Abstinencia sexual

    AVISO IMPORTANTE

 

 

Datos ténicos

Título: Abstinencia sexual 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Guión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Cecilia
Actores: Cecilia, Venus, Felipe
Música: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Sociedad - Pensamientos
Duración: 015 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

La abstinencia sexual es algo que no creo que se pueda practicar indefinidamente, a no ser que la persona en cuestión hombre o mujer esté enferma. Es lo que explicaba una chica a otra durante el viaje en avión de Barcelona a Madrid. Llevaban una conversación un tanto peculiar para dos personas que no debían tener más de 16 años, supuse que era algún trabajo de estudiantes para el instituto.  

La acalorada conversación, casi discusión de aquellas chicas sobre la abstinencia sexual me hizo pensar en mi situación, también sexual. Yo, mujer, de 45 años de edad malcasada y divorciada a los 6 meses de contraer matrimonio... con 30 me dediqué a ejercer en cuerpo y alma mi profesión, antes de eso estuve concienzudamente estudiando para conseguir la mejor puntuación que pudiera, ¡lo conseguí! Mis notas siempre han sido impecables, pero me doy cuenta que mi vida monótona.  

Hasta ahora no me había parado a pensar, pero yo sin proponérmelo había estado practicando la abstinencia sexual... desde que nací hasta la edad de 30 años en la que repentina y alocadamente contraje matrimonio. Durante los 6 meses que estuve casada apenas 3 polvos con el que desgraciadamente para mí, fue mi marido. Y desde el divorcio hasta Ahora, ¡nada! Soy una esclava del trabajo, sin darme cuenta he pasado un tercio de la vida sin tan siquiera masturbarme.  

Aquellas jóvenes, futuras mujeres me hicieron pensar, y pensar mucho en mi triste situación... supongo que debido a eso, esa misma noche me propuse poner remedio.  Y hablando conmigo misma dije:  

-Cecilia, no puedes seguir así, tienes que darte cuenta que el final llega, y que cuando quieras reaccionar te llegarán los achaques y con ellos... Hablemos de otra cosa, no te quiero poner triste. Pero ahora mismo quiero que te des un buen baño, te pongas guapa por fuera y muy sexy por dentro y bajes al restaurante del hotel y ligues con el primer hombre o mujer que encuentres. Lo de hombre o mujer lo dejo a tu elección, porque sé que te gustan ambos.  

Mi otro yo me aconsejaba dar un poco de rienda suelta a mi vida, pero no era tan sencillo, ya había pasado hacía 14 años por una traumática relación y eso marca mucho a una persona durante el resto de su vida. Pero aun así le hice caso, y vestida de lo más elegante y perfumada para la ocasión bajé al restaurante dispuesta a ligarme, o dejarme ligar por la primera persona que se me acercara.  

Sé que es pedante decir lo que ahora digo, soy una persona culta, muy inteligente y con un buen físico, ¡lo soy no lo dude! Pero tampoco dude que en el apartado sexo soy una analfabeta como no las hay... mis piernas temblaban cuando un ejemplar macho se acercaba desde el otro lado de la barra hasta donde yo estaba sentada.  

-¡Buenas noches Señora! ¿La puedo invitar a una copa?

Por un momento casi se me olvida que le había prometido a mi otro yo hacerle caso, entre la pregunta del desconocido cazador y mis respuestas pasaron unos interminables 5 segundos:  

-Sí, me puede invitar, ¡acepto esa copa!  

Al ejemplar macho se le pusieron los ojos como platos al ver que una mujer madura a la primera de cambio aceptaba recoger el anzuelo que había tirado. Muy simpático y agradable empezó a darme conversación y resultó ser un tío que solamente se escuchaba así mismo. Pero me daba exactamente igual ya que lo quería para usar y tirar como a un pañuelo de papel, ¡para nada más!  

-Me parece muy bien... ¿ha venido al congreso? –Le contesté.  

Curiosamente el macho narciso resultó ser el Dr. Narciso, qué sorpresas da la vida. El colega narciso también estaba en Madrid para la convención de cardiología que teníamos que celebrar. Pero era tal el grado de narcisismo que no creo que me escuchara que yo era la doctora Cecilia, a pesar de eso, no le despaché, le seguí mirando a los ojos pero sin escuchar en absoluto lo que decía, decía y no paraba de decir... fue un momento en el que internamente le dije a mi otro yo:  

-¿Tú crees que merece la pena soportar a este sujeto para intentar salir de la abstinencia sexual en la que estoy sumida?

