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Relato Hace
exactamente 20 años que estoy más o menos felizmente casado con mi señora
de 50, siempre hemos mantenido una relación sexual chapada a la antigua.
Al principio de casados, por aquello del interés por lo desconocido hasta
hacíamos el amor tres veces por semana, ¡no crea que más! Pero después
del deseo vino el amor, ¡y poco más! en ese preciso instante pasamos a
tener por costumbre simplemente follar el viernes madrugada del sábado.
Del polvo del sábado y a otra cosa mariposa, nadie nos pudo sacar. Como
era de esperar la monotonía nos llegó. Como ya he dicho éramos felices,
¡la amaba, creo que ella me amaba! Pero en el fondo de mi ser sentía que
ya no la deseaba, daba por sentado que a ella le sucedía lo mismo. -María
hoy nos toca, ¿realmente tienes ganas? -Si
quieres que te diga la verdad, no me apetece hacerlo en absoluto. Lo
podemos dejar para el próximo fin de semana. ¡Por cierto!
Ha llamado tu hija. -¿Quieres
decir nuestra hija, verdad? De
estar hablando de sexo pasamos al tema de los hijos, la casa, los pagos
del banco o comentar algo que es una nimiedad que han dado por la televisión. -Sí
Mariano, me refiero a la hija producto de nuestro primer amor.
¡Buenas noches cariño! -Que
descanses amor. Ese
viernes presentía que algo en nuestras vidas iba a pasar, eran las tres
de la madrugada y no podía dormirme... no era sólo yo, María también
estaba desvelada y me dijo: -¿Mariano
te has dormido? -¡No,
María! Estoy despierto y desvelado, no sé qué es lo que me está
ocurriendo, pero no puedo conciliar el sueño, ¿Te sucede lo mismo? -Así
es Mariano. Aprovechando que no puedo dormir te diré algo que hoy me ha
sucedido con Paco. -¿Con
Paco, tu amigo el doctor? -Sí,
con ese Paco, ¡sabes que no conozco a otro! ¿Te apetece que lo cuente o
intentamos dormir? -¡Dime,
soy todo oídos! -Como
sabes, Paco es psiquiatra, sexólogo y ginecólogo, le he contado que
desde hace mucho tiempo no follamos más que los sábados y que en algunas
ocasiones ni eso, ¡hoy mismo nos ha pasado! -¡Joder
María, que cosas les cuentas a los desconocidos! ¿Qué te ha dicho? -No
te enfades por lo que te voy a decir. -¡No
me asustes María! Dime lo que tengas que decir que me tienes en ascuas. María
me contó todo lo que su amigo Paco le había aconsejado, ¡no le faltaba
razón! Le había dicho que teníamos que echar sal y pimienta a nuestra
vida sexual, que con sólo hacerlo una vez a la semana no es suficiente.
Decidimos hacerle caso... -¿María
qué te gustaría que te hiciera sexualmente hablando? -Me
daría gran placer el que me masajearas la vulva y la zona anal con aceite
de rosas. -¡Eso
está hecho mujer! ¿Tienes ese aceite del que hablas? -Sí,
lo tengo en el cuarto de baño, aprovecharé para hacer de vientre de esa
forma tendré más limpio el recto, ¿quieres venir para ver como lo hago? -A
ver María, si no te he entendido mal, deseabas que te diera un masaje en
la vulva y en la zona anal, ¿qué
tiene que ver eso con que necesites defecar? ¡Y sobre todo! ¿Qué tiene
eso que ver con que te lo vea hacer? -¡Ay
Mariano, qué cortito eres! Es una manera de que te excites sexualmente y
así estés preparado para luego penetrarme. -¡María,
estás loca! Cuando encuentre cara acara a ese amigo sexólogo y no sé
cuantas cosas más, le voy a decir un par de cosas. ¡Ni de bromas esperes
que te introduzca mi pene en el ano! ¡Serás cochina! -¿Quién
te ha dicho que necesariamente sea tu pene el que tengas que introducirme
en el ano? Podría ser un consolador, un vibrador o inclusive uno de los
diez dedos de tu mano. Yo luego podría hacer lo mismo en el tuyo, Paco me
ha dicho que eso a los hombres os produce un gran placer. -María
veo que estás perdiendo el poco sentido que tenías, ¿me estás llamando
marica? Te lo repito, cuando vea a Paco le morderé una oreja. -Mariano,
deja a Paco tranquilo, que él no tiene culpa de tu poco cerebro, ¿qué
tiene que ver ser homosexual con disfrutar de tu cuerpo? Yo llevo hace años
introduciéndome el vibrador por el ano, y no me considero una prostituta,
una lesbiana o no sé qué cosas más. Y te puedo asegurar que disfruto
mucho, de no haberlo hecho, hace años que te habría dejado. -¡María,
si quieres siempre estamos a tiempo! -Suponía
una contestación así, ¡típico de ti! Veo que no estás dispuesto a
realizar mis fantasías sexuales compartiéndolas conmigo, ¡no te
preocupes, seguiré haciéndolo sola! Cuando pase el tiempo y necesites
desahogarte, ¡no me busques! Ten por seguro que no seré más tu muñeca
hinchable. Lo
que no tenía que suceder, por desgracia sucedió, cruzamos esa delgadísima
línea que separa el amor del odio. -Hasta
ahora no me había dado cuenta, pero veo que estás hecha una buena zorra
María, ¡qué engañado he estado! Supongo que a parte de hacer eso que
has dicho habrás hecho otras cosas más, ¿los llevo muy largos? -Puedes
estar tranquilo, he sido tan tonta que ni siquiera te he engañado en sueños,
¡qué perdida de tiempo! Haré oídos sordos a lo que acabas de llamarme,
no merece la pena que me enfade por tan poco hombre. -¿Poco
hombre yo? Como sigas diciendo esas barbaridades me obligará hacer algo
que no quiero. -Hazlo,
pégame Mariano, así confirmaré mi teoría. Sabes que eres más fuerte
que yo, y que nada podría hacer por evitarlo, ¡soy toda tuya! Fin *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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