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Relato Mi
madre como todas las mañanas se levanta para hacer el desayuno, pero
antes de ponerse manos a la obra lo primero que hace es quitarse las
bragas con la que ha dormido, es una costumbre que tiene y que yo quiero
saber por qué. Hoy
lo he averiguado, en cuanto se las ha quitado me he ido tras de ella para
disimuladamente cogerlas del cesto de la ropa sucia donde las ha dejado,
me he llevado un sorpresa, ¡están mojadas! Toda la parte que está en
contacto con su vagina están completamente húmedas, me las acercaré a
la nariz para averiguar a que huelen, mis sospechas son ciertas, no huelen
a orina, que también, huelen a sexo, ¡vamos, a mucosa vaginal! ¡Qué
excitante! No digo que huelen a mucosa y semen porque mi madre está
divorciada desde hace más de 15 años y en mi casa no entra hombre
alguno. Por las noches se lo debe pasar bomba masturbándose para estar así
de mojada por las mañanas. Mi
amiga Lucía, mi amiga de niñez y yo, desde hace unas semanas estamos
maquinando un plan para que mi madre nos enseñe su cuerpo al desnudo, nos
gusta, es escultural. No crea que es amor de hija, es una mujer hermosa
que cuenta con 40 años y dan ganas de comérsela. Lucía
y yo tenemos tendencias sexuales afines, nos gustan los chicos pero también
nos atraemos nosotras... no puedo decir que seamos lesbianas porque tanto
ella como yo salimos con chicos, follamos como locas, pero cuando estamos
juntas en su habitación o la mía, siempre terminamos comiéndonos el clítoris
la una a la otra. Un
día vimos una película en la que dos chicas jóvenes hacían disfrutar a
una mujer madura que aproximadamente tenía la edad de mi madre, es por
ese el motivo de nuestro empeño de verla desnuda. Estoy esperando a Lucía
que pronto vendrá para pasar este fin de semana con nosotras. Hoy
intentaremos seducir a mi madre para ver si nos la podemos ligar. Mientras
llega Lucía, mi madre está preparando el desayuno, no lo puedo evitar, sé
que no lleva bragas y por ese motivo no me pierdo detalle para ver si se
agacha y le puedo ver la vulva por su parte trasera. Nada más pensarlo me
provoca una enorme excitación... uff, ahí llega Alicia. -¿Maika
abres tú? –Pregunta mi madre. -Sí
mamá. Miro
por el visor de la puerta que las cosas no están como para fiarse de
abrir, sin más ni más... efectivamente es Maika que como acabo de decir
viene para pasar el fin de semana. -¡Hola
Maika guapa! Como
es costumbre en nosotras, desde que hace seis meses con diferencia de días
cumplimos los 18 años, para saludarnos nos besamos en la boca. Pero no
crea que un beso fugaz, no, nos damos un beso al estilo francés
compartiendo nuestras deliciosas salivas. Mi madre en repetidas ocasiones
nos ha dicho que eso nos perjudicará a la larga, por que nos tacharán de
lesbianas a parte de trasmitirnos las enfermedades. -¿Qué más da? Le
contestamos-, aunque en el fondo sabemos que es cierto porque a pesar de
ir progresando en la asimilación de las tendencias sexuales, todavía hay
personas que se creen que viven el siglo XIX en lugar del siglo XXI. -¡Hola
Lucía! ¿Cómo estás, dispuesta para...? – Le dije sonriendo. Lucía
no puedo esperar a estar a solas, abre la mochila que trae y me enseña
los tres arneses con pollas incorporada para llevar a término nuestro
plan... empezamos a reír y no podemos dejar de hacerlo, hasta que mi
madre llega de la cocina con el carro del desayuno. -¿Qué
os pasa chicas, por qué reís? -Pregunta
mi madre. -Porque
estamos como cabras Señora Lucrecia. Por cierto, está usted hoy más
preciosa que de costumbre. –Contesta Lucía con mirada pícara. Mientras
tomamos el desayuno, en un momento de descuido le enseño a Lucía las
bragas usadas de mi madre. Le digo que están húmedas y se puso como loca
porque está deseando ponérselas. -¡No
seas cochina! –Le digo en voz baja. No
paramos de reír y mi madre empieza a estar algo mosca, nos mira un poco
atravesadamente como diciendo –éstas están locas-, y es cierto estamos
como chotas de la montaña. ¡Es la edad supongo! Como hoy es sábado y
tenemos todo el fin de semana por delante, mi madre se va al sofá para
ver la televisión, cruza las piernas dejando gran cantidad de muslo a la
vista, no da importancia ya que las tres somos mujeres. Este es el momento
de dar paso a nuestro plan: -¿Lucrecia,
cuánto hace que no folla? La
mujer, mi madre, se queda de lo más confundida por la pregunta, por un
momento no sabe qué contestar. Entonces entro en acción y le digo: -¡Joder
Lucía, qué pregunta! Mi madre es una mujer que se lleva a los hombres de
calle, estoy segura que todos los días en la oficina debe echar un par de
casquetes, ¿verdad mamá? -Mentira
hija... desde que me divorcié, en contadas ocasiones he follado, perdonad
que os hable tan soezmente, que es como vosotras lo hacéis, ¡desvergonzadas!
