Mucosa vaginal

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Datos ténicos

Título: Mucosa vaginal 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Guión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Lucía
Actores: Lucía, Maika, Lucrecia
Música: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Fetiche
Duración: 015 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Mi madre como todas las mañanas se levanta para hacer el desayuno, pero antes de ponerse manos a la obra lo primero que hace es quitarse las bragas con la que ha dormido, es una costumbre que tiene y que yo quiero saber por qué.

Hoy lo he averiguado, en cuanto se las ha quitado me he ido tras de ella para disimuladamente cogerlas del cesto de la ropa sucia donde las ha dejado, me he llevado un sorpresa, ¡están mojadas! Toda la parte que está en contacto con su vagina están completamente húmedas, me las acercaré a la nariz para averiguar a que huelen, mis sospechas son ciertas, no huelen a orina, que también, huelen a sexo, ¡vamos, a mucosa vaginal! ¡Qué excitante! No digo que huelen a mucosa y semen porque mi madre está divorciada desde hace más de 15 años y en mi casa no entra hombre alguno. Por las noches se lo debe pasar bomba masturbándose para estar así de mojada por las mañanas.

Mi amiga Lucía, mi amiga de niñez y yo, desde hace unas semanas estamos maquinando un plan para que mi madre nos enseñe su cuerpo al desnudo, nos gusta, es escultural. No crea que es amor de hija, es una mujer hermosa que cuenta con 40 años y dan ganas de comérsela.

Lucía y yo tenemos tendencias sexuales afines, nos gustan los chicos pero también nos atraemos nosotras... no puedo decir que seamos lesbianas porque tanto ella como yo salimos con chicos, follamos como locas, pero cuando estamos juntas en su habitación o la mía, siempre terminamos comiéndonos el clítoris la una a la otra.

Un día vimos una película en la que dos chicas jóvenes hacían disfrutar a una mujer madura que aproximadamente tenía la edad de mi madre, es por ese el motivo de nuestro empeño de verla desnuda. Estoy esperando a Lucía que pronto vendrá para pasar este fin de semana con nosotras. Hoy intentaremos seducir a mi madre para ver si nos la podemos ligar. Mientras llega Lucía, mi madre está preparando el desayuno, no lo puedo evitar, sé que no lleva bragas y por ese motivo no me pierdo detalle para ver si se agacha y le puedo ver la vulva por su parte trasera. Nada más pensarlo me provoca una enorme excitación... uff, ahí llega Alicia.

-¿Maika abres tú? –Pregunta mi madre.

-Sí mamá.

Miro por el visor de la puerta que las cosas no están como para fiarse de abrir, sin más ni más... efectivamente es Maika que como acabo de decir viene para pasar el fin de semana.

-¡Hola Maika guapa!

Como es costumbre en nosotras, desde que hace seis meses con diferencia de días cumplimos los 18 años, para saludarnos nos besamos en la boca. Pero no crea que un beso fugaz, no, nos damos un beso al estilo francés compartiendo nuestras deliciosas salivas. Mi madre en repetidas ocasiones nos ha dicho que eso nos perjudicará a la larga, por que nos tacharán de lesbianas a parte de trasmitirnos las enfermedades. -¿Qué más da? Le contestamos-, aunque en el fondo sabemos que es cierto porque a pesar de ir progresando en la asimilación de las tendencias sexuales, todavía hay personas que se creen que viven el siglo XIX en lugar del siglo XXI.

-¡Hola Lucía! ¿Cómo estás, dispuesta para...? – Le dije sonriendo.

Lucía no puedo esperar a estar a solas, abre la mochila que trae y me enseña los tres arneses con pollas incorporada para llevar a término nuestro plan... empezamos a reír y no podemos dejar de hacerlo, hasta que mi madre llega de la cocina con el carro del desayuno.

-¿Qué os pasa chicas, por qué reís?  -Pregunta mi madre.

-Porque estamos como cabras Señora Lucrecia. Por cierto, está usted hoy más preciosa que de costumbre. –Contesta Lucía con mirada pícara.

Mientras tomamos el desayuno, en un momento de descuido le enseño a Lucía las bragas usadas de mi madre. Le digo que están húmedas y se puso como loca porque está deseando ponérselas.

-¡No seas cochina! –Le digo en voz baja.

No paramos de reír y mi madre empieza a estar algo mosca, nos mira un poco atravesadamente como diciendo –éstas están locas-, y es cierto estamos como chotas de la montaña. ¡Es la edad supongo! Como hoy es sábado y tenemos todo el fin de semana por delante, mi madre se va al sofá para ver la televisión, cruza las piernas dejando gran cantidad de muslo a la vista, no da importancia ya que las tres somos mujeres. Este es el momento de dar paso a nuestro plan:

-¿Lucrecia, cuánto hace que no folla?

La mujer, mi madre, se queda de lo más confundida por la pregunta, por un momento no sabe qué contestar. Entonces entro en acción y le digo:

-¡Joder Lucía, qué pregunta! Mi madre es una mujer que se lleva a los hombres de calle, estoy segura que todos los días en la oficina debe echar un par de casquetes, ¿verdad mamá?

