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Relato Esto
que relato es un tópico, pero es un caso verídico como la vida misma que
me sucedió. Cuando cumplí los 18 años de edad mis padres me regalaron
el dinero para sacarme el permiso de conducir, además de prometerme un
coche para cuando lo consiguiera. Yo por aquel entonces, ¡ya han pasado
muchos años! Llevaba el coche como si hubiera estado conduciendo toda mi
vida, necesitaba estudiar las normas de circulación pero en lo que
respectaba a conducir no tenía ningún problema. Fui
a examinarme de normas de circulación y las que aprobé sin ningún
problema. En ese momento me encontraba preparado y dispuesto para hacer
las clases prácticas de conducir obligatorias, por aquel entonces, eran
15. Me dieron fecha y hora para el inicio de las clases, me tocó conducir
por la noche con un profesor del sexo masculino. Pero por suerte para mí,
se puso enfermo y me lo sustituyeron por una profesora de una edad madura,
debía tener alrededor de 50 años, ¡toda una anciana para mí! Las
primeras clases prácticas transcurrieron sin suceder nada anormal, pero
cuando llevaba 10 clases la profesora me dijo que ya sabía conducir lo
suficiente y que en el tiempo de clase me invitaba a tomar un cubata, ¡fíjese,
un cubata para conducir! Como era normal mi inexperiencia, y la falta de
trato con mujeres hizo que aceptara y que diera saltos, supongo que si me
hubiera pedido que hiciera algo peor también lo habría llevado a término...
¡Ya se sabe! Una mujer hace de un hombre lo que quiere, y si ese hombre
tiene recién cumplidos los 18, ¡qué decir! Tomamos
el primer cubata, el segundo y así recuerdo que hasta cuatro cubalibres
de güisquis bebimos. Como era de esperar, cuando salimos del bar musical
donde estuvimos bebiendo yo llevaba un pedo algo más que lúcido, ella
debía estar acostumbrada a beber, pues llevaba el coche como si hubiera
bebido agua, ¡que tiempos! Ahora te paran las autoridades competentes, te
hacen la prueba del consumo de alcohol y si has bebido lo que nosotros habíamos
tomado, ¡todavía seguiríamos en la cárcel! Por suerte para nosotros y
para el resto de los mortales no pasó nada, ¡bueno, sí pasó algo! Yo
perdí mi virginidad a manos de una ninfómana que no tenía bastante con
lo que yo le pude dar. En aquellos tiempos no es como ahora que un chico
sale de casa y vuelve al día siguiente y no pasa nada, ¡no era así!
Cuando llegamos a casa de tan excitante profesora llamé a mis padres y
les dije que volvería a las once porque me había quedado a ver una película
en casa de unos amigos, ¡qué mentira! La película era satisfacer el
furor uterino de tan maravillosa mujer. Una hora no daba para mucho, pero
no me podía quedar más tiempo. Los cinco días siguientes en lugar de
que dar en el sitio habitual para conducir, quedábamos en su casa para
disfrutar del sexo, ¡qué mujer! Me hizo todo un hombre a lo que al sexo
se refiere. Tenía
unas carnes prietas y un olor a mujer maravilloso, aroma que me recordaba
a la excitante fragancia de las bragas de mi madre, bragas que por aquel
entonces cogía del cesto de ropa sucia para olerlas, ¡eran excitantes!
Como excitante era esa profesora de autoescuela ofreciéndome todo su
cuerpo al completo. Aquella vez fue la primera vez que vi una mujer
totalmente desnuda. Era tan inocente que no sabía que en el pubis y vulva
tenían vellos, sorprendido y maravillado quedé al ver esa gran cantidad
de pelos tapando lo que apenas conocía por alguna que otra revista que
habían caído en mis manos. Recuerdo
y me excito, aquella mujer era una diosa del amor, me hizo y me hizo hacer
unas cosas que he recordado durante toda mi vida. Me deleité tanto y
supongo que ella también lo disfrutó. Cuando
me vio el día del examen final me sonreía sin dejar de hacerlo. Cuando
entramos en el coche para examinarnos me dijo con voz dulce al oído: -Sabes
conducir de sobras, pero no te preocupes que me ligado al ingeniero y ya
te ha puesto apto en la ficha técnica. Era
una mujer fantástica, no tenía un gran cuerpo, pero era simpática y con
una fogosidad a la que nadie se le resistía, Saque el carné a la
primera, estaba feliz. Pasaron algunos días y el tiempo me fue
separando... aunque me hubiera gustado volverla a ver, ¡nunca más lo
hice! No sé qué fue de ella. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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