Mujer con varices

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Datos ténicos

Título: El dependiente (III) Mujer con varices 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Guión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Señora
Actores: Señora, Néstor
Música: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Sociedad - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Mi primer día de trabajo pasó rápido y con varias anécdotas para mí, era todo nuevo y todo me parecía extraño, ¡por lo tanto anecdótico! Una vez en casa cansado de todo el día andando de un lado para otro, estuve tentado de llamar a Mariana, pero estaba tan cansado que decidí no hacerlo. Sabía que si la llamaba llegaría tarde y no podría descansar lo suficiente para estar al día siguiente en buena forma física y mental. Por lo tanto a las doce de la noche estaba metido en la cama soñando con los angelitos, ¡sí, angelitos! Hermosos angelitos de sexo femenino con torneadas caderas, largas piernas y prominentes pechos, así pasé la noche...  

Soy joven pero ya tengo arraigada la virtud o el defecto de llegar temprano a los sitios, ¡no me gusta que me esperen! Esa cualidad hizo que descubriera algo que no tiene más importancia que la que se le quiera dar. El caso es que al pasar por el vestuario de las mujeres vi dándose el piquito a la encargada y a la dependienta más antigua de la empresa, ¡parecían ser pareja! Aunque no tiene importancia, en mí provocó un poco de morbo y me excitó sexualmente. Aquella visión empezó a despejar algo que el día anterior observé cuando en repetidas ocasiones las veía juntas riéndose de un insignificante mortal. ¡Yo!  

-Chicas, son las nueve. Recordad que el peligro está ahí fuera –Dijo la encargada haciéndonos reír-  

La encargada, una mujer de unos 50 años de edad tenía experiencia y aunque de broma, no le faltaba razón en decir que el tratar con el público es un poco especial, a veces hasta peligroso, ¿por qué no?  

-Néstor, acompaña a esta Señora a los probadores, quiere probarse unos zapatos del modelo en oferta, calza un 37.  

El día empezaba para mí con una clienta de una edad algo avanzada y en este caso con varices en su modalidad de arañas vasculares. Eran realmente amenazantes, ¡me aterrorizaron! No soy arancnofóbico pero aquellas arañas formadas por venas sanguíneas a punto de reventar me provocaba un cierto temor que al tocarlas pudieran expulsar el contenido de su interior.  

-Tenga Señora sus zapatos. –Temiendo lo peor le dije-

-Hijo, sea tan amable de ponérmelos usted, ¡yo no me puedo agachar!  

La buena señora vio en mi cara la repulsa por tocarle las pantorrillas llenas de varices. Mirándome a los ojos y con cara de enfado me increpó:  

-No se preocupe, ¡no pican!

-¿A qué se refiere Señora? –Le contesté haciéndome el despistado-  

No cruzamos más palabras, me armé de valor y cogí su pierna izquierda por la pantorrilla para descalzarla y probarle el zapato elegido, por suerte les quedaban de fábula La señora no fue nada complicada. Apenado, serio y creyéndome culpable por lo sucedido la acompañé hasta la caja para que le cobraran. Al marcharse dijo:  

-Recuerda que varices también las pueden sufrir los hombres, ¡gracias por haberme ayudado! Adiós, que tenga un buen día.  

Tuve suerte de que la encargada no estuviera en la caja a la hora de pagar la desafortunada señora, de haber estado estoy seguro de que me hubiera llevado una buena reprimenda. Era una cosa que tenía que corregir, no expresar estados de sentimiento con mi cara, entendí que lo mejor era siempre sonreír aunque la sangre diera saltos en el interior de mis jóvenes venas.  

-¿Qué ha sucedido Néstor? –Preguntó la cajera-  

Hice oídos sordos aprovechando que había una clienta esperando, ¿qué le importaba lo ocurrido? No podía fiarme de nadie pues aún no los conocía.  

-¿Qué desea Señora?

-Quiero un modelo de botas que me han gustado pero en las estanterías no hay, necesito el número 43.

-Acompáñeme y dígame cuales son.  

Efectivamente, en la estantería no quedaban botas del número 43. Fui al ordenador del almacén para comprobar si quedaban. Al entrar escuché unos gemidos que venían de la parte trasera del almacén, allí existen unas estanterías de zapatos fuera de moda, un lugar al que normalmente no se accede según me habían explicado. Sigilosamente me acerqué y observé una escena erótico lésbica que hizo me olvidara de lo sucedido con la señora de las varices... Eran la encargada y la dependienta más antigua, estaban abrazada besándose desesperadamente, por lo visto estaban tan calientes que no podían esperar al término de la jornada para practicar sus juegos sexuales. Las dejé allí disfrutando de su descaro y recogí el último par de botas del número 43 del modelo que me habían pedido. Regresé a los probadores.  

-¡ha tenido suerte señora! Solamente quedaban unas en el almacén, ¿le ayudo a probárselas?

-No, será mejor que no, está a punto de llegar mi marido y si le ve tocándome las piernas es capaz de darle una paliza aquí mismo, ¡es muy celoso!

-Entonces mejor que no Señora, ¡no quiero morir tan joven! –Le dije serio-  

Pensaba que esa gran señora estaba exagerando pero cuando vi entrar por la puerta de la tienda a aquel pedazo de armario de dos cuerpos, ¡qué tío!, un nudo se me formó en la garganta y tuve que tragar saliva para no dejar de respirar, que los tiempos no están para eso. ¡Qué pareja! Ella debía medir al menos un metro y noventa centímetros y él, por lo menos 2 metros y 10 centímetros . Entonces me pregunté, ¿qué estatura tendrán sus retoños?  

-El pequeño de 12 años 1,90 cm . y el mayor de 18 años 2,15 cm . –Contestó para mi asombro la amable señora-

Estaba seguro de no haberle preguntado nada, ¿me leyó la mente?

 

Denominación de la RAE de Género

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Nuestro agradecimiento a todos los que por unas causas o por otras visitan nuestra web. Gestión de empresas PYMES. Hay un refrán que dice algo así como "zapatero a tus zapatos" eso es lo que hago yo desde que hace años entré a trabajar en una zapatería. La desafortubnada mujer tenía varices en la piernas y tuve que probarle unos zapatos.