-Mentira hija... desde que me divorcié, en contadas ocasiones he follado, perdonad que os hable tan soezmente, que es como vosotras lo hacéis, ¡desvergonzadas! ¿Qué coño es lo que estáis tramando?

-Lucía, abre la mochila y enséñale lo que traes en ella.

Según lo acordado Lucía sin encomendarse ni a dios ni al diablo, abre la mochila y sacando una de las prótesis fálicas se la muestra diciendo:

-¿A que le gustaría tener esta inmensa polla en su coño?

Mi madre está espantada, no sabe que decir ante tanta claridad en las palabras que estamos usando. No dice nada, se levanta y se pone a recoger la mesa y nosotras le ayudamos. Las tres calladas vamos y venimos de la cocina como si nada hubiera sucedido (hay una calma tensa). Hemos terminado de recoger y regresamos a la sala.

-Chicas, sentaos ahí. -Nos dice mamá sentada en un sillón frente al sofá. 

-¿En el sofá mamá?

-Sí hija, en el sofá estaréis cómodas para ver lo que os tengo que enseñar. No creáis que sea tonta, que aunque no soy de vuestra generación, no soy tan vieja como para no saber que lo que queréis es hacer el amor conmigo. Os debo decir antes de nada, que estaré encantada de hacer lo que deseáis, pero antes vosotras me debéis satisfacer algunas fantasías que tengo.

-¡Lo que tú quieras mamá! –Exclamo yo.

-Por supuesto, soy su esclava. –Dice Lucía.

-¡Vale chicas, vamos por buen camino! Tú espabilada, saca esas bragas sucias que tienes guardada y dásela a oler a Lucía.

Me pongo colorada y miro con sorpresa –mi madre sonríe-, Alicia que lo estaba deseando desde que se lo dije se relame los labios con evidente deseo.

-¡Toma las braguitas de mamá, disfruta con ellas cochina!

Alicia las toma como si fueran un manjar en sus manos e inhala profundamente para percibir la fragancia de sexo de mujer, de mujer madura. No lo puede remediar, suspira:

-¡Ay, Huelen de maravilla!

-Basta ya. –Grita mi madre. Ahora te toca a ti, quiero que las huelas y las lamas por donde están más mojadas. Mientras tú lo haces Maika. Lucía me besará como lo hacéis entre vosotras.

Las órdenes que da mi madre son obedecidas al instante con sumo placer, lo que nos pide para nada es difícil de cumplir. La fragancia de mi madre es una delicia, durante unos minutos me he dedicado a olerlas, al tiempo que miro como Lucia le come la boca a mi madre. Me estoy poniendo muy caliente, noto como mi vagina excreta gran cantidad de mucosa, jugo, elixir, ambrosía... desde el fondo de mis entrañas.

-¡Estoy a punto de correrme! –Exclamo muy alterada.

Mi madre entonces con saliva cayéndole por la comisura de los labios, separa por un instante a Lucía y grita:

-Como te corras, aquí termina la fiesta.

-¡Joder mamá cómo eres! Estoy que me derrito, no sé si podré hacerte caso.

Mamá sigue lamiendo la boca de Lucía que está más que derretida, veo que por sus muslos baja un hilillo de caldo de buen año, se está literalmente corriendo aunque no dice nada. Yo la beso bien, pero por lo que estoy observando, mi madre me supera, estoy derretida de ver la gran cantidad de saliva que se traspasan de boca en boca. Aunque mi madre no me ha llamado, me acerco a ella para intervenir en el juego que me excita sobremanera. Me acerco para besar a Alicia.

-¿Dónde crees que vas? No te he visto lamer las bragas, ¡chúpalas cochina!

Sin dudarlo las chupo con gran placer y entonces me acerco a Lucía, empezamos un trasvase de fluidos que cada una disfruta a su manera. Grito yo, gime Lucía y parece que solloza mi madre.

-¡Qué placer! –Con lágrimas en los ojos-, y sigue diciendo. Vamos a disfrutar lo que no está en los escritos. Vais a saber lo que esta vieja es capaz de hacer.

Mi madre se levanta y sale de la sala, en ese momento poco importa porque Alicia me está succionando toda la saliva de mi ser, parece un alienígena extrayendo mis jugos. Como mi madre vea como le estamos poniendo el sofá con nuestras corridas gritará y no dejará de hacerlo hasta que lo limpiemos. Ahí regresa.

-¿Qué trae en las manos? –Pregunto en voz queda a Lucía.

-¿Creo que son pinzas? Mucho me temo que tu madre nos va a dar una sesión de sadomasoquismo que no vamos a olvidar nunca. –Responde Lucía.

Las piernas me tiemblan, no sé si por la emoción, el placer o la incertidumbre de lo que mi madre pretende hacer.

-Chicas, ya estoy aquí, quiero que ahora os sentéis tranquilamente en el sofá, pero par no seguir empapándolo de vuestros flujos poned estas toallas y sentaos encima.

-Vale. –Contestamos al tiempo salvando un alma del purgatorio.

