|
Durante
años espié a mis padres cuando hacían el amor. Cuando
practicaban el sexo como era natural ellos estaban concentrados
en lo que hacían, no se daban cuenta, pero yo desde la habitación
los podía ver a través del agujero de una puerta que
comunicaba ambas habitaciones. La puerta en cuestión siempre
estaba cerrada a cal y canto, ¡creo que ni exista la llave!
Supongo que los antiguos inquilinos practicaron el agujero para
espiar lo que ocurría en la habitación contigua, ¿pero quién
espiaba a quién? Eso ahora no importaba, lo cierto es que yo
disfrutaba al ver a mis padres hacer cosas de las que había
visto en películas porno. Hacían de todo, la verdad que de
sexo hay pocas cosas que no les haya visto hacer. Pero lo que más
me sorprendía era ver el tamaño que alcanzaba el clítoris de
mi madre, ¡no exagero! Pero cuando ella dejaba de frotárselo,
parecía un verdadero pene. Por lo menos le medía
10 centímetros
, hasta he llegado a creer que mi madre era una verdadera
hermafrodita.
Por
desgracia para nosotras, mi padre ha dejado de existir hace unos
días, yo he intentado consolar a mi madre pero ella se ha
encerrado en banda. No deja que me acerque a ella, rechaza mis
mimos, y no acepta mis caricias. Por las noches ya cansada de
tanto llorar, se mete en la cama y se masturba sin cesar, ¡eso
es bueno! Significa que aunque hecha de menos a mi padre, también
hecha de menos la excitación que le produce la masturbación de
su zona clitoridiana. Cada día que pasa, deseo más y más
poder practicar el sexo con ella, ¿qué mal le puede hacer? A mí
desde luego ninguno.
Cada
día que pasaba estaba más excitada, estaba deseando que un día
tuviera las defensas bajas, ese día intentaré meterle mano a
mi madre. Hasta ahora me resistía a reconocer que me excitaba
viendo a mi madre disfrutar del sexo con mi padre, no era el ver
a mi padre, era el verla a ella. Ahora me estoy dando cuenta de
que me gustan las mujeres, siento algo muy especial al mirarlas,
y quién mejor que mi madre para debutar como lesbiana. Si no me
hace caso, se lo diré abiertamente para ver si de ese modo
accede a que le acaricie ese clítoris que está haciendo que
pierda el sentido.
Han
pasado cuatro semanas desde que mi padre se marchó, mi madre
parece ir recuperándose poco a poco. Pero sigue ignorando mis
carantoñas, y cuando me acerco a ella huye como si del la peste
se tratara, ¿qué le puede ocurrir? Yo mientras tanto me
masturbo cuando ella lo hace, ¡eso no es plan! ¿Por qué no
hacerlo juntas? No dejaré pasar ni un día más.
Hoy
al terminar nuestra jornada laboral nos hemos reunidos para
cenar, es lo único que hacemos juntas. De hecho durante todo el
día nos vemos a penas dos horas. Desde la muerte de mi padre
nos estamos distanciando. Esto no puede seguir así allá voy:
-¿Mamá,
cómo te ha ido el día?
-Muy
bien, ¿Ha qué viene ahora esa pregunta?
-Ya
veo que sigues enfadada, ¿Todavía te dura mamá?
-¡No
sé qué narices dices! ¿A qué enfado te refieres?
-No
lo sé, ¡tú sabrás! Debes de estar enfadada conmigo por algo
que sin darme cuenta he hecho, ¡dímelo y te pediré perdón!
-No
quiero discutir, ¡ahí te quedas, me marcho a la cama!
-Adiós
mamá, espero que algún día se te pase esa animadversión
hacia mí. ¡Si he hecho algo malo, lo siento!
Ella
sabrá qué es lo que le ocurre, mientras tanto, como hoy es
viernes y me queda todo el fin de semana por delante, llamaré a
mi amiga Anastasia para que venga a pasar el fin de semana:
-¿Anastasia
eres tú?
-¡Joder
Paula! Siempre preguntas lo mismo, ¿no te acuerdas que vivo
sola?
-Perdona
chica, es que llevo muchas cosas en la cabeza y pensaba que aún
vivías con tus padres, ¡ya sabes! Tu voz y la de tu madre son
idénticas. Te he llamado para invitarte a que pases el fin de
semana en mi casa, ¿Te apetece?
-¡Lo
siento Paula! Ya he quedado con Raúl. Salimos en media hora
para Montecarlo.
-¿Qué
es lo que haréis en Montecarlo?
-¡Uff...
Carla, qué desinformada estás! Vamos para ver correr al campeón
de carreras de automovilismo, ¡sí, los fórmulas uno! ¿Es
español, sabes?
-No
lo sabía hija... bueno que te lo pases bien, ¡recuerda usa
preservativos!
-¡Cómo
eres Paula! Sabes que utilizo las píldoras, pero de todos
modos, gracias por tu consejo. Que tú también te diviertas, ¡adiós
guapa!
