Mi madre se traga mi semen

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Datos ténicos

Piernas con pantalón corto

Título: Mi madre se traga mi semen 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Lorenzo
Actores: Lorenzo, Madre
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

La frase que mi madre pronunció, “No lo es hijo. Verás cuando tú pruebes mis jugos. ¡Cambiarás de opinión!”  Me dejó pensando, si con aquella edad se podía pensar. ¿Qué es lo que pretendía mi madre? ¿A qué jugos se refería? Yo en las clases de sexualidad había aprendido muchas cosas, pero esa no la sabía. Mi corta edad y la ignorancia hacían que me preguntara si las mujeres eran capaces de eyacular como nosotros los hombres.  

Una vez que hubo rebañado hasta la última gota de semen que había recogido en la copa la depositó en la mesita de la sala y dijo:  

-Hijo, estaba riquísimo. En cuanto puedas quiero que la vuelvas a llenar.

-¿Tú crees que la podré volver a llenar?

-Sí hijo, con lo joven que eres, y con las cosas que te haré para excitarte, tus testículos volverán a crear una nueva eyaculación, ¡No tardarás mucho!  

Sin dejar de bailar y contornearse, aquella hermosa y excitante mujer se bajo el vestido hasta su posición inicial, se calzó los tacones y se dirigió hasta donde estaba yo sentado. Al sentir su proximidad, mi pene palpitaba, si seguía así parecía que volvería a poder llenarle la copa de tan preciado líquido. ¡Pero no, no se acercó con la copa! Parecía que querer recogerlo directamente del surtidor, ¡del excitado pene! Así sucedió, se arrodilló ante mí, he introdujo mi pene suavemente en su boca. Con la lengua empezó a rodear el glande, no necesitó mucho esfuerzo. Mi inexperiencia hizo que de nuevo le soltara un buen chorro de semen, ¡todo se lo tragó! Sin ni siquiera sacar el pene de su boca consumió todo lo que expulsé, y durante unos minutos siguió succionando. ¡Fue una experiencia inolvidable! Todo iba bien hasta que a mi madre decidió sacar mi erecto pene de su boca y se dirigió a la mía para besarme. Grité:  

-No mamá, ¡qué asco!  

Creo que no había terminado de decir la palabra asco, cuando mediante una tremenda arcada vomité todo lo que había consumido durante la fiesta. Dejé su bonito vestido todo impregnado. Llorando le dije:  

-Lo siento mamá, no lo he podido evitar. Besar tu boca recién acabada de tragar mi semen me ha dado mucho asco, ¡ya te lo dije!  

-No lo sientas hijo, cada uno reacciona de diferente forma a las fantasías. Verás como te acostumbras y disfrutas del placer de los fluidos, tanto seminales como vaginales.  

Toda manchada, el suelo lleno de lo que mi estómago había rechazado y con un olor nauseabundo. A mi madre no se le ocurre otra cosa que volverme a besar. De nuevo una gran arcada y nuevamente toda vomitada. Esta vez creo que hasta recibió algo en el interior de su boca, ¡es repulsivo! Se levantó y dijo:  

-Veo que eso de besar a tu madre te da un poco de asco. Tendremos que tener paciencia contigo. Vete al cuarto de baño, aséate y cámbiate de ropa. Yo mientras tanto limpiaré todo esto para que mañana no huela a rayos y centellas. Siento que no te haya gustado mi regalo de cumpleaños, ¡me siento triste!

-No mamá, no te sientas triste, me ha gustado mucho ver tus piernas y sentir la suavidad de tu boca acariciando mi pene, ¡de verdad no estés triste!  

Como me había ordenado mi madre, me duché y me cambie de ropas, me coloqué el pijama ya que era casi la hora de ir a dormir. Cuando regresé al salón, mi madre había limpiado el vómito, el resto de las cosas las dejó para que las quitara al día siguiente la chica que venía para hacer las cosas de casa. Enchufé la televisión para distraerme hasta que regresara mi madre. Mi pene estaba totalmente encogido, con mi corta edad, pero dándome cuenta de lo que me había perdido, estuve casi a punto de echarme a llorar. Llegó mi madre:  

-¿Te encuentras bien Lorenzo?