-Ahora os enseñaré como disfruto yo por las noches en la intimidad de mi habitación, veis como están esas bragas mojadas, eso no tiene nada que ver con lo que haré ahora, ¿veis este vaso? Os aseguro que cuando termine de hacer lo que voy hacer estará lleno de mis flujos.

-¡Qué exagerada mamá! Ese vaso es de 250 centímetros cúbicos.

-Lo sé hija, es un cuarto de litro. Te lo demostraré, ¡quedarás alucinada! ¿Veis estas pinzas?  

-Sí, las vemos mamá, ¿Qué vas hacer con ella?

-¿Tú qué crees mi amor?  

Lucía se esconde tras de mí, no quiere ser la primera en experimentar el dolor de esas pinzas, que ya se imagina donde nos serán colocada. Mi madre no dice nada, se levanta, se dirige al equipo de música y pone música clásica, ¡increíble! No aguanto la música clásica, pero como ella es la que manda y le gusta, tendré que soportar semejantes tostón. Al compás de las notas del Bolero del compositor francés Maurice Ravel, mauri para los amigos, mi madre está bailando, está contenta, se desprende de la camiseta que le llega por encima de las rodillas y se que como mi difunta abuela la trajo al mundo, ¡en pelotas! Tanto Lucía como yo nos quedamos alucinadas al ver su cuerpo, nuestras expectativas de belleza están superadas, tiene un cuerpo diez que para sí, quisieran muchas de las modelos de las pasarelas. No me puedo contener y le digo:  

-Mamá, eres preciosa. ¡Cómo me gustaría tener tu cuerpo!

-Gracias hija, eres muy amable, vosotras tampoco estáis mal.  

Alicia no puede contenerse y se acerca para besar sus pechos –mi madre se sonríe-, la aparta hacia un lado y sigue bailando, toma una pinza en su mano derecha, la sujeta por los dedos pulgar e índice, y como si se tratara de un desnudo (striptease) a la inversa se la coloca en el erecto pezón de su pecho izquierdo, lo mismo hace con el derecho. Poco a poco y con cara de gran satisfacción está colgándose pinzas alrededor de la areola de sus preciosos pechos de piel blanca y tersa. Nosotras la estamos viendo alucinadas y sufriendo por el dolor que debe estar soportando.  

-¿Señora Lucrecia, no le duele? –Dice Lucía.

-No, no me duele, me provoca gran placer, ¿veis mi vagina? Está muy excitada, de un momento a otro llenaré el vaso de mi rico y sabroso elixir de la vida.  

Mi madre está loca, sigue poniéndose pinzas, de los pechos ahora ha pasado a su vulva, apenas le cabe una más, ¡ostras! Se la está poniendo en el clítoris. Sin dejar de bailas grita y dice:  

-Lucía o Maika, coged el vaso que estoy a punto de llegar a un explosivo orgasmo.  

Lucía toma el vaso en sus manos y mi madre empieza a gritar de placer al tiempo que contrae su vagina y da grandes espasmo, así esta durante 15 segundos, ¡es increíble, qué orgasmo! Como hace unos instantes decía y no mentía, de su vagina empieza a salir un chorro continuo de un líquido algo transparente y un poco espeso. Ante nuestro asombro, llena el vaso y todavía sigue expulsando más, ¡es increíble! Se queda agotada estirada en el sillón y nosotras un poco asustadas por que no se mueve. Vemos que respira pero no se mueve.  

-Ya he vuelto chicas... ya he vuelto... es tanto el placer que experimento que casi pierdo la consciencia. ¿Qué, tenía razón? Veis como he llenado el vaso.  Sentaos en el sofá, pero antes os quiero ver a la dos desnudas. Ahora nos beberemos este líquido que repartiré en tres partes iguales y veréis lo que es disfrutar del sexo toda la noche, ¡seremos insaciables!  

-Mamá, lo siento pero yo no beberé orina, eso me repugna.

-Hija, no es orina, no se ti te habrás fijado, pero este líquido no sale de la uretra, no me preguntes de dónde pero no sale de la vejiga urinaria. No seas tonta, fíate de mí, sabe tan rico como un helado de fresa. –Dice sonriendo.

-Yo sí, Señora Lucrecia, yo sí me lo bebo, ¡lo estoy deseando! –Dice alborotada Lucía.  

La señora Lucrecia como le gusta decir a Lucía, ha hecho tres partes iguales de ese extraño líquido, tanto mi madre como mi amiga se lo están bebiendo, yo por un momento lo dudo, pero finalmente me lo acerco a la nariz, lo olfateo y tapándome las fosas nasales de un trago me lo bebo.  

-¡Sigo viva, no he vomitado! –Exclamo.  

Mis ojos no dan crédito a lo que están viendo y a lo que mi cuerpo está sintiendo, Lucía y mi madre están tiradas en el suelo entrelazadas por las piernas rozando sus clítoris y gritando de satisfacción. Yo no me puedo contener, lo siento, dejo de escribir y me voy a disfrutar con ellas, ¡a disfrutar de ellas!

*-*-*

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