¿Qué coño es lo que estáis tramando? -Lucía,
abre la mochila y enséñale lo que traes en ella. Según
lo acordado Lucía sin encomendarse ni a dios ni al diablo, abre la
mochila y sacando una de las prótesis fálicas se la muestra diciendo: -¿A
que le gustaría tener esta inmensa polla en su coño? Mi
madre está espantada, no sabe que decir ante tanta claridad en las
palabras que estamos usando. No dice nada, se levanta y se pone a recoger
la mesa y nosotras le ayudamos. Las tres calladas vamos y venimos de la
cocina como si nada hubiera sucedido (hay una calma tensa). Hemos
terminado de recoger y regresamos a la sala. -Chicas,
sentaos ahí. -Nos dice mamá sentada en un sillón frente al sofá.
-¿En
el sofá mamá? -Sí
hija, en el sofá estaréis cómodas para ver lo que os tengo que enseñar.
No creáis que sea tonta, que aunque no soy de vuestra generación, no soy
tan vieja como para no saber que lo que queréis es hacer el amor conmigo.
Os debo decir antes de nada, que estaré encantada de hacer lo que deseáis,
pero antes vosotras me debéis satisfacer algunas fantasías que tengo. -¡Lo
que tú quieras mamá! –Exclamo yo. -Por
supuesto, soy su esclava. –Dice Lucía. -¡Vale
chicas, vamos por buen camino! Tú espabilada, saca esas bragas sucias que
tienes guardada y dásela a oler a Lucía. Me
pongo colorada y miro con sorpresa –mi madre sonríe-, Alicia que lo
estaba deseando desde que se lo dije se relame los labios con evidente
deseo. -¡Toma
las braguitas de mamá, disfruta con ellas cochina! Alicia
las toma como si fueran un manjar en sus manos e inhala profundamente para
percibir la fragancia de sexo de mujer, de mujer madura. No lo puede
remediar, suspira: -¡Ay,
Huelen de maravilla! -Basta
ya. –Grita mi madre. Ahora te toca a ti, quiero que las huelas y las
lamas por donde están más mojadas. Mientras tú lo haces Maika. Lucía
me besará como lo hacéis entre vosotras. Las
órdenes que da mi madre son obedecidas al instante con sumo placer, lo
que nos pide para nada es difícil de cumplir. La fragancia de mi madre es
una delicia, durante unos minutos me he dedicado a olerlas, al tiempo que
miro como Lucia le come la boca a mi madre. Me estoy poniendo muy
caliente, noto como mi vagina excreta gran cantidad de mucosa, jugo,
elixir, ambrosía... desde el fondo de mis entrañas. -¡Estoy
a punto de correrme! –Exclamo muy alterada. Mi
madre entonces con saliva cayéndole por la comisura de los labios, separa
por un instante a Lucía y grita: -Como
te corras, aquí termina la fiesta. -¡Joder
mamá cómo eres! Estoy que me derrito, no sé si podré hacerte caso. Mamá
sigue lamiendo la boca de Lucía que está más que derretida, veo que por
sus muslos baja un hilillo de caldo de buen año, se está literalmente
corriendo aunque no dice nada. Yo la beso bien, pero por lo que estoy
observando, mi madre me supera, estoy derretida de ver la gran cantidad de
saliva que se traspasan de boca en boca. Aunque mi madre no me ha llamado,
me acerco a ella para intervenir en el juego que me excita sobremanera. Me
acerco para besar a Alicia. -¿Dónde
crees que vas? No te he visto lamer las bragas, ¡chúpalas cochina! Sin
dudarlo las chupo con gran placer y entonces me acerco a Lucía, empezamos
un trasvase de fluidos que cada una disfruta a su manera. Grito yo, gime
Lucía y parece que solloza mi madre. -¡Qué
placer! –Con lágrimas en los ojos-, y sigue diciendo. Vamos a disfrutar
lo que no está en los escritos. Vais a saber lo que esta vieja es capaz
de hacer. Mi
madre se levanta y sale de la sala, en ese momento poco importa porque
Alicia me está succionando toda la saliva de mi ser, parece un alienígena
extrayendo mis jugos. Como mi madre vea como le estamos poniendo el sofá
con nuestras corridas gritará y no dejará de hacerlo hasta que lo
limpiemos. Ahí regresa. -¿Qué
trae en las manos? –Pregunto en voz queda a Lucía. -¿Creo
que son pinzas? Mucho me temo que tu madre nos va a dar una sesión de
sadomasoquismo que no vamos a olvidar nunca. –Responde Lucía. Las
piernas me tiemblan, no sé si por la emoción, el placer o la
incertidumbre de lo que mi madre pretende hacer. -Chicas,
ya estoy aquí, quiero que ahora os sentéis tranquilamente en el sofá,
pero par no seguir empapándolo de vuestros flujos poned estas toallas y
sentaos encima. -Vale.