-Sí, ya estoy bien mamá. –Le dije con lágrimas en los ojos-  

Mi madre tenía el pelo algo mojado y lucía por vestimenta una simple camiseta que le llegaba por encima de las rodillas y calzada con unas zapatillas planas. Se sentó justo a mi lado y sin decir palabra, reposo su húmeda cabeza sobre mis piernas a la altura de los muslos, alzó sus pies y los colocó encima del sofá. En esa posición estuvimos viendo un programa de variedades hasta que una chica salió algo ligera de ropa:  

-¿Te gustaría verme así vestida?

-Por supuesto mamá.

-¡Espera unos minutos, ahora vuelvo!  

La velada no había terminado, mi madre parecía estar dispuesta a seguir dándome el regalo que se había propuesto para el día de mi cumpleaños. Cuando volvió casi pierdo el conocimiento. Sólo llevaba colocados un sujetador y unas bragas, las dos piezas casi trasparentes y de minúsculo tamaño y calzada con unas sandalias de tacón alto. Estaba preciosa y muy excitante:  

-Veo en tus ojos que te ha gustado. Me he equivocado en la estrategia al seducirte para ofrecerme como regalo. ¿Qué es lo que te gustaría hacerme?

-¿Sea lo que sea mamá?

-Lo que tu quieras, soy tu regalo.  

Empezó a bailar y a contornearse y acariciarse como lo había hecho anteriormente. No sabía donde mirar, todo lo que veía me gustaba, sus pechos, su sexo visiblemente depilado, y sobre todo sus pies tan excitantes adornados con esas sandalias de tacón, ¡Estaba divina!  

-Me gustaría... ¡No sé si decírtelo!

-Pide hijo, soy tu regalo. Imagínate que soy una bruja y que te puedo conceder todos los deseos, ¡no te prives!

-¡Vale mamá! Me gustaría descalzarte y besar cada centímetro de tus pies.

-Vaya, me ha salido fetichista el niño. ¿Es lo que te gusta? ¡Cuando quieras! ¿Qué debo hacer?  

Le pedí que se sentara en el sofá y me arrodillé para descalzarla con lentitud y suavidad. Mi pene crecía de tamaño por segundos. Besé sus pies por toda su superficie, hasta introduje sus dedos en mi boca, a lo que mi madre dijo:

-¿Esto no te da asco Lorenzo?

-No mamá, tienen un sabor muy exquisito y hace que me excite sobremanera. Estoy apunto de correrme, ¡prepara una copa! Te la llenaré de semen.

-¿Estás seguro, no volverás a vomitar?  

Seguí chupando sus pies, bajé mi pijama y calzoncillos y saque mi erecto pene a punto de estallar, mi madre lo sujetó con su mano izquierda y con la derecha recogió la copiosa eyaculación en la copa. Sentía tanto placer que estaba a punto de desmayarme. Dije:  

-Mamá bésame.

-¿Seguro que no te dará asco de besarme? No tengo ganas de volver a limpiar vómitos.

-¡Lo prometo mamá!  

Mi madre sonriendo pero con precauciones empezó a besarme, lentamente hasta que se dio cuenta de que realmente ya no vomitaría. La sensación de sentir sus labios y su legua rozando por cada recoveco de mi boca, estaba provocando en mí una nueva eyaculación. Como sabía del placer que sentía mi madre con mi semen le dije que nuevamente iba a eyacular:  

-¿Otra vez? Eres como un manantial, ¡ese es mi chico!  

Con esa segunda eyaculación hice que la copa almacenara una apreciable cantidad de semen. Me senté en el sofá y le dije que lo paladeara y que al final me pasara un poco de su boca a la mía. Estaba dispuesto a realizar ese esfuerzo por ver a mi madre feliz. Así lo hizo, cuando se había tomado casi la totalidad de semen con su boca me paso un poco volviendo a introducir su lengua en mi boca, ¡lo pude aguantar! Me costó pero lo hice. Hice feliz a mi madre y ella me hizo feliz a mí. Durante el resto de la noche seguí pidiendo. ¡Ya pueden imaginar! Eso puede que lo explique alguna vez.

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