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Relato Por
esas carreteras perdidas de largas rectas interminables viajaba una chica
buscando... buscándose así misma. Su reciente salida del mundo de las
drogas le hacían estar confundida y sin saber qué hacer en la vida. Como
hipnotizada iba consumiendo kilómetro tras kilómetro. Era tal su
desconcierto que hasta los camiones la adelantaban... parecía no ser
consciente de lo que hacía. -¡Nena,
si no sabes conducir quédate en tu casa! –Gritaban algunos de los
camioneros al pasarla- Ella
muy educadamente sacaba su mano izquierda por la ventanilla con el puño
cerrado, a continuación extendía su dedo corazón y les hacía entender
con el lenguaje de signos que les dieran por donde amargan los pepinos.
Ellos se limitaban a tocar varias veces el claxon y les sonreían. Aunque
uno de ellos hablando por megafonía muy amablemente le dijo: -Chica,
me encantaría invitarte a un refresco. Despertó
de su aletargo y siguió a ese camionero durante kilómetros hasta que
llegaron a un bar de carretera en el que había restaurante, gasolinera y
hotel. Bajó toda decidida del coche que conducía y se encaminó hasta
donde estaba el camionero. Llegó a su altura y le puso la mano izquierda
sobre su hombro al tiempo que decía: -¿Guapetón,
me invitas a una copa? -¡Eres
tú, te dije un refresco! Eres muy joven para tomar alcohol, además de
ser malo para la salud. -No
creo que ese sea tu problema. Ya soy mayor de edad y puedo hacer lo que me
venga en gana. -¡Tú
misma! –Contestó el camionero- Mal
camino había elegido, si empezaba a consumir alcohol no tardaría en
volver a caer en las drogas... ella se dijo así misma lo que se suele
decir en estos casos, ¡yo controlo! Pero por desgracia las cosas no son
tan sencillas como a primera vista parecen. Lo que empezó como una broma
de tomar una copa, terminó como el rosario de la aurora... una copa tras
otra estuvo consumiendo hasta que dieron las 12 de la noche. Ebria hasta
el punto de no poderse sostener en pie, se fue acompañada del camionero
hasta la habitación. Cuando vino en sí, se sentía mal y muy angustiada
por haber sucumbido al poder de la bebida, pero lo hecho, hecho estaba.
Tiró todo el trabajo de tres años por la borda, por la borda de su
miserable vida... Tuvo la gran suerte de dar con un hombre que la respetó
y que no le tocó un solo pelo del cuerpo. -¿Me
has follado? –Preguntó al desconocido camionero- -No,
estoy casado y respeto a mi mujer siéndole fiel. Te he dejado dormir toda
la noche a pierna suelta como si fueras un angelito. Pero he de decirte
que hemos dormido en la misma cama, ¡lo siento, no había otra habitación! Aquel
camionero que tenía la edad suficiente como para ser su padre se comportó
como si realmente lo hubiera sido. Cuando se marchaba le aconsejó
que no siguiera bebiendo o terminaría de mala manera... ella como
de costumbre no hizo caso de las palabras de ese buen hombre. Fue al bar,
pidió un güisqui y tras pagar la cuenta, se montó en el coche y con la
resaca por el alcohol consumido se marchó por la carretera en sentido
contrario al que el día anterior llevaba... no era una equivocación,
condujo como si se hubiera vuelto loca y regresó a la ciudad que le viera
partir hacía algunas horas. -¿Qué
haces por aquí Malika? –Le preguntó un chico cuando estaba parada en
un semáforo- -Si
te digo la verdad, no lo sé. –Contestó con la vista perdida- Malika
estaba atormentada por sus recuerdos de niñez. Sabía que si en alguna
parte podía salir del agujero en el que estaba atrapada, ese era su
pueblo de nacimiento y más concretamente enfrentándose a su padre que
desde niña la había hundido psíquicamente comparándola continuamente
con su madre. Su madre era la mejor... su madre lo hacía todo bien, para
ella quedaban los trabajos desagradables y los palos... muchos palos. -¿Papá,
papá, estás en casa? –Llamó Malika con voz de pocos amigos- Su
padre, el malvado padre sabía que si contestaba a la llamada de Malika
sería lo último que haría. En el fondo de su oscuro corazón sabía que
había arruinado la vida de su única hija. -Papá,
no te escondas, ¡sé valiente una vez en tu vida! Da la cara para que te
pueda ver antes de... ¿recuerdas las palizas que me dabas sin motivo
alguno? Acuérdate de los puñetazos en la boca del estómago que en más
de una ocasión me dabas. –Sin poderse contener y con ira le recordaba- Malika
con mucha astucia le había robado un revolver al camionero con el que pasó
la noche, lo empuñaba, estaba
decidida a terminar con la vida de su degenerado padre. -Papá
aquí estoy, ¡fóllame por última vez! –Le dijo reflejando odio en sus
ojos- Su
padre, el cobarde y depravado padre no salía de su improvisado escondite,
el miedo le había paralizado, su negro corazón dejó de latir. Por una
vez en su vida había hecho algo loable por su hija. Después de unos
minutos lo encontró sentado en el suelo apoyando la espalda sobre la
pared de un pequeño cuarto... sus ojos parecían mirarla, pero Malika no
pudo, ¡no quiso derramar una lágrima! Los
recuerdo, todos los recuerdos están enterrados allí, en el cementerio
que hay en la ladera de la colina... para ella han muerto y no los quiere
rememorar, nunca existieron, ¡es mejor así! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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