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Pantorrilla
de mujer (I) El Viaje

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Datos ténicos |

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| Título: |
Pantorrilla
de mujer (I) El viaje |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Daniela |
| Actores: |
Daniela,
Roberto, Benito. |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Erótico |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
Relato
A
Daniela la conocí durante el viaje hacia una convención de temas de
ingeniería electrónica digital en el año 2006, más concretamente el día
26 de mayo. Era una mañana espantosa, lluvia, viento y tormenta sin
cesar. Coger un taxi era una proeza, todos iban llenos o simplemente no
paraban, así estuve durante más de diez minutos, ya cabreado y fuera de
sí, entre en el hotel para que me pidieran uno, les dije el destino. Fue
un acierto, nada más pedirlo el taxi hizo acto de presencia en la puerta
del hotel. Paró bajo la marquesina y el conserje me abrió amablemente la
puerta ¡Qué sorpresa! Sentada en el lado izquierdo al fondo tras el
conductor, unas hermosas piernas se divisaban:
-¡Perdone
señora! Se han equivocado de taxi.
-¡No!
No es una equivocación. Yo voy al mismo lugar que usted y me ha
preguntado el chofer si podía recoger a un pasajero. Pase, no se quede ahí
mojándose.
Entré
en el taxi sin dejar de mirar a sus piernas, concretamente a sus
pantorrillas estilizadas a las que acompañaban unos tobillos para mí
perfectos adornados con una tobillera de oro, los pies no les podían
desmerecer, enfundados en unos zapatos de tacón de aguja dejaba entrever
la juntura de sus dedos en el empeine ¡Quedé como hipnotizado! Entonces
ella dijo:
-¡Hola,
me llamo Daniela! ¿Cómo se llama usted?
-Roberto
¡Mucho gusto!
Ella
no lo sabía, pero era tanto el gusto que me había dado el conocerla que
sin no trataba de relajarme, cuando llegara al lugar de destino no podría
bajarme del taxi ¡Es de risa! Pero me había provocado una erección
espectacular. Empecé una conversación e intenté olvidarme de sus
piernas, la erección fue remitiendo y a la llegada pude bajar sin miedo a
ser descubierto. Todo el tiempo que permanecimos en la convención
estuvimos charlando, a la salida fuimos a comer y durante ella estuvimos
conociéndonos, ella siempre era quien llevaba la iniciativa:
-¿De
donde eres Roberto?
Esperando
mi respuesta, se llevó un trozo de lubina a la boca, lo saboreaba con
exquisito placer al tiempo que con sus preciosos ojos marrones miraba
fijamente a los míos:
-Soy de Madrid ¿Tú de dónde?
Una vez hubo terminado de saborear tan delicioso manjar, formó un
bolo y lo tragó, apto seguido bebió un poco de agua. Tomó en sus
cuidadas manos la servilleta y con delicadeza secó sus carnosos labios:
-¡Qué
casualidad! Yo también soy de Madrid.
Prácticamente
ni la escuchaba, no me importaba de donde era, lo que me importaba es como
era. Durante toda la comida la estuve observando e imaginando como serían
sus piernas. Decidí a los postres el intentar ligármela, aunque de hecho
en el fondo estaba convencido que era ella la que me estaba ligando a mí:
-¿Cuando
vuelves para España?
-Mañana
en el vuelo 375 de Iberia que sale a las once de la mañana.
-¿Qué
casualidad? Yo también me marcho mañana en ese mismo vuelo.
Una pregunta llevo a la otra, nos fuimos conociendo poco a poco. Al
salir del restaurante el día seguía lluvioso, cogimos un taxi para
regresar a nuestros respectivos hoteles. Nos despedimos con un tímido
hasta mañana:
-Adiós
Daniela hasta mañana, que pases buena noche. Nos vemos en el aeropuerto.
Mi plan de ligármela se volatilizó al saber que era casada, ella
me dejó bien claro que no quería nada conmigo. Frustrados los deseos de
explorar su cuerpo dieron paso al aburrimiento. Me fui a la cama y estuve
toda la noche pensando en ella y en lo sucedido, me percaté de que me
estaba haciendo mayor, los mensajes emitidos por ella me parecieron un
intento de querer hacer conmigo algo más que comer en el restaurante ¡Sin
dudas me equivoqué! Menos mal que no hice el ridículo, ya que me di
cuenta antes y di marcha atrás en mi pretensión.
Alas
7 de la mañana me despertaron desde recepción como les había dejado
encargado, y al tiempo me dieron un mensaje de parte de Daniela diciéndome
que no llamara a ningún taxi, que ella pasaría a buscarme con el suyo e
iríamos juntos al aeropuerto. Así lo hice, a las 8 la esperaba en la
puerta del hotel. A las 8 en punto como si de ella dependiera, el taxi
hizo su aparición ¡Qué puntualidad! El conserje muy amablemente abrió
la puerta y llevó mi equipaje hasta el maletero, me despedí de él dándole
una buena propina:
-¡Hasta
la próxima Benito!
-Adiós
Sr. Roberto ¡Que tenga buen viaje!
Conozco a Benito desde hace más de 45 años, más concretamente
desde que íbamos a la escuela con tres añitos ¡Cuánto tiempo! El
tiempo pasa que no se da uno cuenta, y la vida da tantos tumbos, que en
cualquier parte del mundo te puedes encontrar con personas conocidas ¡Qué
cabeza la mía! Me he olvidado por completo de Daniela ¡Ya lo digo yo, me
hago viejo!
