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Mi
amiga Trinidad es un bicho de mujer, tiene 18 años recién
cumplidos como yo, siempre estamos de bromas y somos muy
infantiles, ella tiene un cuerpo de formas redondas, sin llegar
a estar gorda, me saca 25 centímetros de estatura y es el doble
de gruesa que yo, le gusta llevarme agarrada de la mano por la
calle, las personas que nos ven preguntan si soy su hermana
pequeña. Algún que otro despistado le ha llegado a preguntar
si soy su hija ¡Lo pasamos bien, nos reímos! Este relato es la
continuación del relato llamado “Culos de hombres y sus
fotos” Venga me dejo de cháchara:
Mientras que esperábamos la llegada de su madre, la ayudé a
que se vistiera, y estuve hablando con ella, le noté en un
grado de lucidez total para su edad, ya no se le observaba como
si fuera una adolescente, sus contestaciones y preguntas eran
las de una persona formada y acorde con su edad. Llaman a la
puerta:
-Patricia, la madre de Trinidad está aquí.
-Pasad, la puerta está abierta. Hola Sra. Rosa. ¡No se asuste!
No ha pasado nada, pero he creído oportuno llamarla al observar
en Trinidad un cambio de comportamiento.
-Gracias Patricia, has hecho lo correcto. Los médicos me tienen
dicho que si observamos un cambio repentino en su comportamiento
que la llevemos lo antes posible para hacerle un chequeo.
Durante el viaje hacia el Centro de Diagnósticos Mentales,
Trinidad no dejaba de hablar de lo que iba sucediendo a su
alrededor, lo comentaba todo con racionalidad, pero daba la
sensación de no acordarse nada de lo que había visto
anteriormente:
-¿Hija estás bien? ¿Te duele la cabeza?
-No mamá, no me duele nada. Solamente tengo que hacerte una
puntualización ¡Te llamo mamá porque me has dicho hija! No me
acuerdo de ti, tampoco de Patricia.
-¿Cómo sabes que me llamo Patricia?
-Porque la Sra. Rosa se ha dirigido a ti con ese nombre. No me
acuerdo de casi nada, simplemente hablo, sin saber lo que hablo
¿Digo muchas tonterías?
-No Trinidad, al contrario, todo lo que dices, lo dices
perfectamente. ¿Te acuerdas del masaje que nos dimos después
de la ducha?
No me acuerdo de nada Patricia, ¡Lo siento!
En el centro de diagnósticos fuimos atendidas por el Dr. Pérez,
que es el psiquiatra de Trinidad desde que fue violada. Dentro
de lo que cabe hemos tenido suerte, de no haber estado de
guardia el Dr. Pérez, estaríamos todo el fin de semana sin
poder hacer nada, al parecer los centros como este se bajan del
mundo los días de fiesta:
-¿Trinidad, te acuerdas de mí?
-En absoluto ¿Quién es usted? Por su pase de identidad veo que
es el Sr. José Pérez psiquiatra ¿Acaso estoy loca?
-No lo creo, además veo que te acuerdas de leer perfectamente y
hablas un perfecto castellano ¡No, no creo que lo estés! ¿Te
has golpeado la cabeza? ¿Has tomado alguna clase de droga?
-No que yo sepa Dr. Pérez.
El doctor después de realizar varias preguntas a Trinidad se
dirigió a la Sra. Rosa para que le contara que es lo que había
sucedido hasta que le hemos observado el cambio de
comportamiento y la Sra. Rosa ha dicho:
-Patricia, cuenta al Dr. Pérez lo que hacíais en el momento de
apreciar el cambio en Trinidad ¡Cuéntalo todo cariño!
Le he contado todo detalladamente al Dr. Pérez, y le he hecho
hincapié en que cuando le estaba dando crema por su zona
vaginal su cuerpo a reaccionado con una contracción y
continuación un suspiro, he seguido con el masaje y luego le he
preguntado si le había gustado, desde ese momento le empecé a
notar el cambio. Mis palabras exactas fueron:
Trinidad te toca darme un masaje ¿Te ha gustado el que yo te he
dado?
-Si Patricia, ¡Me he puesto cachonda!
Ella antes nunca hubiera contestado de una manera tan directa,
me hubiera contestado que sí, y hubiera soltado una carcajada,
siempre ríe mucho. Por ese motivo me preocupé, cuando me empezó
a dar el masaje actuaba como una persona diferente, todo lo que
hablaba era coherente correspondía con lo que hacía, eran
palabras sexuales que no vienen al cuento. Acabo:
-Dr. Pérez. Quiero que quede muy claro, nosotras no hemos
tomado nunca ninguna clase de drogas. ¡Ay, perdón sí! Alguna
que otra cerveza en las comidas sí, hoy solamente una horchata
fresca a las 3 de la tarde.
