El último fin de semana

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Datos ténicos

La foto de vagina de joven, Patricia

Título: El último fin de semana
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Patricia
Actores: Patricia, Trinidad, Rosa
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Mi amiga Trinidad es un bicho de mujer, tiene 18 años recién cumplidos como yo, siempre estamos de bromas y somos muy infantiles, ella tiene un cuerpo de formas redondas, sin llegar a estar gorda, me saca 25 centímetros de estatura y es el doble de gruesa que yo, le gusta llevarme agarrada de la mano por la calle, las personas que nos ven preguntan si soy su hermana pequeña. Algún que otro despistado le ha llegado a preguntar si soy su hija ¡Lo pasamos bien, nos reímos! Este relato es la continuación del relato llamado “Culos de hombres y sus fotos” y “Culos de mujeres y sus fotos” Venga me dejo de cháchara:

Nos arreglamos un poco y partimos para el Centro de Diagnósticos Mentales. Durante el trayecto no hice otra cosa que pensar en lo hermoso del cuerpo de la Sra. Rosa, durante la corta sesión de fotos he experimentado una gran excitación que ha hecho que mis bragas estén mojadas, antes de salir he ido al cuarto de baño y me he secado, pero no me las he podido cambiar ¡Qué fastidio, voy mojada! Siempre llevo bragas de recambio para urgencias, pero no me he acordado de reponer las últimas que utilicé ¡Qué vergüenza! En unas horas mi vagina de jovencita olerá como las almejas de playa después de un día a la venta en la pescadería. Llegamos:

-¿Cómo crees que estará Trinidad? –Dice la Sra. Rosa-
-Yo creo que estará bien, que simplemente se le ha desbloqueado en su cabeza algo con referencia a la violación.

Cuando el Dr. Pérez ha hecho acto de presencia, he visto en sus ojos una mala noticia, espero que solamente sea una suposición. Se acerca, nos hace pasar a su consulta, siéntense por favor:

-Sra. Rosa, no sé como decírselo. Trinidad tiene un tumor en la cabeza que le oprime el riego sanguíneo de parte del cerebro. Es cuestión de días ¡quizás horas! el que fallezca.
-¿Está en coma, Dr. Pérez?
-No, está perfectamente en la sala de observaciones 4B. ¿Vamos a verla?
-¡Por supuesto! ¿Dr. Pérez, pueden hacer algo por salvarla?
-Nada Sra. Rosa. Si tratamos de hacerle cualquier clase de cirugía, moriría y además sufriendo. Durante estas horas irá recuperando la memoria y comportándose como antes, le durará una horas y vuelta al olvido.

Cómo en pleno siglo 21, nada se puede hacer para curar esta clase de tumores en la cabeza, la Sra. Rosa ha decidido llevarse a Trinidad para casa. Ha dicho:

-Dr. Pérez, ¿Es definitivo que nada se puede hacer para salvar la vida a Trinidad?
-¡Es definitivo! Lo siento, estoy apenado ¡Me faltan las palabras!

El Dr. Pérez verdaderamente se le ve afligido, son muchos años de tratar a una criatura tierna y simpática como es Trinidad, y aunque los médicos por regla general no se involucran en las vidas de sus pacientes, en este caso es diferente el Dr. Pérez la aprecia como si de una hija se tratara ¡He visto lágrimas en sus ojos! La Sra. Rosa dice:

-Dr. Pérez. Como no se le puede hacer nada, me la llevo a casa. ¿Sufrirá mucho cuando se acerque el momento?
-No Sra. Rosa, se quedará dormida y dejará de respirar y morirá placidamente.

El doctor nos ha dejado en la habitación 4B, su estado no le ha permitido entrar ¡Está llorando! Se ha ido para recepción para preparar el alta de Trinidad, que aunque no se pueda hacer nada, tiene que quedar el informe de lo sucedido bien redactado para que posteriormente no se le puede reclamar nada al centro, además la Sra. Rosa tendrá que firmar un documento en el que exonera de cualquier cargo al Centro de Diagnósticos Mentales. Entramos:

-Hola Trinidad ¿Cómo te encuentras cariño? 
-Estoy bien mamá, me han hecho muchas pruebas. ¿Estaré muchos días?
-No hija, ¿Dónde está tu ropa? ¡Vístete! No marchamos a casa ahora mismo.