Hoy
todo me está saliendo mal. Anastasia se marcha a Montecarlo, mi
madre no me quiere ni ver, ¿qué puedo hacer? Ir a la discoteca
no me apetece, ¡ya lo sé! Llamaré a Pepe, que cuando no hay
pan buenas son las tortas... ¿dónde tengo el teléfono? Aquí,
está es la agenda que me salvará. Marco el 93... ¡No
contesta! Sí, parece que sí:
-¡Sí,
dígame!
-¿Quién
eres tú?
-¿Cómo
que quién soy yo? Soy la dueña de la casa.
-Perdón,
me he debido de equivocar.
Me
estoy dando cuenta que a pesar de mi educación exquisita en
escuelas religiosas, día a día me estoy convirtiendo en una
persona de lo más maleducadas. Hablo a las personas de tú,
cuando ni siquiera las conozco, ¡eso no es lo que me han enseñado!
Debe de ser el estrés que últimamente llevo. Prometo desde
ahora mismo enmendarme y hablar correctamente con todo en mundo.
¡Me he debido equivocar! Volveré a llamar:
-¡Sí
dígame¡
-Hola
Pepe, ¡soy Paula, qué alegría! Acabo de llamar hace un
momento a tu teléfono y me he equivocado. Ha contestado una
chica y por un momento he creído que ya no me eras fiel.
-Me
temo que así es, hace más de seis meses que me casé. Hace un
momento has hablado con mi mujer, ¿no recibiste la invitación?
-No...
¡Joder tío! Me has dejado helada, ¿Tú casado? Pero si eres
el tío más crápula que existe, ¿cómo has hecho esa tontería?
-Cosas
que ocurren, Elena se quedó embarazada y no tuve más remedio
que casarme. ¡No la podía dejar en la estacada!
-Eso
está bien, ¡cuánto has cambiado! Antes te importaba un pito
dejar preñada fuera a quién fuera, ¡además presumías de
ello! Me alegro que hayas cambiado, me alegro por Elena, ¿por
cierto, es
la Elena
que yo conozco?
-Sí
Paula, es Elena tu más odiada enemiga.
-¡Será
zorra! ¡Dile que se ponga!
-Pi,
pi, pi,...
El
muy cretino me ha colgado, ¡le volveré a llamar! Y lo voy a
poner a parir, ¡ostras! He hecho una promesa de hablar bien y
cada vez lo hago peor. Pero es que no lo puedo remediar cuando
me dicen algo de esa zorra, ¡me subo por las paredes! Fue ella
y no otra quién echo nuestra relación a perder con sus
provocaciones. Ahora verá:
-¡Sí
dígame!
-¿Pepe,
por qué me has colgado?
-No
he sido... pi, pi ,pi,...
La
pedazo puta, ¡perdón! La pedazo de prostituta cuelga el teléfono,
no deja a Pepe que hable conmigo. Lo dejaré estar, que sean
felices, aunque en el fondo de mi corazón espero y deseo que no
duren juntos más de un año, ¡seré malvada! Me olvidaré de
Pepe, revisaré la agenda a ver si tengo suerte y encuentro a
alguien que me haga pasar una divertida noche de viernes.
Empezaré por la a, ¡Este está bien! Recuerdo que me lo lamía
muy bien:
-¡Sí
dígame!
-¿Anacleto,
eres tú?
-¿Sí,
quién eres tú?
-Soy
Paula, ¡me entristece, que no reconozcas mi voz!
-¡No
sé quién eres, no lo recuerdo!
-Soy
Paula, aquella chica que te follabas todos los viernes al salir
de la discoteca.
-¡Lo
siento, pero no te recuerdo! Pi, pi, pi,...
Ya
veo que hoy no es mi día, ni mis antiguos amantes me recuerdan,
¡qué triste! Hace unos años me sobraban los pretendientes,
Ahora no soy capaz de encontrar uno que quiera simplemente
hablar conmigo. Seguiré insistiendo hasta que alguno se digne
venir hasta mi casa. Benito, ha este le gustaba a rabiar:
-¡Hola,
soy Benito! En estos momentos no estoy en casa, si desea dejarme
algún mensaje, ¡no lo dude! Hágalo a partir de pitido, aunque
le aseguro que no le contestaré jamás. Piiiiii...
-Benito,
¡como siempre con tus bromas! Si estás ahí, coge el teléfono,
soy Paula.
-¡Hola
Paula, qué alegría! ¿Te ha gustado el mensaje?
-Sí,
en tu línea como siempre. ¿Oyes, te gustaría venir esta noche
a mi casa?
-¿Para
qué?
-¿Tú
para qué crees? ¡Para cazar mariposas no¡
-Lo
siento Paula, pero esta noche hay lluvia de polvos de estrellas
y no me las pierdo ni por el mejor coito del mundo. ¡Adiós
hermosa, que empieza la lluvia!
