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EL OSO PARDO ESPECIE PROTEGIDA Y SU CAZA ESTA PROHIVIDA

 

Clasificación científica: los osos pardos forman parte de la familia de los Úrsidos, dentro del orden de los Carnívoros. Todos pertenecen a una sola especie. El oso pardo eurasiático se clasifica como Ursus arctos, el oso gris o grizzly como Ursus arctos horribilis y el oso Kodiak como Ursus arctos middendorffi. La subespecie mexicana extinta es Ursus arctos nelsoni. El oso pardo ibérico se clasifica como Ursus arctos pyrenaicus.

Desde 1973 la especie está protegida y su caza está prohibida.


El oso pardo se encuentra presente en la península Ibérica, en concreto en los Pirineos y en la cordillera Cantábrica. Se estima que quedan en España unos 80 osos repartidos en 3 núcleos de población aislados entre sí

Los machos de oso Kodiak son de los más pesados (más de 440 kg), mientras que los osos grises o grizzly que habitan hacia el interior no son mucho más grandes que el oso negro americano; los machos pesan unos 135 kg y las hembras unos 100.

El oso pardo, cuyo hábito de caminar, en ciertas oca siones, sobre dos patas a tal punto inflamó la imaginación de los pueblos, que hicieron de este animal un hermano en la mayoría de las religiones primitivas. Tras de haber vivido en todos los bosques europeos hasta la Edad Media , los osos se refugiaron er montañas más tranquilas, hasta que éstas dejaron de serlo. Se los encuentra en las regiones españolas de Asturias y León, los Pirineos francoespañoles donde, no obstante las medidas proteccionistas adoptadas; su número ha disminuido considerablemente menos de 100 ejemplares, los Alpes del este, los Abruzos, todo el norte de la península balcánica, la Turquía europea, Rumania, la U.R .S.S. y el norte de Escandinavia. Pero lo que le hace alejarse y desaparecer no es tanto la caza de que es objeto como la civilización: las carreteras, los turistas, los aviones, los helicópteros, los saltos de agua y los cercados le incomodan. Es un animal tremendamente celoso de su independencia; ni siquiera soporta la proximidad de sus congéneres, hasta el punto de que los machos no se reúnen con las hembras sino sólo unos días al año. Cada uno de ellos requiere un dominio inmenso, cuyos mojones están constituidos por los troncos de ciertos árboles, cuidadosamente marcados con raspaduras impregnadas de orina. A ello se debe que los osos domesticados o cautivos sigan siendo siempre muy peligrosos, cuando menos se piensa. Durante el invierno, los osos se retiran a guaridas más o menos bien cerradas, donde dormitan aguardando la llegada de la primavera. Allí es donde las osas dan a luz a su osezno, no mayor que un conejo.

El oso pardo pertenece a una raza presente en todo el mundo, salvo en África. Puede pesar hasta 350 kilos, en el este europeo, y sólo 230 en los Pirineos. Su pelaje va del pardo más claro al pardo más oscuro. La hembra es más pequeña y ligera, y los oseznos casi siempre llevan una mancha blanca en la pechera. Comen literalmente de todo: de carne de vaca o de cordero a truchas, de setas a miel silvestre, de frutas caídas a arándanos y de raíces a huevos de hormiga. Se pasean mucho, durante la noche, por el interior de sw dominio. Pueden correr tan deprisa como un caballo, con un curioso galope balanceado. Trepan a los árboles, en alguna que otra ocasión se ponen de pie ,y huyen, a la menor alerta, antes de que hayáis podido verlos. Un oso mejor aún, una osa sólo se irrita para defender a su osezno, o cuando se le cierra el paso. En cualquier otro caso, apenas es de temer un ataque no provocado por su parte. Salvo, también, si se le ataca en invierno en su guarida, que era, antaño, el modo clásico de caza en los países del Este. En este caso, y si logra escapar, el oso, enfurecido y hambriento, puede hacerse temible. En, otro tiempo, el oso era muy buscado por los gastrónomos. En la primavera de 1968, dos de estos animales, sacrificados por el parque zoológico de Maubeuge, fueron despiezados y vendidos por carniceros de París.