No logré convencerla

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Datos ténicos

Viaje al fondo del mar, no la pode convencer.

Título: No logré convencerla
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Luisa
Actores: Luisa, Peter
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Literario 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Hace algo más de 27 años que decidí introducirme en el mundo del buceo con escafandra autónoma. Ya practicaba la pesca submarina a pulmón libre, pero un compañero de trabajo me fue introduciendo el gusanillo contándome las excelencias de la práctica del buceo con botellas de aire comprimido (algún día os contaré las aventuras de este compañero de trabajo, las langostas y yo).

El muy malandrín me contaba de lo excitante que era echar un polvo a 25 metros de profundidad, que era algo indescriptible, me convenció y me di de alta en su club de buceo donde se impartían los cursos de capacitación.

Después de realizar las clases prácticas de técnicas y seguridad, realizar prácticas en piscinas soportando toda clase de putadas por parte de los profesores, putadas para que supieras reaccionar si te quedabas sin aire bajo el mar. Pasamos a las prácticas en puerto, posteriormente en mar abierto y por último el examen. Todo fue muy excitante, tenía tantas ganas de tener el carné de buceador que los días parecían semanas. ¡Pero al fin llegó!

Señor... es usted desde ahora buceador deportivo. ¡Qué alegría! Ahora sólo quedaba convencer alguna mujer que practicara tu misma afición y que además quisiera hacer real mi fantasía.

Yo en esas fechas era de lo más lanzado, había una chica, no tan chica pero lo parecía tenía una fisonomía muy joven (después me enteré que contaba 35 años de edad, que estaba casada, que era doctora y que su marido estaba allí), celebramos una comida todos los de club, en esa comida corrió en la mesa de todo menos agua (tengo que aclarar que íbamos en autocar y que el conductor no bebía) la cosa estaba caliente, y yo con aquella edad hacía lo que veía, ellos bebían yo bebía...

Como esa chica me pareció adecuada para mí, me acerqué donde estaba sentada, me posé y rodillas al suelo parecía que le fuese a pedir matrimonio, cogí su mano izquierda, ella espantada durante unos segundos me dejó hacer (pensé que mujer más comprensiva, me está dejando que le diga lo que quiero), empezó mi petición:

¿Quieres hacer conmigo el amor bajo el agua? La mano que yo le agarraba no la movió, no hizo por soltarse. ¡Qué suerte, es la primera mujer que me hace caso! ¡Caso! Con la mano derecha que es la que tenía libre me soltó tal bofetón, que no perdí el conocimiento de puro milagro. Suerte tuve que todos estaban más que alegres, el marido no se dio ni cuenta, ella no hizo ademán de llamarlo pero con la vista me lo presentó, era un armario que nos daba la espalda, debía medir 190 centímetros de altura y 95 kilos de peso, se le adivinaba super en forma.

Les puedo asegurar que me dolió más el ridículo ante ella que el dolor físico de tan bestial y por lo visto merecido tortazo. ¡Yo sólo quería quererla!

Tengo tan mala suerte que fui a hablar con la única persona que estaba en su sitio. Esa misma semana, cuando la vi en el club me acerqué hacia ella que estaba en la barra y le dije Luisa... Antes de que dijera ninguna otra palabra me dijo hola cómo estás te presento a mi marido. ¡Tierra trágame! El armario era realmente su marido, Alan te presento a mi marido Peter. Se da la vuelta y se empiezan a reír como posesos. El armario de dos puertas no era otro que la persona que me había introducido en el arte del buceo. Nos reímos todos juntos, no se reían conmigo, ¡se reían de mí! No te preocupes, se lo he contado todo y el me ha dicho quien eras, te pido disculpas por haberte pegado tan fuerte. Te pasaste un poco con la petición, y a continuación me suelta, yo lo he hecho muchas veces a 25 metros de profundidad... En ese momento me di cuenta de que mi compañero no era un “fantasma” que me decía la verdad. ¡Qué envidia!

Desde ese día estoy intentando encontrar una mujer para que sea mi compañera y que además le guste el buceo. No la he encontrado ¿Quieres serlo tú, amiga visitante?

En mi descargo os diré que desde que supe que esa joven doctora era esposa del compañero de trabajo, cada vez que la veía le proponía que lo hiciera conmigo bajo el agua del mar, nunca accedió. Pero a mí morro no me faltaba. Nuestras vidas laborales se separaron y no les volví a ver, cada vez que me acuerdo me sonrío ¡Qué narices, me río! ¡Seré animal! ¡Qué diablos, la chica lo valía!

 

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