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Pantorrilla
de mujer (IV) Lencería femenina

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Datos ténicos |

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| Título: |
Pantorrilla
de mujer (IV) Lencería femenina |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Daniela |
| Actores: |
Daniela,
Penélope, Roberto. |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Erótico |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
Relato
Estaba
tan impaciente porque llegara el lunes que me presenté en mi despacho dos
horas antes del horario establecido, hasta el vigilante de la entrada se
extrañó al verme tan temprano, ya que yo soy una persona muy puntual,
pero no llego antes de la hora ¡No me gusta regalar mi tiempo! Eso sí, a
la hora de trabajar no escatimo ni un átomo de mi esfuerzo y me entrego
en cuerpo y alma. No me gusta regalar nada a la empresa, ya que ella no me
regala nada a mí, por eso soy puntual, muy puntual tanto para entrar como
para salir. Dicen que soy una persona peculiar ¡Sí, lo soy! Soy amable
con quién debo y antipático con quién quiero ¡No me gusta lamerle el
culo a nadie y que nadie me lo lama a mí! Pero la fijación que Daniela
había logrado inculcar en mi mente estaba haciendo de mí un pelele que
era capaz de ir tras de ella aunque me había despreciado ¡Sí,
despreciado! El hecho de no contestar a mi llamada ha sido un acto de
descortesía, pero no me importaba en absoluto ¡Daniela tiene que ser mi
amante! Aunque tan sólo sea para corrernos una aventura. Hice un trabajo
que urgía, pronto llegó la hora de entrada, todos y cada uno de los
empleados iban haciendo su aparición en el despacho, traían las caras de
los lunes. Algunos llegaban hasta sus puestos de trabajo por pura rutina,
pero eso no es lo que importa. Lo importante era llamar a Daniela:
-¡Electrónica
tal... dígame!
-Buenos
días, me pasa con
la Sra.
Daniela
directora de sistemas.
-Sí
¿De parte de quién?
-Dígale
que soy Roberto el del avión.
De
nuevo me dijeron que estaba reunida, que no se podía poner en esos
momentos y que no me preocupara, que le pasarían el encargo. Esta vez les
dije que era muy urgente y que esperaba su llamada allí, en mi despacho.
Pasaron las horas y Daniela no llamaba. Y como es normal en mí, volví a
insistir:
-¡Electrónica
tal... dígame!
-Buenos
días, me pasa con
la Sra.
Daniela
directora de sistemas.
-¡Lo
siento, se acaba de marchar!
-Señorita,
es muy urgente ¿Me puede dar el teléfono de su móvil?
-No
señor, lo tenemos totalmente prohibido ¡Lo siento! No le puedo ser útil.
Todos
los intentos fueron fallidos, intenté todas las estratagemas para lograr
que la recepcionista me diera el número de teléfono, la dirección de su
domicilio o una dirección de correo electrónico ¡Nada! Todo fue en
vano. Visto que por los medios habituales de interrogación no lograba éxito
alguno, utilicé el ingenio y me serví de una chica que conozco que
trabaja en la administración de la seguridad social en la sección de
seguros sociales de empresas. Le facilité el nombre de la empresa, y el
cargo que desempeñaba Daniela y en cuestión de minutos me facilitó su
dirección exacta. Le di las gracias por su diligencia y raudo me puse
manos a la obra para lograr un número de teléfono que correspondiera a
esa dirección ¡No tuve problemas en encontrarlo! Le llamé:
-¡Sí,
dígame!
-Buenas
tardes, me pasa con Daniela.
-¿Señor,
qué Daniela? En esta casa hay cuatro mujeres que se llaman así.
-Con
la directora de Sistemas, le llamo de la empresa donde ella trabaja ¡Le
tengo que comunicar algo muy importante!
-Un
momento por favor.
Estaba
nervioso y expectante de oír si
la Daniela
que se ponía al teléfono era la que yo deseaba. Después de unos
minutos, cuando estaba a punto de colgar el teléfono se oye:
-¡Dígame! ¿Qué es lo que ocurre?
Cuando le contesté y le dije que era Roberto, se quedó cortada sin
saber que decir, pero que no cortara la comunicación era un buen augurio
de receptividad, en voz muy baja me dijo que en ese momento no podía
hablar y me citó en un restaurante para vernos esa misma tarde.
Llegué al restaurante del céntrico y conocidísimo centro comercial de
la ciudad. Era un lugar tan concurrido que pasaríamos desapercibidos. Las
siete en punto, Daniela hizo su aparición, estaba bellísima ¡Qué
decir! Cuando se percata en el lugar en el que estoy sentado se dirige
hacia mí andando de una forma elegante y sensual ¡Todo en ella me parece
divino! Llevaba puesta una camisa blanca de satén y falda de tubo color
gris y calzaba unas sandalias de tacón alto que dejaban al aire los dedos
de los pies, eso me hizo recordar sus esculturales pantorrillas y sus
tobillos perfectos. No se que me ocurría con esa zona de su cuerpo que me
hipnotizaba. Aunque la parte superior no era de despreciar, la camisa con
dos botones abiertos dejaba adivinar el sujetador de encaje de color
haciendo juego, sin dudas llevaría una lencería sexy, sexy como lo es
ella. Empecé imaginármela en ropa interior, la lencería no sólo era
sexy era excitante, tuve que desviar mis pensamientos o mi deseoso pene
empezaría a tomar medidas no deseadas en ese momento. Me levante a
saludarla:
-Hola Daniela ¿Cómo se encuentra?
-Yo
bien ¿Y Usted?