Entré
en el taxi y allí, Daniela esa preciosa mujer me volvía a deleitar con
sus hermosas piernas. Esta vez me ofrecía gran cantidad de muslo al
descubierto, no sé si por motivo de descuido, debido al tamaño de su
vestido o simplemente por pura provocación ¡De nuevo alucinas Roberto!
Acuérdate que ayer te dejó bien claro de que no quería ninguna clase de
romance contigo ¡No seas tonto! Que después sufrirás de desamores.
Despierto de mis pensamientos y le digo:
-¡Buenos días Daniela! Permita que le diga, sé que está fuera de
lugar, pero si no lo digo estaré todo el día inquieto ¡Está usted espléndida!
-Gracias
Roberto ¡Fuera de lugar! ¿Por qué?
Se
acercó y me dio un beso de saludo en la mejilla, al que yo contesté con
otro casi rozando sus labios. La cosa prometía ¿Qué mujer actúa así
si no quiere ligar? Al separarse abrió ligeramente sus piernas. Le pude
ver por unos instantes sus braguitas de color blanco y de una tela casi
transparente ¡No la mires! No es el momento de ponerse en posición de
campaña. Al percatarse de su desliz, cerró las piernas y se estiró la
falda hacia abajo y comenta:
-¡Perdone
mi descuido Roberto!
-¡Perdone
usted mujer! No lo he podido evitar, mis ojos se han clavado en su
entrepierna.
Daniela me tiene desconcertado, no sé si me está tirando los tejos
o es que ella es así de espontánea ¡La verdad, con esas pantorrillas se
puede ser lo que se quiera! El viaje hasta el aeropuerto lo realizamos
casi sin dirigirnos la palabra, pero si con muchos intercambios de
miradas. Llegados al aeropuerto una vez terminados los trámites de
embalaje de equipaje subimos al avión, Allí en
la Terminal
Daniela
me confesó que tenía un tremendo miedo a volar y me pidió que tratara
de sentarme a su lado para así hacerle el viaje más llevadero:
-¿Se sentará a mi lado Roberto?
-Si
puedo convencer a la persona que le toque a su lado ¡Sin duda lo haré!
Por suerte o por designios del destino, la persona que le tocó
sentarse al lado de Daniela era una chica joven, y la persona que le tocó
junto al mío, un chico de casi igual edad, le propuse cambiar de lugar
una vez explicado el problema de Daniela y la chica muy amablemente sin
dudarlo intercambió el asiento conmigo:
-Gracias señorita con voz temblorosa le dijo Daniela.
-No
hay de qué contestó la chica ¡Dándole ánimos!
La película de la situación de Daniela no tenía desperdicio. Yo
hasta ahora en mis años de viajes en avión por todo el mundo me había
encontrado con personas a las que les daba miedo volar ¡Pero Daniela! Era
un caso aparte. Sentada en el lado de la ventanilla y yo a su izquierda,
fuertemente su mano izquierda agarrada a la mía. La mujer temblaba como
un flan, cuando el avión empezó la maniobra de situación en la pista,
Daniela parecía haber entrado en un estado catatónico, asustado llamé a
la auxiliar de vuelo para ver que podía hacer:
-¿Se encuentra bien?
Después de varias veces realizada la pregunta, Daniela pudo
contestar diciendo que eso que le pasaba era normal que no nos preocupáramos
que cuando despegáramos se le pasaría. Pálida y fijamente mirando al
frente con la vista perdida despegamos, yo trataba de darle ánimos, pero
ella no reaccionaba. Empezaba ha estar asustado cuando un minuto
aproximadamente después del despegue dice con voz apagada:
-Roberto ya estoy recobrando el control ¡Abrázame por favor!
Como pude la rodeé con mis brazos la besé levemente en la mejilla
y la consolé todo lo mejor que supe, durante las siete horas que duró el
vuelo no deje de hablarle e intentar relajarla. Llegó la hora del
aterrizaje ¡Nuevamente paralizada! Tras aterrizar sin problema alguno el
aparato volador (avión) efectuó la parada correspondiente en
la Terminal
, fue no sentir el sonido de los motores y Daniela salir de su letargo. Ya
en
la Terminal
, antes de pasar por el control de aduana, me dio efusivamente las gracias
con un beso en la boca.
Estaba
fría ¡Helada diría yo! Como no podía ser de otra manera le recogí el
equipaje y lo puse en un carrito junto al mío y la acompañé hasta el
emplazamiento de su vehículo, repetidas veces me ofrecí para llevarla
hasta su domicilio, cosa que rechazó diciendo que estaba recuperada y que
lo podía hacer ella sola. Con un intercambio de tarjetas de presentación,
las gracias y un beso nos despedimos.
Han pasado dos semanas desde el encuentro con Daniela, no sé que
tiene esa mujer de especial, el hecho es que no se me va de la cabeza.
Estoy pensando en llamarla y quedar con ella para tomar un café. Ni
siquiera me importa el que esté casada, recuerdo sus pantorrillas y vivo
unas fantasías con ella indescriptibles.
Sigue
Denominación de la RAE
de Género
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