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Relato Tengo
un trabajo que es una verdadera delicia para mí, ¿por qué se preguntará?
Es muy fácil de entender. Trabajo en una zapatería en el departamento de
señoras, la citada zapatería está ubicada en un gran centro comercial.
En honor a la verdad, he de decir que en ocasiones odio el trabajo que
hago, sobre todo cuando a la que tengo que atender es una clienta a la que
le huelen los pies, ¡son las menos! Pero las hay, es insoportable
aguantar el olor de algunas de las mujeres a las que he atendido, supongo
que no lo pueden evitar, hay personas que tienen un sudor fuerte y
penetrante. Por eso poco a
poco voy a contar algunas de las anécdotas que he tenido que sufrir y
disfrutar en los tres años que llevo trabajando: Recuerdo
que no llevaba más de una hora trabajando cuando por la puerta de entrada
principal hace aparición una señora de muy buen ver de unos 45 años,
nunca he sido bueno para adivinar la edad de las mujeres. El caso es que
la encargada se acerca a ella y le pregunta: -Buenos
días Señora, ¿Qué es lo que desea? -Unas
sandalias de tacón alto. –Dice la despampanante mujer- -¿Quiere
ser atendida por un chico o por una chica? –Pregunta la encargada- -Por
un
chico, ¡son más simpáticos! La
encargada de tener una cara agradable y sonriente pasó a tener la cara de
los lunes por las mañanas, ¡sí, esa! la que se tiene cuando aún no se
ha ido al cuarto de baño, ¡vamos enfadada! -Néstor,
atiende a esta Señora. –Dice la encargada con cara de pocos amigos- -Buenos
días Señora, ¿qué desea? Dijo
el modelo de sandalias de tacón alto que le interesaban, la acompañé
hasta los sillones de prueba como me habían enseñado y con amabilidad la
invité a que se sentara mientras iba en busca de las sandalias que había
elegido. Posó su precioso trasero con gran elegancia y con no menos cruzó
las piernas dejando generosamente a la vista gran extensión de muslos,
pensé, ¡quien fuera asiento! -Señora
en dos minutos le traigo las sandalias. -Le
espero, Gracias. –Contestó con una leve sonrisa- Del
almacén traje la caja correspondiente al número que la clienta había
solicitado, como todavía era un pardillo solamente cogí el número que
ella me dijo. -¡Ya
estoy aquí señora! ¿Se las prueba usted o lo hago yo? -Muy
bien, ¡hágalo usted por favor! En
ese preciso momento empezó mi calvario, yo no tenía experiencia como
dependiente de zapatería y mucho menos en como ponerle unos zapatos a una
mujer. La señora descruzó las piernas con sumo cuidado para no enseñar
más de lo debido, en ese momento percibí un leve olor a pescado, que en
sí no era desagradable. Otra cosa fue cuando con suavidad la descalcé
para probarles las sandalias, el olor que soltaba era casi insoportable.
Hice de tripas corazón y le coloqué los zapatos para que pudiera ver
como les quedaban. Al levantarse para verse en el espejo me brindó con
una clara visión de su excitante vulva al completo, ¡no llevaba bragas!
Supongo que de ahí el ligero aroma a pescado que percibí. -Me
gustan, pero me quedan un poco grandes, ¿no cree? -¡Sí
Señora, es cierto! Ahora le traigo otra talla más pequeña. Nuevamente
tuve que ir al almacén en busca de las dichosas sandalias de una talla
menor. Fue entonces cuando me fijé que la encargada y una de las
dependientas hablaban y se reían mirando hacia mí. Supuse que se reían
por no haber llevado una talla por debajo y una talla por arriba, ¡no le
di más importancia! Tomé de la estantería la talla inferior del modelo
de sandalias de tacón alto y regresé hasta la perfumada señora que
pacientemente esperaba. -Señora,
veamos si estas les quedan bien. -Estoy
segura que sí. Casi
aguantando la respiración, la descalcé y le puse las de la talla
inferior. Mientras lo hacía estuve deleitándome con la visión que me
brindaba. Supongo que aquella era la propina que me estaba dando para
compensar el mal olor que estaba soportando. -Estas
me quedan de película, ¿le gustan? –Dijo con voz sensual. -Les
quedan perfectas, Le hacen lucir las piernas realmente hermosas. -Que
amable eres chico, ¿te gustaría acariciarlas verdad? -¡Por
supuesto Señora, pero mi trabajo no me lo permite! –Le dije sonriendo- Aquella
señora un tanto desvergonzada se llevó las sandalias puestas, sus
zapatos cerrados de tacón alto los introduje en la caja de las sandalias
y las metí en una bolsa. En caja pagó y con viento fresco se marchó. La
encargada se partía de la risa cuando le conté lo sucedido. Me dio un
ambientador para que pulverizara la zona. Diciéndome: -No
te preocupes chico, no será la única clienta que te encuentres así. Yo
llevo 30 años de profesión y te puedo asegurar que he visto de todo. Como
la encargada me había mandado, pulvericé la zona con el ambientador. Lo
estaba haciendo cuando vi entrar a una joven con un vestido corto y
ajustado. En ese momento estaban todas las dependientas ocupadas, antes de
que se acercara la encargada lo hice adelantándome a ella. -¿Qué
desea Señorita? -Quiero
probarme unos zapatos que hay en el escaparate. -Acompáñeme si es tan amable y dígame cuales son.
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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