Hice el amago de saludarla dándole unos besos en la mejilla, pero
ella se retiró y me ofreció la mano. Aunque normalmente no me pongo
nervioso, en ese momento lo estaba al verla ante mí:
-¿Qué quiere tomar?
Una naranjada dijo con voz un poco agria. La notaba un poco a la
defensiva, por lo que intuía no me iba a ser tan fácil como pensaba el
convencerla de irse a la cama. La camarera llegó con las bebidas
solicitadas y nada más retirarse:
-Roberto, estoy muy enfadada. Si no he contestado a ninguna de sus
llamadas es por que no quería verle, comprenda que estoy casada y que soy
muy feliz a mi manera con mi esposo ¡Me pone en un compromiso! Me tomaré
la naranjada y me marcharé para no volverle a ver jamás ¡No lo tome a
mal! Es Usted una persona muy amable y bien parecida, pero le repito que
estoy casada y no quiero tener ninguna aventura.
Aquella contestación me dejó descolocado, no esperaba esa reacción
tan directa y desfavorable por parte de Daniela, tanto en cuanto todavía
no le había explicado lo que pretendía ¡Supongo lo imaginaba! Reaccioné:
-Daniela,
déme una oportunidad ¡Estoy enamorado! Si no quiere una aventura, concédame
un fin de semana ¡Iremos a París!
-Es
usted un descarado ¡Adiós muy buenas!
Se
levantó con energía y cabreada, se marchó sin mediar más palabras. Me
quedé allí plantado y con una cara de rechazado que era digna de ver.
Hasta la camarera se dio cuenta del percance, la llamé para pagarle:
-Son 12 euros ¡Tenga la cuenta!
-¿Le
hace gracia?
-¿Qué,
señor?
-El
que me hallan dejado aquí plantado ¡Compuesto y sin novia!
La chica no volvió a contestar nada al respecto, escribió algo en
su bloc de notas, recogió el dinero de la consumición, arrancó una hoja
del bloc y doblada por su mitad la dejó encima la mesa mirándome
fijamente a los ojos:
-¡Gracias por su visita señor!
Quedé gratamente sorprendido por el enunciado de la nota,
“termino a las diez y el número de teléfono”. En mis 48 años de
vida nunca me había pasado una cosa tan extraña y agradable a la vez, el
que una chica de no más de 25 años te deje una nota citándote ¡Es un
privilegio para un yayo! (Yayo = abuelo, viejo, mayor, caduco...) En ese
momento estuve tentado de esperarla para pasar un rato con ella. Pero puse
los pies en el suelo y pensé que esa joven chica no podía querer otra
cosa de mí que sacarme el dinero, era demasiado mayor ¡Podría ser su
padre! No obstante yo también le escribí una nota con mi número y
disculpándome diciendo que hoy no podía salir.
Ya en casa no dejaba de pensar en Daniela, la fijación se estaba
convirtiendo en una obsesión. De nuevo empecé a dejar libre mi imaginación,
le veía en el fondo de la sala de estar, me la imaginaba con la lencería
sexy que llevaba puesta, y cuanto más la imaginaba, más la deseaba ¿Nunca
me habían dado una calabaza tan gorda? Me sentía herido en mi orgullo,
aunque pensándolo bien estaba casi cantado el que me mandara poco más
que de paseo. El que no me llamara es lo que denotaba. Suena el teléfono:
-¡Hola!
¿Quién es?
-Soy
la chica que le ha dado el número de teléfono. Le llamo para decirle que
me hubiera encantado tomar algo con usted esta noche ¡Qué rabia que la
tenga ocupada!
-Lo
siento, es que mañana salgo para Copenhague muy temprano de viaje ¡Otro
día será!
-¿Cuándo
nos podemos ver? ¡Por cierto, me llamo Penélope!
-Encantado
Penélope, Roberto para servirte en lo que desees. El viernes vuelvo de
viaje.
Durante la conversación mantenida con Penélope, de mi cabeza desapareció
la obsesión por Daniela. No sé si eso era bueno o malo, lo que si sé es
que necesitaba olvidarla y Penélope era una buena excusa para hacerlo.
Los días que estuve de viaje, aunque estaba necesitado de estar con una
mujer me contuve y me reservé para la cita que fijamos para el viernes a
las diez treinta que es la hora en la que ella termina su turno en el
restaurante. Habíamos quedado en mi casa, estaba impaciente de que
llegara el día ya que la cosa prometía. Pensando en Penélope salí de
compras para llevarle un regalo de esta ciudad, paseando por las tiendas
no sabía que comprarle hasta que me encontré un establecimiento de
lencería femenina ¡Idea! Por qué no comprarle un conjunto de braguitas
y sujetador sexy ¡Es atrevido! Pero supongo que no se molestará. Entré:
-¡Buenas
tardes!
Pobre
de mí, entre en la tienda y olvidé que no estaba en Madrid, como el
idioma danés no es mi fuerte me dirigí a la dependienta en inglés ¡Tuve
suerte! Ella también lo hablaba y me pude entender con ella. Me dejé
aconsejar y le compré lo que ella me aconsejó, un conjunto completo de
lencería sexy excitante, pero el problema llegó a la hora de decirle de
qué talla era la chica en cuestión. Por fortuna en la tienda había una
chica que aproximadamente tenía la figura que recordaba de Penélope. La
dependienta sacó las cajas correspondientes y la introdujo en una bolsa:
-Póngalo en una caja y envuélvalo para regalar ¡Le dije en inglés!
Así
lo hizo, pagué y me marché al hotel para descansar ya que al día
siguiente tenía que madrugar para coger el avión de vuelta.
Sigue
Denominación de la RAE
de Género
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