Apenas si la puedo mirar a los ojos, los míos están lacrimosos y enrojecidos y tengo un nudo en la garganta que no me deja articular palabra, Trinidad en su lucidez y con una intuición fuera de lo normar dice:

-¿Qué te pasa Patricia? ¡No estés triste! No tengo miedo a morir. Ahora recuerdo que hemos sido amigas durante toda la vida, hemos sido muy felices. ¡No llores mamá! Pasemos el tiempo que me quede de vida riendo y pasándolo lo mejor que podamos, que nuestros últimos recuerdos sean de felicidad.

No me pude contener más y me abracé a ella llorando desconsoladamente, no se de qué manera, Trinidad sabe que le quedan pocas horas de existencia, lo sabe pero es fuerte y lo acepta ¡Ella sí! ¡Yo no lo puedo aceptar! No entiendo porque motivo hay personas que tengan que sufrir tanto ¿Qué ha hecho Trinidad para merecer esto? ¿Por qué ella, y no yo el día de la violación? Ese día me puse enferma, no la pude acompañar en el trayecto a casa. Mis llantos y mis recuerdos iban en aumento, no pude contener mi rabia y grité y grité desconsolada ¡No! ¡No! Repetidas veces, las enfermeras me tuvieron que sujetar, me dieron un calmante y poco a poco me relajé. Vamos:

-¿Estás mejor patricia? –Dijo la Sra. Rosa-
-Ya estoy más tranquila ¡Estoy mejor!

Con el llanto contenido salimos del centro tras haber firmado el alta. El Dr. Pérez nos despidió y le dijo a la Sra. Rosa que al acabar la guardia se pasaría por casa, dijo que si notaba algún dolor que se tomara unas partillas que le dio.

El camino de vuelta a casa lo hicimos en el más completo silencio, hasta que pasamos por una churrería que sirven chocolate caliente. Trinidad dice:

-¿Chica, os apetece unos churros con chocolate? 

Trinidad empieza a comportarse como siempre lo ha hecho, pero ahora creo que está fingiendo para no hacernos sufrir. Se está comportando como si nada pasara, no hace ninguna referencia al tiempo que le queda, ni siquiera ha preguntado por los resultados de las pruebas. Le digo:

-¿Tienes hambre Trinidad?
-Claro que tengo apetito, imagínate que duro más de un día, si no como me moriré de hambre.
-¡Eres fantástica! Te ríes hasta de tu propia muerte. ¡Venga me bajo yo! ¿Cuántos churros compro?
-Un cuarto de kilo y tres vasos de chocolate ¡Yo voy contigo!

La madre de Trinidad se quedó en el coche, no articulaba palabra alguna, en silencio lloraba por la mala suerte de su hija, desde el puesto de venta la observaba. Volvimos con los churros al coche y allí mismo, aparcadas lo tomamos entre risas y bromas, poco a poco Trinidad nos hacía olvidar lo que estaba sucediendo, terminamos y nos fuimos para casa, ya eran las 6 de la mañana. Todo era como increíble, no hacía más de 12 horas que Trinidad y yo empezábamos a darnos un masaje, y ahora estábamos esperando su muerte ¡Qué horror! Llamé a casa y les dije:

-Mamá, estoy en casa de Trinidad, me quedaré a vivir unos días en su casa. Necesito ropa interior y un par de chándal para cambiarme ¿Me los traes, sobre las 12?
-¿Estaréis levantadas?
-Si, lo estaremos. Se me olvidaba ¡Dile a papá que venga para despedirse de Trinidad!

Mi madre al decirle que mi padre viniera para despedirse de Trinidad, entendió sin decirle yo nada que algo muy grabe pasaba y se le apagó la voz, apenas la oí cuando por teléfono se despidió.

Antes de irnos a dormir me acordé que mis bragas se han secado en mi cuerpo, que mis bragas despiden un fuerte olor a sexo, orina y sudor. Trinidad en un gesto de broma al pasar por su lado, gira su cabeza y dice:

-Patricia, hueles... hueles... ¡Hueles a diablos! ¿Nos duchamos antes de dormir?
-Venga, Pero me tienes que prestar unas bragas tuyas de cuando eras pequeña ¿Tienes alguna?
-Tengo un montón.