-Sí Cecilia, aguanta un poco y cuando termines la copa toma tú la iniciativa y proponle subir a la habitación.  

Mi otro yo presumía de ser muy inteligente y de saber como actúan estos ejemplares, pero cómo tomar la iniciativa si este sujeto no me escuchaba, solamente se escuchaba así mismo. Dos minutos hacía que había pegado el último trago de mi cóctel, y viendo que seguía contándome una de sus batallas en el quirófano no pude más que decirle:  

-¿Doctor Narciso, yo en el bolso llevo condones, necesita usted viagra?  

Esperé unos segundos para ver si mi colega reaccionaba a mi impertinente propuesta, pero no fue así, el siguió hablando y entendí que ese hombre y afamado doctor solamente quería que le escucharan, ¡pobre de mí! Una hora y 30 minutos desperdiciados escuchando como hizo una operación a corazón abierto a un importantísimo magnate príncipe del petróleo. Estaba visto, tenía que seguir con mi abstinencia sexual ahora no deseada.  

-Doctor perdone pero tengo que ir al cuarto de baño. –Le dije.

-Vaya, vaya. –Contestó haciendo un gesto con la mano pero sin mirarme a los ojos.

-¡Cómo te agarre!– Le increpé internamente a mi otro yo.  

Aquel encuentro fue un poco freudiano, estaba sorprendida de mi mala fortuna para encontrar un semental que esa noche me echara 3 ó 4 polvos... me dirigí al lavabo para no quedar mal, ya que al día siguiente podría encontrarme con semejante sujeto y no tenía ganas de hacer enemigos en la profesión. Entré al cuarto de baño y vi como una mujer aproximadamente de mi edad me miraba fijamente sonriendo, ¡qué digo sonriendo, riendo! La mujer se dirige a mí:  

-Perdone, perdone mi osadía, pero es que la he estado observando y ha sido usted atrapada por el ser más extraño que hay sobre la tierra.  –Seguía riendo.

-¡Sí! ¿Dígame... por qué motivo?

-No lo tome a mal, ¡usted ha sido la victima! Todos los años les hacemos esta broma a los nuevos médicos asistentes a la convención. Dejamos al Doctor Narciso que se acerque a una de las asistentes y este les da la vara durante horas y horas, él ni siquiera se da cuenta de que lo utilizamos. ¿Es pesado verdad?  

Pesado es poco, le contesté, en ese momento yo también riendo. Lo olvidé y me lamenté por mi mala suerte, por haber perdido casi ya dos horas en soportar a Narciso el narciso. Mi abstinencia sexual seguí “viento en popa a toda vela”, realmente no me apetecía en esos instante una mujer para apagar mi repentino fuego sexual, pero ya era tarde y con escasas posibilidades de pescar un buen semental, a no ser que me dirigiera directamente a uno como lo haría una prostituta, ¡no estaba dispuesta a ello!  

-¿Cree que se enfadará si le dejo plantado?

-Para nada mujer... yo pienso que ni siquiera mira a la persona que atrapa en sus redes. –Contestó amablemente sonriendo.  

Después de hablar unos instantes con aquella mujer, me miré al espejo, retoqué un poco el maquillaje, encajé los pechos en el wonderbra y me dispuse a salir en dirección a mi habitación cuando la mujer va y dice: 

-¡Perdone, qué torpeza la mía! Soy la Doctora Venus.  

Cecilia, me llamo Cecilia, encantada de conocerle... si no tenía un hombre me habría de contentar con una mujer, pero las probabilidades de que Venus fuera receptiva a mis insinuaciones era de 1 a un millón, pero no por eso dejé de intentarlo.  

-¿Te apetece un cóctel?

-¡Acepto ese cóctel! –Exclamó sonriendo.  

Mientras salíamos Venus me dijo que si quería conocer a unos doctores suecos a los que estaba esperando y que había conocido en el año anterior. En la situación de abstinencia sexual desesperada que en esos momentos soportaba, lo mismo me daban suecos que griegos, lo único que quería era una buena verga introducida en mi solitaria vagina.  

