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Relato Demetria
y Donata son dos chicas que han acudido a los grupos de terapia para
controlar la enfermedad del furor uterino (ninfomanía). Estas reuniones
las denominamos con las siglas NN, que significan niñas ninfómanas,
aunque también las podríamos denominar CN, MN... pero hemos optado por
la de NN, ya que son grupos de terapias creados y pensados para las chicas
entre 12 y 19 años, que tienen unos impulsos incontrolables de hacer el
amor a todas horas y con todo el que se les ponga por delante. No se rían,
que no es una cosa de risa. Imagínese usted por un instante inmerso en
esa situación. Al principio le puede parecer una cosa de lo más
apetecible. Pero cuando cualquier cosa que hacemos en la vida se convierte
en obsesión, incluido el sexo, deja de ser placentero y pasa a ser una
verdadera puntilla clavada en el centro de nuestros corazones. Mi
marido cuando me conoció estaba feliz, era un tío muy fogoso y la idea
de estar follando a todas horas le parecía la cosa más sensacional que
le podía pasar a hombre alguno. Nos casamos y dos meses después su
suerte no le parecía tanta, tanto era mi deseo de copular que le hice
adelgazar 15 quilos. Cosa que al principio le pareció otra suerte ya que
por cierto le sobraban. Pero cuando se quedó sin grasas, y yo quería más
y más... las cosas empezaron a ir de mal en peor, la situación ya no le
parecía una bendición, y de llamarme cariño melosamente, pasó a
llamarme puta, ¡no sé que tenía que ver! Pero como deseaba follar a
todas horas, ¡para él era una puta! Nunca le puse los cuernos, ¡nunca
lo engañé! Como es natural, nos separamos. A
pesar de la corta experiencia que tuve con mi primer marido quedé más
que harta de obligaciones, pero mis ganas de copular no cesaban, si no tenía
una polla de hombre a mano, me tenía que conformar con un buen
masturbador, pero mi vida no iba por buen camino, de las 24 horas que
tiene el día, 9 me las pasaba masturbándome, cada vez sentía menos
placer y cada vez necesitaba más y más. Los psiquiatras no sabían que
hacer con mi dolencia, me dieron toda clase de fármacos que no me servían
de nada, mi obsesión no decrecía, ¡al contrario, aumentaba! Me dijeron
que había unas terapias de grupo que estaban en fase experimental, y
auque eran para chicas de Cuando
me presenté al grupo, lo hice como muchas veces lo había visto hacer a
los alcohólicos en las películas americanas. Saqué fuerzas del
interior, me puse en pie y dije: -Me
llamo Cristal y admito que soy ninfómana. Todas
aplaudieron supongo que influenciadas por las mismas que había visto yo,
pero me sentía mal, muy mal. Estar allí, ante tantas chicas más jóvenes
que yo me hacía sentir vergüenza. Pero la psiquiatra y las monitoras
ayudantes hicieron que pronto me relajara y dejara de sentirla, ¡sabían
lo que hacían! En
esos momentos creía que mi caso era el peor del mundo, pero cuando conocí
los casos de Demetria y Donata, mi vida pareció no ser tan desdichada.
Eran dos niñas, dos niñas ninfómanas. Demetria a sus 12 años, llevaba
de andanzas en el mundo del sexo, Demetria con 13 años había quedado dos
veces embarazada. Sus casos si que eran realmente estremecedores. Yo por
lo menos hasta ahora me había controlado y sólo practiqué el sexo con
mi exmarido, pero ellas se entregaban al primer hombre que se lo pedía. Me
parecía extraño que el llamado furor uterino pudiera arruinar la vida de
unas chicas tan jóvenes. Los fármacos parecen tener muy poco éxito en
la gran mayoría de casos. Dice la psicóloga que todo es mental y que
ella con su experimento tratará de sacarnos del túnel en el que estamos
metidas. Nos ha dicho que ella sabe que la enfermedad que padecemos puede
ser el principio de caer en las drogas y la prostitución, que tenemos que
ser fuertes y hacer todo lo que nos diga. En
esas estamos, pero han pasado 3 meses y cada día que pasa deseo ser
penetrada por cualquier polla, con tal que sea de carne, los consoladores
me empiezan a dar asco. La terapia ha sido todo un fracaso, no ha tenido
éxito con ninguna de las que asistimos. Lo siento por la psicóloga y las
monitoras que pusieron todo su empeño. Las
consultas privadas al psiquiatra me solucionan el problema durante dos días,
a partir del tercero, como si de una droga se tratara vuelvo a las
andadas, he pasado del consolador a la caza del primer hombre que
encuentro. Hasta en mi trabajo me empiezan a llamar puta, no soy
prostituta, ¡no me siento prostituta! Además no cobro nada al que me
penetra. Pero la verdad es que me empiezo a sentir como una mujer que
regala su cuerpo y que no siente placer. Como siga así perderé mi
trabajo, todos los chicos me han follado. Con las chicas no lo he
intentado pero como siga a este ritmo, no creo que tarde mucho en hacerlo,
¡no tengo solución, soy un caso perdido! La psicóloga me ha dicho que
tenga mucho cuidado con las enfermedades de trasmisión sexual, ¡lo
intento, pero no sé como terminaré! Os
dejo, que hoy es viernes y he quedado con dos chicos que he conocido
cuando tomaba una copa a la salida del trabajo. Espero que al ser dos me
satisfagan y quede servida para toda la semana. ¿No hay cura para esta
enfermedad? ¡Socorro...! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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