor. No
me lo podía creer, llamaron del hospital donde me había hecho las
pruebas de mi dolencia y me dijeron que no tenía nada, que todo había
sido un error de interpretación. Como era natural me puse tan contenta
que no atiné a pegarle la bronca del siglo a ese inepto doctor, ¡será
idiota! No tenía a nadie en este mundo con quién comentar la noticia.
Como no podía ser de otra manera, nada más colgar, llamé al teléfono
erótico de Patricia: -¡Sí, en que puedo servirle! -Quiero hablar con Patricia, dígale que soy Noelia. -Lo siento señorita, Aquí hubo una chica que se llamaba Patricia, pero dejo de trabajar hace algunos años. Yo me llamo Alison, ¿en qué la puedo servir? -No puede ser, ayer mismo estuve hablando con ella. Pregunte por favor, lo mismo ha regresado y usted no lo sabe. -Lo siento señorita, es imposible que Patricia volviera sin yo saberlo. Patricia murió de cáncer de páncreas hace tres años, cuando tan sólo tenía 22, ¿hablamos de sexo? -No
señorita Alison, no me apetece en este momento hablar de sexo. ¡Por
cierto, tiene usted una voz muy dulce! Gracias ha sido usted muy amable. Colgué
el teléfono y no sabía qué pensar, ¿qué es lo que me estaba
ocurriendo? Patricia estuvo en mi casa, estoy segura que no fue ninguna
alucinación. ¡No sé qué pensar! Han pasado tres años desde que tuviera el encuentro con Patricia, ¡siempre la recordaré! Desde el día en que la conocí, no han dejado de pasarme cosas buenas, he encontrado un buen trabajo, ahora tengo una salud de hierro y de tanto llamar al número del teléfono erótico donde conocí a Patricia, he intimado con Alison que es una chica muy simpática. Ahora vivimos juntas y estamos pensando tener un hijo. ¡Soy muy feliz! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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