-Gracias Patricia por tu puntualización, era la siguiente
pregunta que te iba a hacer, es importante que lo hayas dicho.
No tengo nada más que preguntar.
El Dr. Pérez le ha dicho a la Sra. Rosa que le harían unas
pruebas para estar seguros de que no hay nada especial en su
cabeza, estos casos no son muy habituales pero a veces se dan
recuperaciones espontáneas debido a desbloqueos de venas o
simplemente al crecimiento. De momento no aventuremos nada:
-Sra. Rosa, tardaremos unas dos horas en tener los resultados de
las pruebas, les recomiendo que se vayan a casa y descansen,
luego vuelvan. Trinidad estará bien cuidada.
Ya eran las 9:30 de la noche, como no habíamos comido la Sra.
Rosa me dijo que fuéramos a comer a su casa. Dice:
-Patricia. ¿Te importa acompañarme? Me encuentro sola.
-Para nada Sra. Rosa. Pensaba hacerlo, luego quiero saber como
está Trinidad ¡Sepa que es mi mejor, mi única amiga!
Llamé a casa y les dije lo que estaba pasando, y que me quedaría
con la Sra. Rosa en casa y que luego volveríamos al Centro de
Diagnósticos Mentales para saber los resultados de la pruebas
realizadas a Trinidad y que desde allí les llamaría para
decirles lo que supiera. Oyes:
-¿Qué te apetece comer?
-Un bocadillo de queso y una cola, No tengo apenas ganas ¡Estoy
nerviosa!
Las dos comimos un bocadillo de queso con cola, estuvimos
charlando de todo lo sucedido, como observé que tenía ganas de
hablar:
-Sra. Rosa ¿Dónde está su marido?
-No tengo marido, Nunca he estado casada. Cuando tenía 39 años
conocí en una fiesta a un hombre y nos fuimos a la cama, por lo
visto el preservativo no funcionó como debía y quedé
embarazada y tuve a Trinidad.
-¿Se lo dijo a él, al padre de Trinidad?
-No, nunca lo volví a ver, nunca hice nada por encontrarlo, no
me interesaba la vida de pareja y decidí tener el bebe y
criarlo sola. ¡Creo que lo he hecho bien!
-Por su puesto, Trinidad es una chica muy bien educada. Sin duda
alguna lo ha hecho todo bien con ella.
Mientras hablábamos, la estuve observando, a pesar de sus 58 años,
la Sra. Rosa es una mujer muy apetecible, no parece tener más
de 45, está muy bien cuidada. La verdad es que ya quisiera yo
estar así a los 58. Como ya dije, no me importaría nada tener
una aventura con ella ¡Me encantaría! Sentada en el sofá y
ella frente a mí en un sillón, por primera vez me interesaron
sus piernas, al tenerlas cruzadas y debido al vestido que
llevaba, dejaba ver algo de sus muslos ¡No mucho sea dicho!
Pero eran... son preciosos, en mi mente empieza a rondar la idea
de:
-Sra. Rosa, Quisiera pedirle un favor. Tanto Trinidad como yo
estamos haciendo un trabajo para la escuela y necesitamos
algunas fotos de diferentes partes del cuerpo de mujeres y
hombres ¿Le importaría que le tomase algunas fotos?
-No patricia, con mucho gusto me dejaré fotografiar. Pero tengo
una duda ¿No habéis terminado ya el curso?
¡Tierra trágame que soy pequeña! La Sra. Rosa a diferencia de
mis padres se han dado cuenta de la mentira del trabajo ¿Qué
le digo ahora? Ya sé:
-Sí Sra. Rosa, ¡Es cierto, lo hemos terminado! El trabajo es
para la presentación en la universidad.
-¡Cómo cambia todo! En mis tiempos para ingresar no había que
presentar ningún trabajo. ¿Tienes cámara, quieres hacerlas
ahora?
-Siempre llevo mi cámara digital en mi bolso, es una costumbre
que adquirí desde que me la reglaron mis padres. Tenemos una
hora antes de irnos. ¿Empezamos?
-Cuando tú quieras ¿Qué debo hacer?
Ya la tengo en mis garras ¡Qué mala que soy! Empecé haciendo
algunas fotos de cuerpo entero ¡Es preciosa! Me pasan cosas por
la cabeza:
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