Tomamos un cóctel y otro, y más tarde otro... los suecos no llegaban, por lo visto no lo harían hasta el día siguiente ya que habían suspendido los vuelos por mal tiempo en el aeropuerto de origen, ¡fue decepcionante! Chispa y sin un pene que llevarme a la boca estaba esperando a dos tíos que no llegarían... le dije a Venus si tomábamos el último cóctel y aceptó. Entonces hablé con mi otro yo que también estaba más bebido de la cuenta y le pregunté:  

-¿Te apetecería comerte un buen coño?

-No seas ordinaria. –Contestó- se dice, ¿no te gustaría hacer el amor con esta atractiva mujer?  

Fuera de una manera o de otra, lo cierto es que terminamos el cóctel y apenas si nos aguantábamos en pie, sabía que hiciéramos lo que hiciéramos al día siguiente de poco nos acordaríamos. Por casualidad o por designios que nos deparan esta vida nuestras habitaciones quedaban una frente a la otra, Venus no parecía estar dispuesta a terminar la fiesta y con lengua de trapo que es la misma que yo tenía dijo:  

-¿Cecilia, tomamos la última en mi habitación?

-Sí, tomamos la última y nos vamos a dormir, que si no mañana estaremos para el arrastre y no sabremos ni lo que escuchamos.  

Así lo hicimos, Venus como pudo pasó la tarjeta magnética y la cerradura hizo el favor de abrir, -hola cerradura le dijimos-, nuestro grado de consumo etílico era tal que nos parecía gracioso hasta el hablarle a la cerradura que en esos momentos nos sabíamos que no contestaría. Entramos y nos dirigimos al minibar y nos tomamos el que sería el último trago, pero no fue así, ya estábamos totalmente desbocadas como una manada de yeguas, después de ese vinieron... ¡no sé cuantos más! Lo cierto es que las dos amanecimos acostada boca abajo atravesadas en la cama.  

-¿Quién eres tú? –Preguntó Venus agarrándose la cabeza con evidentes signos de dolor.

Le contesté que yo era Cecilia, le quise hacer entender que nos habíamos conocido hacía unas horas en el restaurante del hotel y que creía que habíamos bebido más de la cuenta, ¡o eso es lo que yo recordaba! Salí de su habitación he intenté ir a la mía para ver si podía dormir unas horas antes de salir para la reunión de cardiólogos. Tres horas fueron las que pude dormir, pero después de una buena ducha y un par de cafés bien cargados estaba dispuesta para ir aprender e intercambiar impresiones con mis colegas. Nuevamente me encontré con Venus que aunque me vio, pareció que no lo había hecho ya que me ignoró por completo.  

El congreso terminó, y cada oveja con su pareja volvió a su redil... ya en el avión pensaba que mi abstinencia sexual como siguiera tan indecisa sería de por vida, no tenía pensado intimar con nadie para una relación fija, pero si quería entablar alguna relación esporádica, no sabía como hacerlo, y estaba dispuesta a no preguntar a mi otro yo, porque él, estaba tan perdido como yo misma. En esas estaba cuando con los ojos enrojecidos con las gafas oscuras colocadas para no ser descubierta y mirando al frente con la mirada perdida noto que algo o alguien toca mi rodilla izquierda. Sorprendida giro la cara y veo a un chico de no más de 25 años que me estaba metiendo mano, le pegué tal guantazo que hasta la azafata acudió para ver que estaba pasando. Le dije que hiciera el favor de cambiarme de sitio, no estaba dispuesta a dejarme magrear por el primero que lo deseara, ¡todos miraban! Pero como faltaba poco para aterrizar me tuve que aguantar al lado de aquél atrevido muchacho al que empecé a perdonar y desear nada más haberle dado el bofetón.  

-Lo siento chico, tengo un mal día, ¡perdóname! –Le dije.

-No hay nada que perdonar, y si alguien debiera pedir perdón ese soy yo que me he extralimitado acariciando su rodilla, ¡perdóneme usted a mí!  

Apenada y un poco avergonzada por el espectáculo dado en el avión bajé deseando llegar al aparcamiento donde tenía esperando a mi coche... en dirección a su ubicación de nuevo me tropecé con el osado chico que estaba esperando un taxi, sabía que era una cosa muy arriesgada llevar alguien desconocido, pero estaba tan arrepentida de haberle pegado que le dije:  

-¡Dónde vives!

