Tengo 53 años recién cumplidos, hace algo
más de un año, el que fue mi esposo durante más de 26 falleció de un
paro cardíaco. Con 51 años me quedé sola, no he tenido hijos. No
tengo problemas económicos dado que teníamos negocios que he
liquidado, el líquido conseguido sumado a la saneada cuenta que
teníamos da para vivir cómodamente varias vidas. No me puedo quejar,
no he pensado en contraer matrimonio nuevamente. Con el que fue mi
marido durante todo ese tiempo, disfruté del sexo de manera muy
convencional y de vez en cuando, nunca me quejé, el se puso enfermo al
poco tiempo de casarnos y nunca le exigí más de lo que él por sí,
solo me daba. Debido a la enseñanza que recibí en un colegio de
monjas, el simple echo de tocarme mis genitales para autosatisfacerme me
hacía pensar en que hacía algo malo y fuera de lugar. Me enseñaron
que el sexo hay que hacerlo con el marido y basta. Por lo tanto:
Ahora me encuentro sola en una gran casa,
aburrida ya que no trabajo y constantemente pensando en el sexo. Soy una
mujer muy religiosa y no quiero faltar a los mandamientos de la Santa
Madre Iglesia. Hoy he ido a confesarme, le he explicado al párroco lo
que me ocurre y la solución que me ha dado es que me busque un buen
hombre y que contraiga matrimonio. Esa solución la descarto, no me
apetece un hombre, solamente me apetece masturbarme, empiezo a creer que
el hecho de masturbarse no es ningún pecado. Es una forma de aliviar el
deseo físico de sexo. Ya de vuelta de la iglesia he pasado por delante
de una tienda nueva que han montado en una calle cerca de donde vivo. Me
he quedado mirando el escaparate, tanto los hombres como las mujeres que
pasaban me miraban como un bicho raro. La verdad es que soy una mujer
chapada a la antigua, y visto muy recatada y encima voy de luto. Me
decido, desde ahora mismo voy a cambiar mi vida, entro en la tienda y al
fondo un dependiente y a la derecha una dependienta de unos 30 años. Se
acerca la chica y dice:
-¿Desea usted algo, Señora?
-Si... Verá... Es que...
-Señora tranquila, si no tiene experiencia y no sabe lo que quiere.
Déjeme que yo le aconseje. ¿Está usted casada?
-Soy viuda.
-¡Vale, ahora sé lo que desea! Primero le voy a recomendar que lea
este pequeño librito que yo misma he escrito ¡Se lo regalo! Ahora le
recomiendo se compre este vibrador y este otro y este lubricante con
efectos dilatador y afrodisíaco, coja estos paquetes de baterías para
los vibradores. Con esto tiene usted bastante para empezar, le aseguro
que cuando le saque provecho a esta compra nos volveremos a ver.
¡Muchas gracias por su compra!
-Gracias, ha sido usted muy amable aconsejándome.
La chica de la tienda se debe estar aún
riendo de ver una vieja como yo comprando semejantes artículos. Los
consoladores tienen una longitud y un grosor considerables, miden 25
centímetros de largo y 4 de grueso. Mi marido tenía un aparato muy
pequeño, aunque tenerlo grande no le hubiera servido para nada.
Cuando he llegado a casa, lo primero que
he hecho es quitarme la ropa de luto, me he quedado en enaguas
sujetador, medias y zapatos. He ido al armario para ponerme la ropa más
atrevida que tenga, tras mucho mirar me he dado cuenta de que me he
convertido en casi una monja de clausura, todos los vestidos que tengo
dan pena, largos y de colores apagados, horrorosos. He girado mi cabeza
y me he visto reflejada en el espejo del armario. Por primera vez en mi
vida me doy cuenta de que la he desaprovechado, tengo 53 años y parezco
y visto como una vieja ¡Esto tiene que cambiar! Ahora mismo me marcho a
comprar ropa moderna.
Sin pensarlo un momento, me vestí y fui
al centro de moda más cercano. Compré de todo lo que se puso por
delante, vestidos de los colores más alegres, unos transparentes, otros
cortos y ajustados. Medias de seda, pantys, zapatos de tacón y bragas
de varias formas y telas. En definitiva, compré todo un vestuario
nuevo, pagué y le dije a la encargada del establecimiento:
-¿Pueden llevarme todo lo que he
comprado a mi domicilio?
-Si señora, en 30 minutos lo tiene todo en casa.
Entraba por la puerta de mi chalet cuando
llegaba el furgón de reparto, descargaron todo lo que me había
comprado y lo llevaron hasta mi dormitorio. Les di una buena propina,
los acompañe hasta la puerta de salida y me dispuse a probarme los
modelitos adquiridos.
Con la confesión, la compra en la tienda
de artículos de sexo y la compra de ropas me han dado las 3 de la
tarde, estoy tan nerviosa y decidida a cambiar de vida, que ni siquiera
tengo ganas de comer. Es la primera norma que romperé, desde ahora
comeré cuando me apetezca, no por narices a la una del mediodía como
lo he estado haciendo desde que me casé.