-¡Adiós,
tú te lo pierdes!
Este
por lo menos no me ha colgado. Tiro la toalla, no tengo ganas de
hablar con nadie más. No tengo más remedio que ver la película
porno de la tele. Si me gusta hasta podré tener una sesión de
masturbación.
Iré
a la cocina y me haré una buena bandeja de palomitas, veré la
película y ahogaré mis penas con unas cervezas, ¡no es lo
mejor, pero es lo que hay! Bueno, pero si hay luz en la cocina,
¿qué estará haciendo mi madre?
-¿Qué
te pasa, no puedes dormir?
-¡A
ti qué te importa!
-¡Qué
agresiva que estás! Pero me da igual, seguiré hablándote
aunque tú no lo desees. Llevas un camisón traslúcido que te
queda precioso, ¡a contra luz, se ve todo!
-¡Haz
lo que desees!
-¡Joder
mamá! Parece que haya tenido la culpa de que papá muriera. Lo
que pasó fue una coincidencia. Yo tan sólo le dije que me
apetecía tomar churros con chocolate, ¿qué culpa tengo yo del
accidente? ¡Yo también le quería sabes!
-¡Lo
sé hija lo sé! Tienes que perdonarme pero estoy pasando por
una mala racha.
-No
tengo nada que perdonarte mamá, ¡te entiendo! Voy a ver una
película porno, ¿te apetece verla conmigo?
-Paula,
no cambias, cada día que pasa eres más desvergonzada, ¡soy tu
madre!
-Ya
lo sé, ¿te da vergüenza?
-Sí
hija, me resulta violento. No creo que sea un género de película
para que vean juntas una madre y una hija.
-¡Vale
mamá! ¿Qué género te gustaría ver? La alquilo por teléfono.
-Una
película de terror, ¡son las que a mí me gustan!
-¡Joder
mamá, qué gustos que tienes! Ahora mismo la alquilo y la
vemos, espera que haga palomitas y pasaremos una agradable
velada de cine, me encanta que se te haya pasado el enfado, ¡dame
un beso!
-Si
hija, se me ha pasado el enfado, pero me volveré a enfadar si
sigues diciendo palabras feas.
-¿Te
refieres a la palabra joder?
-Sí
a esa hija.
-Pero
si la palabra joder no deja de ser una expresión para demostrar
enfado, irritación o asombro. Pero no te preocupes mamá, si no
te gusta no la volveré a decir.
Estaba
claro, que mi madre había dado un cambio en su manera de
actuar, con la conversación distendida que habíamos tenido. Ya
estaba preparada para intentar convencerla que hiciera el amor
conmigo. Mientras hablábamos hice las dichosas palomitas,
palomitas que por cierto me salieron riquísimas. Nos dirigimos
a la sala de estar. Ella iba delante con la fuente llena de las
palomitas, yo detrás con unas cervezas bien frías. Miraba su
trasero que tras el camisón vislumbraban unas bragas de color
negro, ¡me derretía por tocarlo! Me arriesgaré a ver que
pasa:
-Siéntate
mamá, siéntate aquí a mi lado. ¿Entonces qué, vemos la película
porno que es gratis?
-¡Vale...
venga veamos la dichosa película porno! Pero si después me
pongo colorada no te rías de mí, ¿De acuerdo?
La
declaración de paz fue todo un éxito, mi madre sentada junto a
mi lado con su camisón de fina tela con su muslo izquierdo
rozando el mío derecho, ¡me encantaba esa situación! Allí
estábamos las dos frente al televisor esperando a que
terminaran los anuncios publicitarios para que pusieran la película:
-Mira
mamá, ya empieza. ¡Qué chicas más espectaculares! Veo que la
cosa va de lesbianas, ¿te gusta?
-Si
te digo la verdad, en este momento me gusta ver más a chicas
desnudas que a chicos, así no me acordaré de tu pobre padre
que en paz descanse. ¿Paula, a ti te gustan las chicas?
-Como
normalmente se dice: Mamá, me encanta que me hagas esa
pregunta, voy a ser sincera. Nunca me han gustado, pero desde
hace unos meses no pienso en otra cosa que en practicar el sexo
con una mujer, ¿y qué mujer mejor que tú?
-¡Jolines
nena! Cada día que pasa me sorprendes más y más. ¿Qué han
sido de todos tus novios?
-Me
he cansado de todos ellos, ¡no les soporto! Debe ser cosas de
las hormonas, ya he disfrutado tanto de ellos que empiezo a
aborrecerlos.
-Hija,
no sé si yo te podré servir. Nunca he practicado el sexo con
nadie que no fuera tu padre. Con él he hecho de todo, pero con
mujeres, ¡nada! Pero como veo que estas empeñada en que sea yo
la primera, ¡empecemos por besarnos!
-Estoy
alucinando, ¿harás eso por mí? ¡Eres genial mamá!
|