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Relato Su
piel es delicada, suave y de un color pálido que le dan un aspecto cadavérico
y que en muchas ocasiones me han dado qué pensar, hasta he llegado a
creer que convivo con un muerto viviente, eso que los africanos
occidentales llaman zombi. Sí, eso que nosotros, ¡los españoles! Hemos
acabado incorporando a nuestro rico diccionario de Anoche
tras la cena, paseando por el parque que tenemos en esta ciudad, parque
poblado con diversidad de especies de árboles que abarca desde el centro
hasta la misma entrada del cementerio, vi, o creí ver una cosa que me
dejo perpleja. Les aseguro que no había bebido más que agua en la cena,
y drogas ni las pruebo, podía ser una alucinación, ¡no lo dudo! pero
para mí, lo que vi era real. Una chica y un chico vestidos con túnicas
blancas, y sus caras pálidas como las de mi marido. Pero ellos sin
expresión alguna en sus rostros y sus ojos faltos de vida, se cruzaron
mientras paseaba, ellos hacia la entrada del cementerio, yo en dirección
opuesta. Los vellos se me pusieron como las púas de un erizo, y sentí un
escalofrío que estremeció todo mi cuerpo. No anduve más de Desde
la noche que vi a esos chicos vestidos con túnica blanca, no he dejado de
ir un día tras otro para ver si los vuelvo a encontrar, estaba decidida,
estaba casi obsesionada con la idea de plantarles cara y preguntarles
quienes eran. Lo
que tenía que suceder, sucedió, anoche me los encontré cara a cara, con
un miedo espantoso me planté ante ellos y le pregunté quienes eran, por
respuesta un sepulcral silencio. Mis piernas temblaban, mi corazón parecía
salirse de su habitáculo y yo allí, parada ante ellos. Sus ojos parecían
de... ahora lo pienso y me estremezco. Como yo les obstaculizaba el paso,
la chica me apartó sin brusquedad con la mano, su piel tocó mi brazo,
una piel suave pero fría. Sentí un frío electrizante que me hizo
permanecer allí en pie durante algunos minutos, ¡aquello no fue una
alucinación! Les prometo que lo viví. Ahora ya no paseo por la alameda,
desde ese día no salgo a la calle por la noche si lo puedo evitar. Con su
mirada no me transmitieron nada bueno, ¡al contrario! No sé si podré
seguir viviendo teniendo miedo hasta de mi sombra. He
contado a mis conocidos lo sucedido, todos han coincidido, todos y cada
uno de ellos se han reído, ¡me creen loca! Les entiendo, es una cosa difícil
de creer, ¡pero es cierta! Estoy tan preocupada que he ido a contarle lo
ocurrido a un psiquiatra, el hombre no se ha reído, no lo ha hecho porque
es un profesional, pero estoy segura de que no se ha creído una palabra,
me ha recetado un calmante y me ha despedido de la consulta dándome unas
palmaditas en el hombro. Señal inequívoca para mí de que no me ha creído
una palabra de lo que le he dicho. Mi marido no me escucha, mis conocidos se ríen y mi psiquiatra me manda tranquilizantes. ¿Qué puedo hacer? ¿Usted lo sabe? *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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