Confusión con la sirvienta

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Datos ténicos

Pantorrillas de mujer

Título: Confusión con la sirvienta 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Noelia
Actores: Noelia, Madre, Tomás
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Por motivos que no vienen al caso, en mi casa tuvimos que contratar los servicios de una chica para que hiciera los trabajos pertenecientes a la casa, limpieza, comida etc. Yo nunca fui partidario de que en mi casa entrara a trabajar nadie, creía que no me sentiría cómodo al estar una persona extraña viendo y escuchando mis intimidades, pero las circunstancias hicieron que me tuviera que adaptar.  

Pasaron algunas semanas desde que Noelia empezó a hacer mella en mí. Un domingo aún estando acostado, entró en mi habitación para traerme el desayuno. Mi madre le dijo que me lo trajera a la habitación. Entró tras un leve golpe de la mano en la puerta, yo en ese momento estaba haciendo lo que todo joven a los 20 años suele hacer al despertar, ¡me estaba masturbando! La mujer entró y se hizo la disimulada, aunque estoy seguro de que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ¡figúrense! Yo joven, inexperto y totalmente falto de una hembra que calmara mis fantasías. Ella, una mujer madura y aparentemente experta en las labores del acto sexual:  

-Buenos días, le traigo por deseos de su madre el desayuno. Incorpórese por favor, se lo sirvo en la bandeja.  

Totalmente rojo y aún con mi miembro erguido, me dispuse en posición para tomar el desayuno, la bandeja era una de esas inventadas para realizar ese cometido, hacer de mesa. Al colocar la bandeja en la posición correcta para que pudiera desayunar cómodamente, topó con el glande de mi pene que al sentir el peso de la misma, hizo que yo diera un pequeño suspiro de placer, contrayendo el cuello:  

-¿Le he hecho daño?

-No, en absoluto, ha sido un reflejo. ¿No pasa nada, Noelia?

-¿Seguro, quiere que luego le de un masaje?  

Quedé mudo, parecía que como habitualmente se les dice a los niños, “el gato se me había comido la lengua” ¡Qué infortunio! Cómo me hubiera gustado disfrutar de esa madura, ¡pero no vieja mujer!  

-¿No desea nada más?  

Con esa pregunta me dejo allí sentado en la cama dispuesto con la bandeja haciendo presión sobre mi erecto pene a punto de eyacular. Y todo por haberle visto fugazmente uno de sus pechos, ya que llevaba un botón de su uniforme desabrochado, ¡qué infantil que soy!  

Mientras desayunaba, fantaseaba con las cosas que me gustaría hacer con esa madura mujer de 45 años, ¡sí, sabía su edad! Hurgué en el despacho de mi padre y encontré los papeles de alta en la Seguridad Social , en esos, las mujeres suelen decir normalmente la fecha correcta de su nacimiento. Estaba a punto de correrme cuando oigo la voz autoritaria de mi madre:  

-Roberto, te estamos esperando. ¡Prepárate que llegamos tarde a misa!  

La eyaculación, aunque inminente, debido al respeto o quizás miedo que tengo a mi madre se retiró a su lugar de procedencia, ¡los testículos! Y créanselo, la erección de mi pene se redujo a cero, ¡le tengo pánico!  

-En 15 minutos estoy preparado.

-Espero que sea así. –Contestó como siempre enérgica-  

Durante la misa estuve nuevamente pensando en Noelia, está mal el decirlo, pero es que yo soy un practicante forzado de la religión a la que pertenecen mis padres. Asisto obligado por mi madre, ¡pobre de mí si no lo hago! Entre pensamientos, fantasías y puras animaladas, el tiempo de la misa pasó casi sin sentir.  