-En Sabadell. –Serio contestó.  

No sabía que es lo que estaba ocurriendo en mi vida, pero ese chico vivía en la misma calle en la que yo residía desde que 15 años atrás me había divorciado. Durante el trayecto de vuelta, que por cierto duró más tiempo que el vuelo desde Madrid, pude saber algo del muchacho que resultó ser hijo de un colega del hospital en el que trabajo. Cuando me dio el nombre de su padre y le dije que le conocía, casi llorando me rogó que no le dijera nada de los sucedido. Le prometí que nada le diría, pero que tratara en lo sucesivo no ser tan osado, ya que a las mujeres, por lo menos a mí, no les gusta ser asaltadas de esa forma.  

Ya cómodamente instalada en casa, de nuevo empecé hablar y comentar mis desdichas con mi otro yo.  

-¡Pobre de mí! ¿Qué puedo hacer?

-Joder Cecilia, no me digas a estas alturas que no sabes como ligarte a un hombre para que te eche un buen polvo.

-¡No, no lo sé! No es tan fácil, y que sepas que no me avergüenzo de ello.  

Cualquiera que me escuchara hablar conmigo misma pensaría que estoy para estar encerrada en un psiquiátrico de alta seguridad, pero le aseguro que nada más lejos de la realidad, ¡bueno... no sé, no se! Dejando bromas aparte, de momento no estoy para estar encerrada, pero mi acuciante fijación por salir de la abstinencia sexual a la que voluntariamente he estado sometida, me está poniendo de los nervios, ¿será la inminente regla? Arreglada estoy como esto no se me pase.  

-Llama a Jesús que sabes que se muere por tus huesos. –Me dije yo misma.  

Daban las 12 de la noche y no eran esas horas para molestar a nadie, y mucho menos a una persona a la que tantas y tantas veces le había dado calabazas, deseché la idea y me tuve que conformar con masturbarme, pero me sentía mal, rara, porque tocar mis partes íntimas solamente lo había hecho hasta ahora para asearme, sabía cuales eran las zonas erógenas más importantes de mi cuerpo pero no me atrevía a acariciarme.  

-¿Qué hago? –Me pregunté casi desesperada.

-Cecilia, estás mal, ¿qué te pasa? Has estado 45 años de tu vida practicando la abstinencia sexual, y ahora te veo desesperada por no poder esperar a mañana, ¿qué extraños somos los humanos?

-¡Si, hija sí... ni que lo digas! –Me contesté riendo.  

A carcajadas y cantando como si fuera la mejor de las divas, entré en la ducha y me dispuse a darme una ducha de agua fría, lo dudé mucho, pero después de unos minutos siendo acariciada por el agua tibia, y sin dudarlo cerré el suministro de la caliente y aumenté el de la fría, ¡grité! Tan desesperadamente al sentir el agua fría cayendo por mi cuerpo que hasta el aire parecía faltarme, seguí gritando y por un momento tuve la sensación de que alguien estaba llamando a la puerta para ver si me estaba ocurriendo algo. Durante más de cinco minutos dejé caer el agua fría sobre mi cuerpo para ver si así olvidaba lo que desde los 20 no probaba.  

-¡Joder tía! Salte ya de la ducha que me vas a matar de frío. –Me dije algo cabreada.  

El agua fría me hizo el efecto que deseaba, estaba tan relajada por lo sucedido durante los días anteriores que caí en la cama redonda, estuve durmiendo a pierna suelta hasta las 7 de la mañana que es cuando me levanto para prepararme para entrar en el hospital a las 8.  

Aquello no podía seguir así, de camino al hospital no había mujer u hombre en el que no me fijara pensando en llevármelo a la cama. Mi concentración en el trabajo no era la misma que dos días atrás, muy raro era lo que me estaba sucediendo la abstinencia sexual me tenía trastocada. No podía seguir así, en mitad de una visita dije:  

-Un momento Señora Petra, en cinco minutos estoy con usted, tengo que hacer una llamada muy urgente.  

No me podía echar atrás en un impulso marqué el teléfono de Jesús, el traumatólogo que estaba por mis huesos.  

-¡Sí dígame! –Contestó sin saber quien era ya que no sabía mi número pues nunca se lo había dado.

-Hola Jesús, soy Cecilia. Tengo un gran problema y necesitaría verte a las tres cuando terminemos.