Nuevamente ante el espejo, me desnudo,
¡fuera todo lo antiguo que tengo! ¿Qué es esto? Toda roja y con un
gran calor en las mejillas saco fuerzas desde mi interior dirijo la
mirada a mi vagina, es demencial, ¿Cómo me he podido dejar tanto?
Hasta ahora no me había dado cuenta de lo espantosa que resulto, los
pelos de las piernas miden de 1 centímetro, 4 centímetros los del...
los del... ¡Qué coño! Los pelos del coño deben medir 15
centímetros, apenas si veo mi vagina. Me fui directamente al cuarto de
baño y miré por las cosas de mi marido, tuve suerte y encontré gel de
afeitar y un paquete de cuchillas desechables. Me enjaboné por todo en
cuerpo y empecé la ardua tarea de afeitarme, estuve casi hora y media
quitando pelo, me duché, apliqué una capa de crema hidratante por todo
en cuerpo. Volví al dormitorio:
Me miré al espejo y parecía otra mujer.
Me había quitado años, y muchos pelos de encima, hasta mi coño
resultaba apetitoso. Ya empiezo a decir al pan, pan y al coño, coño
¡Que coño! Tanta tontería, tanta hipocresía. Tanto miedo a ver las
zonas íntimas de mi cuerpo, como es mío, desde ahora lo miraré y lo
tocaré todo lo que me apetezca. Ya es tarde y empiezo a tener hambre,
me calcé con unos zapatos de tacón alto y como pude llegué hasta la
cocina para prepararme un bocadillo que me comí acompañado de una
copita de vino tinto de rioja reserva. El calorcito del vino hizo que
subiera la temperatura de mis mejillas, me puse otra copa y me la bebí
de una tirada.
Mi cuerpo empezó a reaccionar con deseo
llevé mis manos a mi vagina y noté que estaba chorreado, ¿era sudor o
mucosa vaginal? Orina sé que no es, pues no padezco hasta el momento de
incontinencia urinaria. Me llevo la mano hasta la altura de mi nariz y
la olfateo ¡Es un aroma penetrante! ¡Es excitante! Empiezo a estar
lubricada y deseosa de introducirme un aparato vibrador por la vagina.
Le echaré un vistazo al librito que me
ha dado esa simpática chica de la tienda de artículos de sexo. Bien
según dice: Lo primero que tengo que hacer es untar con la crema
lubricante para no irritar la zona a penetrar, que tanto puede ser la
vagina como el ano “que es el principio del recto en cristiano”
¡Ostras! ¿Por el ano quiere esta mujer que me meta semejante aparato?
Bueno... si ella lo dice, y además lo escribe, será cierto que se
puede meter.
Veamos... ¿Cómo se le ponen las pilas?
¡Es fácil! Lo pongo en marcha, ¡Qué sensación más relajante!
Armados los vibradores con sus cargas correspondientes de baterías me
dispongo a iniciar la masturbación, esto de masturbarse con dos
vibradores debe ser un a cosa fuera de serie.
Tumbada en la cama, en la espalda una
almohada para estar cómoda, las piernas separadas lo más que puedo y
las rodillas flexionadas, tumbada frente al espejo del armario me
permite que tenga una visión fantástica de la totalidad del coño
¡Venga María! Cojo el bote de lubricante y vierto un poco en mis dedos
índice y corazón y me lo aplico por la vagina ¡Qué sensación de
calor! Con el bote aplico un poco a la altura de mi clítoris, que sé
que existe porque lo aprendí furtivamente en el colegio, me froto
suavemente por toda la zona, aplico un poco al vibrador y como dice el
libro paso su punta por mis labios vaginales desde abajo hacia arriba
hasta llegar al clítoris. Repito esta operación hasta estar bien
excitada, las vibraciones hacen que casi me orine de gusto, pero consigo
aguantarme. Ahora introduciré el otro vibrador por la vagina como si
fuera un pene. Con un poco de miedo pero con mucha excitación lo
introduzco hasta el fondo, en su viaje desde la entrada de la vagina va
rozando las paredes vaginales que al tiempo van produciendo la mucosa
vaginal, el vibrador al llegar al final de la vagina, hace que se
estremezcan mis entrañas. Dentro, fuera y así repetidas veces y todo
lo lento que puedo. Al final lo dejo introducido en su totalidad y
apoyado sobre la cama. Con el otro froto mi clítoris hasta conseguir
con la masturbación el orgasmo más intenso que nunca jamás había
experimentado. En la cama ha quedado un gran charco de mucosa vaginal
mezclada con sudor y algo de orina ¡Ha sido exuberante! Y he sentido un
placer indescriptible ¡Qué divertido masturbarse con dos vibradores!
Desde ese día no dejo de masturbarme y soy muy feliz.
Desde que cambié de estilo de vida, soy
una mujer diferente, moderna, cuidada físicamente y muy elegante. Más
de un hombre me ha tirado los tejos pero no estoy por la labor. Sin
embargo si que estoy interesado en una mujer algo menor que yo,
intentaré ligármela. Me he convertido en una adicta a la masturbación
con dos vibradores, y hasta lo he probado con tres. La introducción del
vibrador por el ano fue difícil ¡Lo conseguí! Ahora ya entra como
Pedo por su casa. Algún día lo contaré...