Se dirigió hacia un cajón de la cómoda y me dio una braguitas de cuando tenía 12 años, me quedaban clavadas. Nos duchamos juntas y reímos las dos, estaba dispuesta a pasar las últimas horas junto a mi amiga de toda la vida. Me puse sus bragas y sin nada más en la parte superior nos acostamos. Me pidió que durmiera en su cama, me acurrucó entre sus brazos y así nos dormimos hasta que su madre nos despertó a las 11:30 que es la hora en que decidimos levantarnos. En esa misma posición no encontró su madre, acurrucadas, abrazadas. Despertamos, nos miramos y nos besamos en la boca como si de dos enamoradas se tratara, poco importó que estuviera viéndonos su madre. Nos aseamos y bajamos para desayunar, como mi ropa estaba sudada me dejo una bata de baño suya. Estaba ridícula, la bata me sobraba por todos los lados, pero estaba orgullosa de estar enfundada en una prenda que antes había acariciado el cuerpo de mi queridísima amiga. Suena el timbre de la puerta:

-Hola Ana, Hola Roberto –Les abrió la Sra. Rosa-
-¿Qué pasa, Rosa, cuéntanos todo por favor?

Al contarles lo que sucedía, los tres se echaron a llorar, mis padres quieren a Trinidad como si fuera su segunda hija. Mi padre le decía a la Sra. Rosa que cómo era posible que no hicieran nada por salvar la vida de Trinidad ¡No lo entendía! Los tres abrazados en el sofá lloraban desconsolados. Trinidad les observaba y pasados unos minutos, sonriendo, riendo dijo:

-Orden, ¡Orden en la sala! Desde este mismo instante no quiero ver a nadie más llorar en esta casa. No sé qué tiempo de vida me queda, pueden ser dos días o simplemente unas horas, me da exactamente igual, el resto de mi vida lo quiero pasar entre vosotros que sois mi familia, riendo y lo más feliz que pueda. Sé, lo sé, Es muy difícil lo que os pido ¿Pero no creéis que sería angustioso estar todo el día llorando? ¡Estoy en lo cierto! Quiero que me prometáis que no lloraréis más por mí. ¿Lo prometéis?
Sí –Contestamos todos casi al unísono-

Trinidad se estaba comportando como la persona más valiente del mundo ante una situación de muerte anunciada. En ese momento todo decidimos besarla y despedirnos de ella y no volver a hablar más del tema. Fue un momento angustioso el vernos a todos llorar, incluida Trinidad, lo hizo y entendió que sería la última vez que lo haría, ¡Que lo haríamos! ¡Se lo habíamos prometido! Una vez todos le habíamos besado para despedirnos Trinidad con su típica risa dice:

-Mi queridísima mamá, mamá y papa de mi más que fiel amiga, este será un fin de semana sin duda que recordaréis. Ya me habéis prometido que no volveréis a llorar. Ahora quiero pediros una cosa.

He mirado fijamente a los ojos de Trinidad y he visto en ellos el brillo ¡No, el último brillo! Le noto cansancio en su habla. Como ha podido ha terminado:

-Quiero que seáis siempre amigos y que no olvidéis a mi madre para que no se sienta nunca, nunca sola ¿Lo prometéis?
-Sí. –Hemos contestados todos con un nudo en la garganta-

Se ha tumbado en el sofá, ha extendido sus manos para que la sujetemos, nos ha mirado a los ojos, ha cerrado lentamente los suyos y con una plácida sonrisa a las 12:15, alas doce y cuarto de la mañana se ha sumido en un sueño infinito.

Han pasado tres semanas y no logro apartar de mi mente la voz, la risa, el aroma, su forma, su manera de ver la vida ¡Trinidad está en mí, la echo de menos! Estoy sumida en la más profunda de las depresiones. Estoy segura de que mi querida amiga desde donde esté, estará viéndome y estará cabreada al observarme así, lo sé ¡No lo puedo remediar! 

Todos los días voy de visita a casa de Trinidad y paso unas horas con Rosa, que ahora es mi madre adoptiva. Mis padres los fines de semana la invitan a pasarlos con nosotros para que en ningún momento se encuentre sola. Pero está triste, muy triste. Desde el día que enterramos a Trinidad ha cogido la baja en el gabinete de abogados en el que trabaja, al igual que yo está nadando por los mares, por los mares ¿Del por qué? Aunque yo en estos momentos de hundimiento no le sirvo de mucho, todos los días la visito, ella lo agradece, pero en cuanto me ve se echa a llorar desconsoladamente.

¿Continuará...? Depende de si puedo salir del pozo en el que he caído, miro hacia arriba y lo veo oscuro. ¿Trinidad estás ahí? ¿Por qué te han hecho dejarme?.

 

*-*-*

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