Tras mentir a mi madre, de regreso de misa me dejaron en casa. Le dije que tenía que estudiar para un examen el lunes por la mañana. Ella se lo creyó, ¡eso parecía! Lo del examen era verdad, lo de estudiar no, soy muy buen estudiante y no necesito repasar nada antes de ellos, aprovecho el tiempo de las clases al máximo y además estudio 5 horas diarias para repaso. Eso lo hago todos los días de lunes a viernes, sábados y domingos los dedico a descansar, ¡ella no lo sabe! El plan estaba en fase de inicio, tendría 5 horas para intentar hacer las cosas que había pensado con Noelia. Esas cinco horas que mis padres como todos los domingos dedican para ir a comer a un restaurante en la montaña, ¡sí, allí, donde alguien perdió las alpargatas! Esta es la primera vez que no me obligan a ir con ellos, ¡aún no me lo puedo creer! Mi madre antipática como siempre dice:  

-Tomás, espero que estudies y que mañana apruebes ese examen que dices que tienes.

-Así lo haré mamá, ¡no te preocupes!

-No, yo no me preocupo, el que se tiene que preocupar eres tú como suspendas.  

Con esa advertencia cariñosa por parte de mi madre partieron rumbo a su esparcimiento dominical, ¡qué descanso! Durante cinco horas podré estar tranquilo sin el temor de ser sorprendido por la figura dominante de mi madre. Como muestra un botón, fíjense si es dominante, que no puedo tener amigos, todos los que he intentado llevar a casa han salido espantados a los pocos minutos. Controla lo que hago en casa y fuera de ella.  

-Adiós mamá, que lo paséis bien.  

Entré en casa contento de alegría y no tardé en llamar a Noelia para que me preparara un tente en pie. No tardó en llegar, como hacía algunas horas, aún llevaba el botón del escote desabrochado y se le podía ver algo uno de sus pechos, ¡eso me bastaba! En revistas durante las horas de clase he visto muchas, pero en verdad, ¡ninguna! En clase siempre que veo alguna chica descotada las evado, no quiero que piensen que no me he comido nunca una rosca, ¡es verdad! Pero ellas no tienen porque saberlo.  

-¿Qué desea?

-Prepáreme algo de comer y sírvamelo aquí, estaré viendo las carreras de motos.

-¡Enseguida vengo!  

Noelia es muy correcta en el trato y aunque a mis padres les llama señor y señora, conmigo nunca se dirige diciendo, ¡señor! Cosa que por otra parte odiaría, pero si me encantaría que se dirigiera ha mí llamándome por mi nombre. Ahora en cuanto llegue se lo haré saber:

-Aquí tiene, espero que disfrute de la comida y de la carrera.

-Gracias Noelia, ¡muy amable! Tengo algo que decirle.

-¡Dígame!

-Me llamo Tomás y me gustaría que me llamara por mi nombre.

-Así lo haré a partir de ahora Tomás.  

Estaba allí, en pie frente a mí, en la posición en la que estaba su culo era tentador. Me armé de valor y sin pensarlo, se lo toqué por encima del vestido. Ella, también sin pensarlo, me soltó un bofetón que casi me desencaja la mandíbula y dice:  

-¿Qué se cree usted Tomás, que por que soy una empleada del hogar soy una puta? Está usted muy equivocado. ¿Qué conclusiones ha sacado de la frase, darle un masaje? Me refería a un masaje en las cervicales, ya que usted hizo un movimiento de dolor en el cuello y yo soy masajista ¿Necesita algo más?  

Esas fueron las últimas palabras que le oí pronunciar a Noelia, en cuanto llegaron mis padres, les contó lo sucedido y se marchó. Mi madre si mediar palabra la escuchó con atención. Cuando hubo terminado y marchado, se dirigió hacia mí, me propino dos bofetadas al tiempo que me llamaba degenerado.  

-¿Hay para tanto mamá? –Me atreví a contestar-

-Sí, si hay para tanto, no es lo que has hecho, es lo que pensabas hacer. A las personas hay que respetarlas. ¿Lo has entendido?  

Ha pasado el tiempo, he olvidado aquel error de mal gusto por mi parte con la sirvienta Noelia, ¡mi madre no! Terminé la carrera, encontré trabajo y sin pensármelo dos veces me marché de casa. ¡Ahora sé lo que es vivir!

*-*-*

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