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Relato Juana
era la enfermera suplente que hacía la veces de comodín, ¿qué es hacer
de comodín se preguntarán? Yo como soy una persona muy comprensiva, les
diré el significado que tiene en el mundo laboral ser un comodín. Es
aquella persona que normalmente se utiliza para sustituir al trabajador
que por una causa o por otra falta a su puesto de trabajo, estas personas
saben realizar cualquier cometido de la empresa en cuestión. ¡Ho,
paradoja! A pesar de los pesares, no siempre estas personas son
correspondidas con una gratificación especial, ¡para nada! Al contrario,
en muchas ocasiones hasta son mal vistos por sus compañeros, y a la
empresa tanto les da, si no hay uno hay otro, ¡comodines no faltan! Juana
es una magnífica profesional de la enfermería que se dedica en cuerpo y
alma al cuidado de los enfermos que les toca, y puedo asegúrales que lo
hace realmente bien. Pero no, no es de su vida profesional, no es de su
faceta de comodín de lo que quiero hablar, ¡para nada! Es de su vida
privada en la que me quiero centrar: En
una de las sustituciones que Juana hacía, conoció a la que más tarde
sería el amor de su vida, ¡Clotilde! Así se llama la doctora a la que
conoció durante la sustitución de un día, ¡qué día! Fue un flechazo,
un certero flechazo de cupido en todo el centro de su corazón, ¿resulta
ñoño verdad? Pero qué les puedo decir, el amor es así, poquita cosa,
muy poquita cosa para algunos y algo inalcanzable para otros. Juana no era
lesbiana, o por lo menos lo ignoraba ¿qué le pudo pasar para enamorarse
a primera vista de Clotilde? A decir verdad Clotilde no era nada del otro
jueves, ¡vamos que era una mujer normalita! No era una belleza pero tenía
algo, algo que Juana percibió en el instante en que la vio. No
crean que pasó algo fuera de lo normal, ¡no! Cuando se vieron por
primera vez se miraron fijamente a los ojos, ¡de ellos saltaron chispas!
El día lo pasaron trabajando duro, eran dos abnegadas profesionales a las
que les gustaba hacer lo que hacían, ¡no hay dudas! Pero como toda
persona que se precie, al concluir la jornada laboral es proclive a
pasarlo bien, ¿sino, qué es la vida? Clotilde al ser la profesional de más
rango, parecía que era la que debía tomar la iniciativa, por ese motivo
fue por el que invito a tomar un refresco a Juana, ¡ella aceptó! Por qué
no habría de hacerlo, si no se lo hubiera pedido Clotilde lo hubiera
hecho ella. Llegaron al bar donde por lo general se solían reunir todo el
personal del hospital, sentada en una mesa en un rincón íntimo, se
miraron fijamente la una a la otra los ojos, de ellos ahora no saltaban
chispas, eran reflejos inequívocos de lágrimas, ¿qué les ocurría?
Aquello era una cosa a primera vista inexplicable, pero para ellas aunque
una experiencia nueva sería algo inolvidable. Clotilde
y Juana a penas se cruzaron palabras, nada más miradas, ¡con ellas se
entendían! Sin esperarlo Clotilde tomó suavemente la mano de Juana y se
marcharon en dirección a su apartamento, Juana se dejaba llevar, nunca
había sido así atraída por una mujer, pero ella lejos de rechazarla
estaba cada vez más y más interesada por el resultado de aquella pequeña
aventura... Empezaron poco a poco a conocerse, mas aquella situación de
embobamiento no pasaba, ¡iba a más! El flechazo fue profundo y
atravesado. De las palabras pasaron al roce, y de éste, al sexo, que
aunque importante no era lo principal de su enamoramiento, ¡era otra
cosa! Pasaron
los días, y con estos los años, decidieron vivir la vida juntas, todo
iba a pedir de boca, se querían y se respetaban. Eran una pareja de ensueño,
hasta que a Clotilde se le despertó el reloj maternal, ¡vamos, que
deseaba tener un hijo! Juana por el contrario unos años más joven que
Clotilde no lo deseaba. Como en casi toda pareja que precie, empezaron las
discusiones y de éstas el desacuerdo. Dicen, dicen las malas lenguas que
del amor al odio hay un pequeño salto, ¡ellas lo dieron! Lo que antaño
fue todo comprensión, todo amor, ahora pasó a se desamor y odio. La
situación era un poco embarazosa, y no porque Clotilde quedara
embarazada, ¡no! No lo pudo hacer, resultó que no podía engendrar
debido a una enfermedad congénita. La situación era embarazosa porque
verse todos los días con la persona que has amado, que has querido y a la
que ahora odias, ¡o tienes celos! Vete tú a saber, es un poco violento y
te sientes mal. Supongo
que en esa realidad se encontraba nuestra enfermera protagonista de esta
historia de amor y odio. Decidió cambiar de aires, se marchó del trabajo
y hasta cambió de ciudad, no podía soportar más tiempo el ver a la que
había sido su pareja durante años en manos de otras, ¡de otros! Comenzó
una nueva vida, lejos muy lejos de la mujer que un día fue su amante, No
lo quería admitir, pero en el fondo de su corazón aún existía un
rescoldo de Clotilde, ¡qué triste, cuánto nos complicamos la
existencia! Hace algunos años que no he sabido de ellas, si algún día las vuelvo a encontrar no dudaré en sonsacarles algo se sus vidas y si ellas dan permiso contarlo, ¡mira que soy cotillas! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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