-Lo siento Cecilia, ahora mismo estoy en el aeropuerto del Prat apunto de subir al avión para irme a Nueva York, estaré tres meses, me han concedido una beca de especialización, ¡siento no poderte ayudar!  

Las cosas tomaban mala pinta, colgué, terminé con la señora Petra y con dos pacientes más y me marché a la cafetería que frecuentamos el personal del hospital, estaba dispuesta a todo pero no sabía como quedar con alguien para ser follada. Fue entonces cuando le Vi, estaba allí, sentado en un rincón del restaurante leyendo una revista médica, ¡nunca le había visto! Sin dilación me acerqué a él y le solté:  

-No, no estoy loca, tú creerás que es así. ¡Me da igual! Piensa lo que quieras, necesito que me eches un polvo.  

Levantó los ojos separándolos de la revista que leía y con voz muy pausada y con gran seriedad dijo:  

-Cecilia, me haces muy feliz, te he estado esperando 15 años, tú no me recordarás, pero desde la facultad e incluso después estaba locamente enamorado de ti, ¿no me recuerdas? –Dijo.  

Por más que estrujaba mi cerebro para recordar quien era ese interesante hombre de prácticamente mi misma edad, ¡me era imposible, no lo recordaba! Sorprendida lo miré fijamente a los ojos, él me sacó de la duda:  

-Veo que no me recuerdas, soy Felipe, el amigo de tu marido Nicolás. ¿Por cierto, cómo está Nicolás? 

Era cierto, Nicolás el amigo de infancia del energúmeno de mi exmarido por aquel tiempo, me miraba con ojos de deseos, aunque nunca me dijo nada. Yo le eché el ojo a la persona equivocada y no estaba por él, ¡cómo me arrepiento!  

-Dos cosas: Una, a ese cerdo amigo tuyo ni me lo mientes. Dos, lamento mucho que estuvieras enamorado de mí, y que no te hiciera caso. –Decidida le dije.  

Empecé a dar vueltas a mi cabeza y entonces recordé que el estúpido y maltratador exmarido me comentó que su mejor amigo se había marchado a trabajar a un hospital de Nueva York y que se había ido sin ni siquiera despedirse de él, ¡ahora lo entendía! Como después de hablarle estuve en silencio por demasiado tiempo el dijo:  

-Cecilia estoy casado. Pero como te veo necesitada, y a pesar de serle fiel a mi esposa te echaré ese polvo que tanto deseas. Espera que termine este café que me estoy bebiendo. Iremos a mi casa, te presentaré a mi mujer y cuando le explique lo que te ocurre no tendrá reparos en que te folle, incluso ella tomará parte.  

No me podía creer lo que de aquella sensual boca estaba saliendo, me estaba proponiendo echarme un polvo delante de su mujer. Estaba desesperada, pero a pesar de eso no estaba dispuesta ser un plato de tercera... por lo que cegada por mi ira y pensando que Felipe era Nicolás lo mandé muy educadamente a freír espárragos.  

¡Ostras! ¿Tan difícil es encontrar a un hombre que me quiera echar un polvo? Solamente me quedaba por hacer un cartel que dijera fóllame y pasearme con él por todo el restaurante. Pero ni dignidad ni mi reputación me lo permitían, por eso salí del restaurante alicaída. Me marché a casa, entré en internet para buscar a un chico de los llamados de compañía. La solución fue fácil, pero aquellos polvos me supieron a derrota. Además de no haberlos disfrutado... han pasado 3 meses y no me he podido ligar a nadie por lo que irremediablemente sigo con mi abstinencia sexual y cada vez pienso más seriamente que el sexo no se inventé para mí.

*-*-*

¿Qué le ha parecido?

Malo

Regular

Bueno

Muy bueno

Excelente

Índice

Denominación de la RAE de Género

Imprimir


Aviso

Todos los textos  aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor.

Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.

Realizamos programas para la gestión de empresas. Empresas medianas y pequeñas. Programas de contabilidad, cartera de pedidos clientes proveedores, facturación control de albaranes, tesorería cartera de cobros y pagos y estadísticas.

Nuestro agradecimiento a todos los que por unas causas o por otras visitan nuestra web. Gestión de empresas PYMES. Mi abstinencia sexual voluntaria de un día para otro fue una abstinencia insoportable.