Aquello que ningún parapsicólogo se atrevería a negar incluso entre quienes más desconfían de lo sobrenatural, es la existencia de un fenómeno telérgico incontestable: el Poltergeist, palabra alemana que significa el «espíritu alborotador». Sus manifestaciones son siempre las mismas: golpes en las paredes, objetos que se pasean por el espacio, muebles que se mueven, arrastrándose como pesados paquidermos, campanillas que tintinean solas, lámparas que se encienden y se apagan solas, un fenomeno constante: un soplo de frio en la avitacion, siluetas en la pared, lloros, gritos de dolor, todo esto son cosas increibles pero hay gente, que las a visto o les a ocurrido algo con un poltergeist. UNA HISTORIA DE POLTERGEIST. Hasta
que cierto día todo vuelve a estar tranquilo, con gran alivio para la policía.
Esta tranquilidad coincide, por lo regular, con el alejamiento de una o dos
personas que se encontraban en la casa « embru jada», o cerca de ella. Esto no
significa, en modo alguno, que todo aquel trastorno fuera provocado
voluntariamente por aquellas personas. Un capitán de gendarmería tuvo la idea
de recopilar los informes sobre dichos asuntos, redactados a lo largo de medio
siglo. Lo que más impresiona, cuando se leen dichos informes, es su monotonía,
así como la intervención constante del mismo «espíritu», el que parece presidir
dichas fantasías: un espíritu grosero, zumbón, aficionado a las bromas
vulgares. Recuerda a los manes antiguos o a esas larvas medievales, pobres almas
apenas capaces de cometer travesuras de niño mal educado. Un
ejemplo típico es el caso de una «farmacia embrujada», observado en 1930.*
Ocurrió en un departamento cercano a París: en el Eure. La gendarmería fue
alertada por un vecino de M.G.A., el farmacéutico, en cuya casa estaban pasando
«cosas increíbles...» El farmacéutico, hombre de unos 58 años, honrado, muy
equilibrado, explicó los hechos así: «El
jueves, día 19, en el laboratorio, un bote que contenía dos kilos de
naftalina, saltó de la estantería y, después de dar la vuelta a un mueble, se
hizo pedazos a dos o tres metros del lugar en que «lógicamente» hubiera
debido caer. Otro bote de litro, que estaba en el suelo, también «saltó» y
se rompió estrepitosamente. Un pequeño frasco de alcanfor en polvo, que tenía
al alcance de la mano, salió disparado como un proyectil, cruzó dos
habitaciones y se rompió contra una puerta, a unos seis metros del punto de
partida... Todos estos hechos parecían apuntar hacia la criada que estaba en la
habitación contigua. El sábado, día 21, el farmacéutico se trasladó a E.
Entre las cinco y las nueve de la tarde, la criada estaba limpiando la farmacia.
Mientras barría, a sus espaldas ocurrió el siguiente hecho: dos litros de
alcohol, varios paquetes y una balanza de precisión, que estaba colocada en un
estuche de cristal, «saltaron» de una estantería, sin que los tocara nadie, y
cayeron de una altura de un metro y medio. ¡Milagrosamente, no se rompió nada!
Parecía como si dichos objetos hubieran caído lentamente, sujetados a un
paracaídas. »El
jueves, día 26 -sigue explicando el farmacéutico-, dos embudos de cristal
salieron del armario y se rompieron en mil pedazos; un saquito de lactina también
salió proyectado hacia el suelo, y un mortero de mármol, que pesaba veinte
kilos, volcó junto con su pedestal. En la propia farmacia, un bote de Por
la noche, otro mortero y su mano saltaron desde un armario que estaba cerrado
con llave. El mortero quedó intacto, mientras que la mano fue pulverizada,
pese a que era de metal. Las
«bromas» -como las llamaba el farmacéutico- si- ` guieron produciéndose. Y
así hasta el martes, día 7. ¿Era ~ ello obra de la criada? No lo parece,
porque ese día el farmacéutico se encontraba con ella en la tienda, cuando
en el v ~ sótano, tras haber descrito en el aire increíbles piruetas, se ,~
estrellaron contra el suelo tres tazones, un mortero y dos embudos.
; «Un
guijarro cayó en el suelo. Yo lo recogí y lo deposité ~~ en su sitio. Entré
en la farmacia y en el acto el guijarro se ~ proyectó violentamente contra la
puerta de la tienda. Eliminé el guijarro, y eptonces todos los objetos que
estaban en el laboratorio: sombrero, zapatos, paraguas, monedero, diarios, se
pusieron a saltar, en particular mi sombrero, Un escabel, que estaba apoyado
contra un armario para impedir que se abriera la puerta, fue lanzado al otro
lado de la ~ habitación. Una silla, que estaba al lado del aparador, fue ;'
proyectada por los aires, y la criada, que se encontraba en ~ la habitación
contigua, la vio elevarse hasta una altura de dos metros...» En
fin, el hijo del farmacéutico se presentó en casa de su padre y decidió
llevarse la criada con él. Cuando ésta ya <; había preparado su maleta y
se disponía a marchar, el sombrero del farmacéutico se descolgó de la
percha del vestíbulo, alzó el vuelo y pasó rozando la cara del muchacho. Desde
que se marchó la criada ya no volvió a producirse , el menor incidente. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||