–Contestamos al tiempo salvando un alma del purgatorio. -Ahora
os enseñaré como disfruto yo por las noches en la intimidad de mi
habitación, veis como están esas bragas mojadas, eso no tiene nada que
ver con lo que haré ahora, ¿veis este vaso? Os aseguro que cuando
termine de hacer lo que voy hacer estará lleno de mis flujos. -¡Qué
exagerada mamá! Ese vaso es de -Lo
sé hija, es un cuarto de litro. Te lo demostraré, ¡quedarás alucinada!
¿Veis estas pinzas? -Sí,
las vemos mamá, ¿Qué vas hacer con ella? -¿Tú
qué crees mi amor? Lucía
se esconde tras de mí, no quiere ser la primera en experimentar el dolor
de esas pinzas, que ya se imagina donde nos serán colocada. Mi madre no
dice nada, se levanta, se dirige al equipo de música y pone música clásica,
¡increíble! No aguanto la música clásica, pero como ella es la que
manda y le gusta, tendré que soportar semejantes tostón. Al compás de
las notas del Bolero del compositor francés Maurice Ravel, mauri para los
amigos, mi madre está bailando, está contenta, se desprende de la
camiseta que le llega por encima de las rodillas y se que como mi difunta
abuela la trajo al mundo, ¡en pelotas! Tanto Lucía como yo nos quedamos
alucinadas al ver su cuerpo, nuestras expectativas de belleza están
superadas, tiene un cuerpo diez que para sí, quisieran muchas de las
modelos de las pasarelas. No me puedo contener y le digo: -Mamá,
eres preciosa. ¡Cómo me gustaría tener tu cuerpo! -Gracias
hija, eres muy amable, vosotras tampoco estáis mal. Alicia
no puede contenerse y se acerca para besar sus pechos –mi madre se sonríe-,
la aparta hacia un lado y sigue bailando, toma una pinza en su mano
derecha, la sujeta por los dedos pulgar e índice, y como si se tratara de
un desnudo (striptease) a la inversa se la coloca en el erecto pezón de
su pecho izquierdo, lo mismo hace con el derecho. Poco a poco y con cara
de gran satisfacción está colgándose pinzas alrededor de la areola de
sus preciosos pechos de piel blanca y tersa. Nosotras la estamos viendo
alucinadas y sufriendo por el dolor que debe estar soportando. -¿Señora
Lucrecia, no le duele? –Dice Lucía. -No,
no me duele, me provoca gran placer, ¿veis mi vagina? Está muy excitada,
de un momento a otro llenaré el vaso de mi rico y sabroso elixir de la
vida. Mi
madre está loca, sigue poniéndose pinzas, de los pechos ahora ha pasado
a su vulva, apenas le cabe una más, ¡ostras! Se la está poniendo en el
clítoris. Sin dejar de bailas grita y dice: -Lucía
o Maika, coged el vaso que estoy a punto de llegar a un explosivo orgasmo. Lucía
toma el vaso en sus manos y mi madre empieza a gritar de placer al tiempo
que contrae su vagina y da grandes espasmo, así esta durante 15 segundos,
¡es increíble, qué orgasmo! Como hace unos instantes decía y no mentía,
de su vagina empieza a salir un chorro continuo de un líquido algo
transparente y un poco espeso. Ante nuestro asombro, llena el vaso y todavía
sigue expulsando más, ¡es increíble! Se queda agotada estirada en el
sillón y nosotras un poco asustadas por que no se mueve. Vemos que
respira pero no se mueve. -Ya
he vuelto chicas... ya he vuelto... es tanto el placer que experimento que
casi pierdo la consciencia. ¿Qué, tenía razón? Veis como he llenado el
vaso. Sentaos en el sofá,
pero antes os quiero ver a la dos desnudas. Ahora nos beberemos este líquido
que repartiré en tres partes iguales y veréis lo que es disfrutar del
sexo toda la noche, ¡seremos insaciables! -Mamá,
lo siento pero yo no beberé orina, eso me repugna. -Hija,
no es orina, no se ti te habrás fijado, pero este líquido no sale de la
uretra, no me preguntes de dónde pero no sale de la vejiga urinaria. No
seas tonta, fíate de mí, sabe tan rico como un helado de fresa. –Dice
sonriendo. -Yo
sí, Señora Lucrecia, yo sí me lo bebo, ¡lo estoy deseando! –Dice
alborotada Lucía. La
señora Lucrecia como le gusta decir a Lucía, ha hecho tres partes
iguales de ese extraño líquido, tanto mi madre como mi amiga se lo están
bebiendo, yo por un momento lo dudo, pero finalmente me lo acerco a la
nariz, lo olfateo y tapándome las fosas nasales de un trago me lo bebo. -¡Sigo
viva, no he vomitado! –Exclamo. Mis
ojos no dan crédito a lo que están viendo y a lo que mi cuerpo está
sintiendo, Lucía y mi madre están tiradas en el suelo entrelazadas por
las piernas rozando sus clítoris y gritando de satisfacción. Yo no me
puedo contener, lo siento, dejo de escribir y me voy a disfrutar con
ellas, ¡a disfrutar de ellas! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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